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viernes, 6 de marzo de 2026
TODO CIUDADANO Y TODO GOBERNANTE ESTÁN OBLIGADOS **** A EMPEÑARSE EN EVITAR LAS GUERRAS (II)
Como podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica n*2308: "Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras. Si embargo, mientras exista el riesgo de guerras y falte autoridad internacional competente y prevista de la fuerza correspondiente, una vez agotados los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa"
En este punto cabria preguntarse: ¿que se entiende por *derecho a la legitima defensa*?. El Catecismo de la Iglesia Católica responde a esta pregunta así (n* 2309):
"Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una *Legitima defensa* mediante la fuerza militar.La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiones rigurosas de legitimidad moral.Es preciso a la vez:1)Que el daño causado por el agresor a la nación o comunidad de las naciones sea duradera, grave y cierto;2)Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado inpracticables o ineficaces; 3)Que se reunan las condiciones serias de exito; 4)Que el empleo de las armas no entrañe males y desordenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prucencia extrema en la apreciación de esta condición..."
Tristemente a pesar de todas estas buenas enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la legitimidad y aplicación de las guerras entre los pueblos o naciones,los hombres siguen sus propios instintos y siguen llevando a la práctica enfrentamientos belicos sin considerar, si son o no justos, para sus propios pueblos...Y como seguimos leyendo en el Catecismo de la Iglesia Católica:"En la medida en que los hombres son pecadores les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de la guerra, en la medida en que, unidos por la caridad,superan el pecado, se superan también las violecias hasta que se cumpla la Palabra:*De sus espadas formarán arados y de sus lanzas podaderas.Ninguna nación levantará la espada contra otra y no se adiestrarán más para combate* ".
Se refiere aquí el Catecismo, al pasaje del Antiguo Testamento, en el que el profeta Isaías inicia su ministerio profético en Jerusalén, que tuvo lugar en el año de la muerte del rey Ozías (hacia el año 738 a.C),imprecando a la Casa de Jacob a raíz de una serie de visiones divinas a cerca del futuro de Jerusalén (Is 2, 2-4):
"Ocurrirá que se hallará firmemente establecida la Montaña de la Casa de de Yahve,en los días postreros,y se alzará por encima de los collados, y afluirán a ella todas las naciones// Ea, subamos a la Montaña de Yahve,a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos, y andaremos por sus sendas, pues de Sión saldrá enseñanza,y la Palabra de Yahve de Jerusalén// Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; entonces romperán sus espadas,trocandolas en arados,y sus lanzas en podaderas.No alzará ya espada pueblo contra pueblo, ni se adiestrarán más en la guerra "
Desgraciadamente todavía los hombres no hemos entrado en la tierra prometida de la paz, donde se práctica la negación a la guerra. Como advertía el Papa san Juan Pablo II: "El recuerdo del dolororo camino de la guerra (Segunda Guerra Mundial) y del no fácil de la segunda posguerra nos lo trae a la mente constantemente.Este camino, en los tenebrosos años de la guerra, en los difíciles momentos de la posguerra,en nuetra incierta y problemática actualidad, ha revelado con frecuencia que en el corazón de los hombres, también de los creyentes, es muy fuerte la tentación del odio, del desprecio hacia el otro,de la prevaricación.
En este mismo camino,sin embargo, no nos ha faltado la ayuda del Señor,que ha hecho que germinarán sentimientos de amor,de compresión y de paz, junto al sincero deseo de reconciliación y de unidad.Como creyentes, somos conscientes de que el hombre vive de cuanto sale de labios del Señor. También sabemos que la paz arraiga en los corazones que se abren a Dios" (50 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa).
Ojalá que las palabras de este Papa santo se cumplan en nuestros días y no lleguemos de nuevo a caer en el terrible error de provocar una Tercera Guerra Mundial. Por eso,le pedimos al Señor que la paz arraige en los corazones de toda la humanidad.
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