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domingo, 26 de abril de 2026

SE HAN DE CONSIDERAR CON RIGOR LAS CONDICIONES ESTRICTAS **** DE UNA LEGITIMA DEFENSA MEDIANTE LA FUERZA MILITAR

En efecto,tal como podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica escrito en orden a la aplicación del Concilio Vaticano II (n*2309): "La gravedad de semejante decisión (de entrar en guerra)somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral.Es preciso a la vez: -Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duraciones,grave y cierto. -Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces. -Que se reúnan las condiciones serias de éxito. -Que el el empleode las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar.El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia la apreciación de esta condición. Sí, estás son las condiciones estrictamente necesarias que tradicionalmente,la Iglesia, ha considerado necesarias para asegurar que estamos ante una -guerra justa-.Ahora bien,la apreciación de de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común. Pero la Iglesia no se puede inhibir y dar su propia opinión sobre situaciones tan azarosas como las que existen en nuestros días ante la terrible posibilidad de caminar hacia una posible -Tercera guerra Mundial-...
El Papa Pío XII se vió implicado en un problema similar al que estamos sufriendo hoy en día y que desgraciadamente terminó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Este hombre santo luchó todo lo que pudo y más, para evitar tamaña desgracia,pero sus palabras no fueron escuchadas por los hombres que tenían por entonces el poder para evitarla...Él se expresaba así en su famosa Carta Encíclica: "Summi Pontificatus" (20 de octubre de 1939): "La salvaciónde los hombres,venerables hermanos,no nace de los bienes externos,no nace de las espadas (en nuestro caso sería de los drones y otras armas modernas) que pueden imponer condiciones de paz, pero no pueden crear la paz.Las energías que han de renovar la faz de la tierra tienen que provenir del interios de las almas.El orden nuevo del mundo que regirá la vida nacional y dirigirá las relaciones internacionales -cuando cesen las crueles atrocidades de esta guerra sin precedentes-,no deberá en adelante apoyarse sobre la movedizas e incierta arena de normas efímeras,inventadas por el arbitrio de un egoísmo utilitario, colectivo o individual, sino que deberá levantarse sobre el inconcluso y firme fundamento del derecho natural y de la revelación divina.
Es aquí donde debe buscar el legislador el espíritu de equilibrio y la conciencia de su responsabilidad, sin los cuales fácilmente se desconocen los límites exactos que separan el uso legítimo del uso del poder. Únicamente así tendrán sus determinaciones consistencia interna,notable dignidad y sanción reliligiosa,y no servir meramente para satisfacer las exigencias del egoísmo y de las pasiones humanas. Porque si bien es verdad que los males que aquejan actualmente a la humanidad provienen de una perturbada y desequilibrada economía y de la enconada lucha por más equitativa distribución de los bienes que Dios ha concedido a los hombres para el sustento y progreso de éstos, sin embargo, es un hecho evidente que la raíz de estos males es más profunda, pues toca a la creencia religiosa y a los principios normativos de la moral,corrompidos y destruidos por haberse separado progresivamente los pueblos de la moral verdadera de la unidad de la fe y de la enseñanza cristiana que en otro tiempo procuró y logró con su infatigable y benéfica labor la Iglesia. La reeducación de la humanidad,si quiere ser efectiva,ha de quedar saturada de un espíritu principalmente religioso;ha de partir de Cristo como fundamento indispensable, ha de tener como ejecutor eficaz una íntegra justicia y como corona la caridad...
Continuará...