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domingo, 28 de diciembre de 2025

MAESTRO: ¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?

En la parábola del *buen samaritano* el Señor nos explica que el *prójimo* es cualquier hombre necesitado de nuestra ayuda.Precisamente el Papa Benedicto XVI aseguraba a este respecto, al referirse a esta parábola (Jesús de Nazaret 1*Parte;la Esfera de los Libros 2007) que: "En el centro de la historia del *buen samaritano * se plantea la pregunta fundamental del hombre: *Maestro,¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?* (Lc 10,25)" San Lucas, en su Evangelio, narraba así lo sucedido al regreso de los setenta y dos discípulos que Jesús había enviado a evangelizar,los cuales venían llenos de alegría por las conversiones que habían conseguido y aseguraban que hasta los malos espíritus (los demonios) se rendian ante las enseñanzas de Jesús cuando las daban a conocer... Pero él Señor les advirtió con estas palabras ( Lc 10,20): *No os alegréis de que los espíritus se os sometan*; *alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo*
Y sucedió que en el mismo momento,Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo (Lc 10,21): *Yo te alabo, Padre,Señor del cielo y de la tierra,porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños.Sí,Padre,pues así te agrado* .Y más tarde, volviéndose hacia los discípulos les dijo aparte (Lc 10,23-24): *¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!//Pues os lo aseguro: muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis,pero no lo vieron,y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron *
En esto, se levantó un doctor de la Ley y dijo para tentarle: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?...El Papa Benedicto XVI aseguraba en su libro (Ibid) que este hombre:"Como doctor de la ley,conoce la respuesta que da la Biblia,pero quiere ver qué dice al respecto este profeta sin estudios bíblicos. El Señor le remite simplemente a la Escritura, que el doctor,naturalmente,conoce,y deja que sea él quien responda. El doctor de la Ley lo hace acertadamente,con una combinación de Deutoronomio (6,5) y Levítico (19,18): "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,y con toda tu alma,y con todas tus fuerzas y con todo tu ser.Y al prójimo como a ti mismo" (Lc 10,27). Sobre esta cuestión Jesús enseña lo mismo que la Torá,cuyo significado pleno se recoge en este doble precepto. Ahora bien, este *hombre docto*,que sabía perfectamente cuál era la respuesta, debe justificarse: La Palabra de la Escritura es indiscutible,pero su aplicación en la práctica de la vida, suscitaba cuestiones que se discutían mucho en las escuelas (y en la vida misma). La pregunta, en concreto,es:¿Quién es el *prójimo*? La respuesta habitual,que podía apoyarse también en el texto de la Escritura,era que el *prójimo* significaba *connacional*... Esto es,el pueblo formaba una comunidad solidaria,en la que cada uno tenía responsabilidades para con el otro, en la que cada uno era sostenido por el conjunto y,así,debía considerar al otro *como así mismo*,como parte de ese conjunto que le asignaba su espacio vital"
Y sigue diciendo el Papa Benedicto XVI en su libro (Ibid):"Entonces los extranjeros, las gentes pertenecientes a otro pueblo,¿no eran prójimos?. Esto iba en contra de la Escritura,que exhortaba a amar precisamente también a los extranjeros, recordando que Israel mismo había vivido en Egipto como forastero.No obstante,se discutía hasta qué límites se podía llegar;en general se consideraba perteneciente a una comunidad solidaria,y por tanto *prójimo *,sólo al extranjero asentado en tierra de Israel..." Había más circunstancias que impedía llamar a cualquier persona prójimo en Israel...Por eso, a esta pregunta tan concreta de *hombre docto*,Jesús respondió con la conocida parábola que trataba de un hombre que yendo camino de Jerusalén a Jericó, cayo en manos de unos bandidos que le saquearon y pegaron dejandole medio muerto al borde del camino (Lc 10,30-37).El Papa Benedicto XVI nos recordaba a este respecto en su libro (Ibid)que:"En su interpretación de esta parábola, Helmut Kuhn(uno de los teóricos de la ciencia más importante del siglo pasado)va más allá del sentido literal del texto y señala el radicalismo del mensaje cuando escribe: *El amor político del amigo se basa en la igualdad de las partes.La parábola simbólica del samaritano, en cambio,destaca la desigualdad radical:el samaritano, un forastero en Israel,está ante el otro,un individuo anónimo,como el que presta ayuda a la desvalida víctima de aquellos bandidos.La parábola nos da a entender que el *agapé*(Amor autosacrificante que cada ser humano debe sentir hacia los demás) traspasa todo tipo de orden político con su principio del *do ut des* (Te doy para que me des), superándolo y caracterizándose de este modo como sobrenatural..." Y desgraciadamente en los últimos siglos la humanidad no tiene un comportamiento así,verdaderamente sobrenatural, salvo en raras ocasiones...Por eso, seguía diciendo el Papa Benedicto XVI en su libro:
La actualidad de la parábola resulta evidente. Si la aplicamos a las dimensiones de la sociedad mundial, vemos como los pueblos explotados y saqueados de África nos conciernen. Vemos hasta que punto son nuestros *projimos*;vemos que también nuestro estilo de vida,nuestra historia, en la que estamos implicados,los ha explotado y los explota. Un aspecto de esto es sobre todo el daño espiritual que les hemos causado. En lugar de darles a Dios,el Dios cercano a nosotros en Cristo, y aceptar de sus propias tradiciones lo que tiene valor y grandeza, y perfeccionarlo,les hemos llevado el cinismo de un mundo sin Dios,en el que sólo importa el poder y las ganancias;hemos destruido los criterios morales, con lo que la corrupción y la falta de escrúpulos en el poder se ha convertido en algo natural. Y esto no soló ocurre en África...Son palabras del Papa Benedicto XVI, un gran teólogo y un hombre santo.Por ello, la pregunta que debemos seguir realizando, al menos los cristianos, es: ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?. Y la respuesta nos la dió nuestro Señor Jesucristo que murió en la Cruz por nuestra salvación.

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