
Ésta es una fiesta de la Iglesia
que puede ayudarnos a aprovechar los frutos de la Pasión, Muerte y Resurrección
de Nuestro Señor Jesucristo. Ciertamente ya el día del Jueves Santo la Iglesia
conmemora la institución de la Sagrada
Eucaristía, pero en esos momentos el recuerdo de la muerte de Cristo quizás no
permitía en toda su plenitud los sentimientos de alegría de los cristianos por
el regalo inestimable que nos dejó el Señor, al imaginar el medio de quedarse
perpetuamente con nosotros.
Precisamente el Papa Benedicto
XVI en su Homilía del 23 de junio de 2011, durante la Misa de celebración de
esta fiesta nos recordaba que:
“El Corpus Christi es inseparable
del Jueves Santo, de la Misa in Caena Domini, en la que se celebra solemnemente
la institución de la Eucaristía. Mientras que en la noche del Jueves Santo se
revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros en el pan partido y en
el vino derramado, hoy, en el celebración del Corpus Christi, este mismo
misterio se presenta para la adoración y la meditación del pueblo de Dios, y el
Santísimo Sacramento se lleva en procesión por las calles de la ciudad y de los
pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y
nos guía hacia el reino de los cielos.

Lo que Jesús nos dio en la
intimidad del Cenáculo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de
Cristo no es sólo para algunos, sino que está destinado a todos”
Sí, Jesús está cerca del hombre
de muchas maneras, cada día, ayudándole en su caminar por la vida, pero sobre todo
está visible por la fe en el Sacramento de la Eucaristía, que Él instituyó
para estar siempre junto a la humanidad.
Sí, Jesús está presente en la
Eucaristía <no lo vemos, pero hay muchas cosas que no vemos y que son
esenciales. Por ejemplo no vemos nuestra razón, y sin embargo tenemos la razón.
No vemos nuestra inteligencia, y la tenemos. En una palabra no vemos nuestra
alma, y sin embargo existe y vemos sus efectos, porque podemos hablar, pensar,
decidir, etc.
Precisamente las cosas más
profundas, que sostienen realmente la vida y el mundo no las vemos, pero
podemos ver, sentir sus efectos…Tampoco vemos con nuestros ojos al Señor
Resucitado, pero vemos que donde está Jesús los hombres cambian, se hacen mejores…

Como aseguraba el Papa Benedicto
XVI (Ibid): “Se podría decir, del Corazón de
Cristo, que en la Última Cena, en víspera de su Pasión, Muerte y Resurrección,
dio gracias a Dios y, obrando así, con el poder de su amor, transformó el
sentido de la muerte hacia la cual se dirigía.
El hecho de que el Sacramento del
Altar haya asumido el nombre de <Eucaristía> (acción de gracias), expresa
precisamente esto: que la conversión de la sustancia del pan y del vino en el
Cuerpo y la Sangre de Cristo es fruto de
la entrega que Cristo hizo de sí mismo, donación de un amor más fuerte que la
muerte, Amor divino, que lo hizo resucitar de entre los muertos.
Esta es la razón por la que la
Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de vida. Del Corazón de Cristo, de
su <oración eucarística> en la víspera de su Pasión, brota el dinamismo
que transforma la realidad en sus dimensiones cósmicas, humana e histórica.

Todo viene de Dios, de la
omnipotencia de su Amor uno y trino, encarnado en Jesús. En este Amor está
inmerso el corazón de Cristo; por esta razón él sabe dar gracias y alabar a
Dios incluso ante la traición y la violencia, y de esta forma cambia las cosas,
las personas y el mundo”
Por seo, con esta fiesta del Corpus Christi la Iglesia vuelve cada año, al Cenáculo, lugar de su nacimiento, porque la Eucaristía establece una contemporaneidad, entre la Pascua del Señor y el devenir del mundo y de las generaciones.
Sí, en esta fiesta contemplamos
el rostro de Cristo, como hicieron los Apóstoles y, después, los santos de
todos los siglos en palabras del Papa Juan Pablo II (Homilía en la solemnidad
del Corpus Christi del 19 de junio de 2003):

“Lo contemplamos sobre todo,
imitando a María, <mujer eucarística> con toda su vida, que fue el primer
<tabernáculo de la historia>. Este es el significado de la
hermosa tradición del Corpus Christi, que se renueva esta tarde. Con ella
también la Iglesia que está en Roma manifiesta su vínculo constitutivo con la Eucaristía,
profesa con alegría que <vive de la Eucaristía>.
De la Eucaristía viven su Obispo,
Sucesor de Pedro, y sus hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; de la Eucaristía
viven los religiosos y las religiosas, los laicos consagrados y todos los
bautizados”
Así es, como también manifestó el
Papa Benedicto XVI en su libro <los caminos de la vida interior> (Ed.
Chrónica S.L. 2011):
“Si es cierto que los Sacramentos
son una realidad propia de la Iglesia peregrina sobre la tierra (Lumen Gentium.
Vaticano II), hacia la plena manifestación de la victoria de Cristo resucitado,
también es igualmente cierto que, especialmente en la liturgia eucarística, se
nos da a pregustar el cumplimiento escatológico hacia el cual se encamina todo
hombre y toda creencia”

Recuerda también el Santo Padre,
en su libro, la carta que San Pablo dirigió a los romanos, en la que de
forma clara manifestó, refiriéndose a este cumplimiento escatológico (o de los
últimos tiempos) de los seres humanos,
que toda la creación participa del destino de los hombres los hijos adoptivos
de Dios (Rm 8, 14-19):
“Porque los que son guiados por
el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios / Porque no recibisteis un
espíritu de esclavitud para estar de nuevo bajo el temor, sino que recibisteis
un Espíritu de hijos adoptivos, en el que clamamos: ¡Abbá, Padre! / Pues el
Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de
Dios / Y así como hijos también herederos: herederos de Dios, coherederos de
Cristo; con tal de que padezcamos con él, para ser también glorificados /
Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son
comparables con la gloria futura que va a manifestar en nosotros / En efecto,
la espera ansiosa de la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios”

Las palabras de San Pablo están íntimamente
relacionadas con ese destino final, que debería ser la felicidad eterna, siendo
el Sacramento de la Eucaristía la mejor ayuda para recorrer el largo y espinoso
camino de la salvación. Recordemos a este respecto las palabras del Señor:
<Yo soy el pan de vida, bajado del cielo>:
“Jesús se define <el pan de
vida> y añadió: <El pan que yo os daré, es mi carne para la vida del
mundo (Jn 6, 51).

¡Misterio de nuestra salvación!
Cristo, único Señor ayer, hoy y siempre, quiso unir su presencia salvífica en
el mundo y en la historia al sacramento de la Eucaristía. Quiso convertirse en
pan partido, para que todos los hombres pudieran alimentarse con su misma vida,
mediante la participación en el sacramento de su Cuerpo y su Sangre”
(Papa san Juan Pablo II; Homilía
en la solemnidad del Corpus Christi; 22 de junio de 2000)