Translate

Translate

martes, 7 de julio de 2026

LOS GOBIERNOS Y EL DERECHO **** A UNA LEGITIMA DEFENSA

En el Catecismo de la Iglesia Católica escrito con vistas a la aplicación del Concilio Vaticano II (nº2308) podemos leer: " Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a *empeñarse en evitar las guerras*. Ahora bien, *mientras exista el riesgo de guerra y falte autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente,una vez agotados los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobernantes el derecho a la legitima defensa*. En este punto cabría preguntarse: ¿Qué se entiende por el derecho a la legítima defensa?.
El Catecismo de la Iglesia Católica (nº2309),nos dice que:" Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legitima defensa mediante la fuerza militar.La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez: 1)Que el daño causado por el agresor a la nación o comunidad de las naciones sea duradera, grave y cierto; 2)Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces; 3)Que se reunan las condiciones serias de exito; 4)Que el empleo de las armas no entrañe males y desordenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Tristemente, a pesar de todas estas consideraciones de tipo moral establecidas en su Catecismo,la Iglesia de Cristo, practicamente nunca ha podido evitar las confrontaciones belicas a lo largo de la historia de la humanidad y ello esta relacionado como muy bien explica también el Catecismo, entre otros motivos porque:" En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la Segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, el peligro de la guerra, hasta que unidos por caridad superaran el pecado, superaran la violencia y se cumpliran aquellas celebres palabras del Antiguo Testamento: *De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas en hoces.Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate*.Estas son palabras de Isaías, uno de los profetas cuyo pensamiento ha influenciado más en la reflexión religiosa del pueblo elegido (Siglo VIII a.C.).Concretamente nos referimos a aquel momento en que el profeta rompiendo la barrera de un nacionalismo absurdo invita a su pueblo a connfiar en acontecimientos futuros en los que llegará a establecerse el-día del Señor-, con estas palabras (Is 2, 2-5):"Sucederá en los días venideros que el monte de la casa del Señor sera afincado en la cima de los montes y se alzará por encima de los collados.Afluirán a él todas las gentes // vendrán muchos pueblos y dirán: Venid, subamos al monte del Señor,a la casa de Jacob para que nos enseñe sus caminos y caminemos por sus sendas //
Pues de Sión saldrá la ley y de Jerusalén las palabras del Señor // El gobernará las naciones y dictará sus leyes a pueblos numerosos que trocarán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No alzará ya la espada pueblo contra pueblo ni se entrenarán ya para la guerra // Casa de Jacob venid caminemos a la luz del Señor" Esta Profecia se cumplió siglos después con la llegada al mundo de Jesucrisco, el cual dio cumplimiento a la ley del Padre, con sus obras y sus enseñanzas; dio cumplimiento a las leyes ceremoniales verificando el objeto y el fin de ellas,que era el mismo Jesucristo; a las morales vindicando su integridad e inteligencia contra los escribas y fariseos que las habian corrompido con sus predicaciones y falsas interpretaciones, y a los judiciales dando cumplimiento a lo que ellas significaban, confirmando lo que tenían de derecho común y perpetuo.
Nuestro Señor Jesucristo,en el Sermón de la montaña y más concretamente cuando le habla a los allí reunidos con Él sobre la ley les llega a decir(5, 17-20): "No creáis que he venido a abolir la ley y los Profetas: No he venido a abolir sino a dar plenitud // En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley //