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martes, 15 de agosto de 2017

TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS XXIX



 
 
 




*JESÚS Y SUS SACRAMENTOS III   (23/4/17)

 

*JESÚS Y SUS SACRAMENTOS IV   (1/5/17)

 

*LA IRA DE DIOS SE MANIFIESTA EN EL CIELO  (8/5/17)

 

*DIOS LOS CREÓ (2ª PARTE)  (15/5/17)

 

*TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS (XXVIII)  (19/5/17)

 


(BIBLIA DE NAVARRA Ed. Popular Ediciones universidad de Navarra, S.A. Eunsa)

 



                                                              CARTA ALOS EFESIOS



*SALUDO (1,1-14)

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: / la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y el Señor Jesucristo estén con vosotros. Cristo, Cabeza y factor de un unidad / Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda la bendición espiritual en los cielos, / ya  que en él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor, / nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad, / para alabanza y gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado; / en quien, mediante su sangre, tenemos la redención el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia, / que derramó sobre nosotros sobreabundantemente con toda sabiduría y prudencia. / Nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que se había propuesto realizar mediante él / y llevarlo a cabo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra. En él, / por quien también fuimos constituidos herederos, predestinados según el designio de quien realiza todo con arreglo al consejo de su voluntad, / para nosotros, los que antes habíamos esperado en el Mesías, sirvamos para alabanza de su gloria. / Por él también vosotros, una vez oída la palabra de la verdad – el Evangelio de nuestra salvación -, al haber creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido, / que es prenda de nuestra herencia, para redención de los que han hecho suyos, para alabanza de su gloria.

*ACCIÓN DE GRACIAS Y ORACIÓN (1, 15-23)

Por eso, también yo, al tener noticias de vuestra fe en el Señor Jesús y de la caridad con todos los santos, / no ceso de dar gracias por vosotros, al recordaros mis oraciones, / para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda el Espíritu de sabiduría

 Y de revelación para conocerle; / iluminando los ojos de vuestro corazón , para que sepáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuáles las riquezas de gloria dejadas en su herencia a los santos, / y cuál es la suprema grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa. / Él la ha puesto por obra con Cristo resucitándole de entre los muertos y sentándole a su derecha en los cielos, / por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación y de todo cuanto existe, no sólo en este mundo sino también en el venidero. / Todo lo sometió bajo sus pies y a él lo constituyó cabeza de todas las cosas a favor de la Iglesia, / que es su cuerpo, la plenitud de quien llena todo en todas las cosas.


*LA INCORPORACIÓN A CRISTO (2, 1-10)

Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, / en los cuales vivisteis inmersos en otro tiempo siguiendo el espíritu de este mundo, de acuerdo con el príncipe del poder del aire, el espíritu que actúa ahora en los hijos de la rebeldía. / Entre éstos también todos nosotros vivimos en otro tiempo en la concupiscencia de nuestra carne, siguiendo los deseos de la carne y de los malos pensamientos, puesto que éramos por naturaleza hijos de la ira como los demás. / Pero Dios, es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, / aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo – por gracia habéis sido salvados -, / a fin de manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, por su bondad con nosotros por medio de Cristo Jesús. / Así pues, por gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no procede de vosotros, puesto que es un don de Dios: / es decir, no procede de las obras, para que nadie se gloríe, / ya que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para hacer las obras buenas, que Dios había preparado para que las practicáramos.

*LA INCORPORACIÓN DE LA IGLESIA (2, 11-22)

Recordad, por tanto, que en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, los llamados <sin circuncisión> por los que se dicen <la circuncisión> - practicada por mano de hombre en la carne -, / vivíais entonces sin Cristo, erais ajenos a la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. / Ahora, sin embargo, por Cristo Jesús, vosotros, que en otros tiempos estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo. / En efecto, él es nuestra paz: el que hizo de los dos pueblos uno solo y derribó el muro de la separación, la enemistad, / anulando en su carne la ley decretada de los mandamientos. De este modo creó en sí mismo de los dos un hombre nuevo, estableciendo la paz / y reconciliando a ambos con Dios en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando muerte en sí mismo a la enemistad. / Y en su venida os anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y también la paz a los de cerca, / pues por él unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu. / Por lo tanto, ya n o sois extraños y advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, / edificados sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús, / sobre quien toda la edificación se alza bien compacta para ser templo santo en el Señor, / en quien también vosotros entráis a formar parte del edificio para ser morada de Dios por el Espíritu.

 
*MANIFESTACIÓN DEL <MISTERIO> (3, 1-13)

Por eso yo, Pablo, soy el prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles. / Ya habréis oído que Dios me concedió el encargo de administrar su gracia a favor vuestro, / pues mediante una revelación se me dio a conocer el misterio, como brevemente lo he descrito antes. / Por su lectura podéis captar el conocimiento que tengo del misterio de Cristo, / que no se dio a conocer a los hijos de los hombres en otras generaciones, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: / a saber, que los gentiles son coherederos, miembros de un mismo cuerpo y copartícipes de las promesas en Cristo Jesús mediante el Evangelio, / del cual he sido constituido servidor, según el don de la gracia de Dios, que me ha sido dada por su fuerza poderosa. / A mí, el menor de todos los santos, me ha sido otorgada esta gracia: anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo, / e iluminar a todos acerca del cumplimiento del misterio que durante siglos estuvo escondido en Dios, el Creador de todas las cosas, / para dar a conocer ahora a los principados y a las potestades en ,los cielos las múltiples formas de la sabiduría de Dios, por medio de la Iglesia, / conforme al plan eterno que ha realizado por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro, en quien tenemos la segura confianza de llegar a Dios, mediante la fe en él. / Por ello pido que no os desaniméis a causa de mis tribulaciones por vosotros. Ellas son vuestra gloria.

 
*ORACIÓN POR LOS FIELES (3, 14-21)

Por este motivo, me pongo de rodillas ante el Padre, / de quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra, / para que, conforme a las riquezas de su gloria, os conceda fortaleceros firmemente en el hombre interior mediante su Espíritu. / Que Cristo habite en vuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en la caridad, / podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad; / y conocer también el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para que os llenéis por completo de toda la plenitud de Dios. / Al que tiene poder sobre todas las cosas para concedernos infinitamente más de los que pedimos o pensamos, gracias a la fuerza que despliega en nosotros, / a Él sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones por los siglos de los siglos. ¡Amén!

 *FUNDAMENTOS DE LA UNIDAD (4, 1-10)

Así pues, os ruego yo, el prisionero por el Señor, que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, / con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad, / continuamente dispuestos a conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. / Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como habéis sido llamados a una sola esperanza: la de vuestra vocación. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, / un solo Dios y Padre de todos: el que está sobre todos, por todos y en todos. / A cada uno de nosotros, sin  embargo, ha sido dada la gracia en la medida en que Cristo quiere otorgar sus dones. / Por esto dice: Subiendo a lo alto llevó cautiva la cautividad y concedió dones a los hombres. / ¿Qué significa <subió> sino que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra? / El que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llevarlo todo a la plenitud.

 
*CONSTRUCCIÓN DE LA UNIDAD (4, 11-16)

Él constituyó a algunos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelizadores, a otros pastores y doctores, / a fin de que trabajen en perfeccionar a los santos cumpliendo con  su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, / hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo, / para que ya no seamos niños que van de un lado a otro y están zarandeados por cualquier corriente doctrinal, por el engaño de los hombres, por la astucia que lleva al error. / Por el contrario, viviendo la verdad con caridad, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo, / de quien todo el cuerpo – compacto y unido por todas las articulaciones que lo sostienen a la función de cada miembro – va consiguiendo su crecimiento para su edificación en la caridad.

 
*APARTADOS DE LAS TINIEBLAS (4, 17-32)

Por lo tanto, digo y testifico esto en el Señor: que ya no viváis como viven los gentiles, en sus vanos pensamientos, / con el entendimiento oscurecido, ajenos a la vida de Dios, a causa de la ignorancia en que están la ceguera de sus corazones. / Indolentes, se dieron a la perversión, para obrar con avidez toda impureza. / No es esto, en cambio, lo que vosotros aprendisteis de Cristo / - si es que en efecto lo habéis escuchado y habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús - / para abandonar la antigua conducta del hombre viejo, que se corrompe conforme a su concupiscencia seductora, / para renovaros en el espíritu de vuestra mente / y revestiros del hombre nuevo, que ha sido creado conforme a Dios en justicia y santidad verdaderas. / Por eso, apartándoos de la mentira, que cada uno diga la verdad a su prójimo, porque somos miembros unos de otros. / Si os enojáis, no pequéis; no se ponga el sol estando todavía airados, / y no deis ocasión al diablo. / El que robaba, que no robe ya más, sino trabaje seriamente, ocupándose con sus propias manos en algo honrado, para que así tenga con qué ayudar al necesitado. / Que no salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino lo que sea bueno para la necesaria edificación y así contribuya al bien de los que escuchan. / Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con el que habéis sido sellados para el día de la redención. / Que desaparezca de vosotros toda amargura, ira, indignación, griterío o blasfemia y cualquier clase de malicia. / Sed, por el contrario, benévolos unos con otros, compasivos, perdonándoos mutuamente como Dios os perdonó en Cristo.

*IMITADORES DE DIOS (5, 1-7)

Imitad, por tanto, a Dios, como hijos queridísimos, / y caminad en el amor, lo mismo que Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y ofrenda de suave olor ante Dios. / Como conviene a los santos, la fornicación y toda impureza o avaricia ni se nombren entre vosotros; / ni palabras torpes, ni conversaciones vanas o tonterías, que no convienen. Haced más bien acciones de gracias. / Porque debéis tener bien claro y aprendido esto: que ningún fornicario o impúdico, o avaro, que es como un adorador de ídolos, puede heredar el Reino de Cristo y de Dios. / Que nadie os engañe con palabras vanas, porque por culpa de esto vino la ira de Dios sobre los hijos de la rebeldía. / Por tanto,  no os hagáis cómplices suyos.

 
*CAMINARF EN LA LUZ (5, 8-20)

En otro tiempo erais tinieblas, ahora en cambio sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz, / porque el fruto de la luz se manifiesta en toda bondad, justicia y verdad. / Sabiendo discernir lo que es agradable al Señor, / no participéis en las obras estériles de las tinieblas, antes bien combatidlas, / pues lo que éstos hacen a escondidas da vergüenza hasta el decirlo. / Todas esas cosas, al ser puestas en evidencia por la luz, quedan a la vista, pues todo lo que se ve es luz. / Por eso dice: <Despierta, tú que duermes, álzate de entre los muertos, y Cristo te iluminará>. / Así pues,  mirad con cuidado cómo vivís: no como necios, sino como sabios; / redimiendo el tiempo, porque los días son malos. / Por eso no os embriaguéis con vino, que lleva a la lujuria; al contrario, llenaos del Espíritu, / hablando entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, / dando gracias siempre por todas las cosas a Dios Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

 *EL MATRIMONIO, SACRAMENTO EN LA UNIÓN ENTRE CRISTO Y LA IGLESIA (5, 21-33)

Estad sujetos unos a otros en el temor de Cristo. / Las mujeres a sus maridos como al Señor, / porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, del cual  él  es el salvador. / Pues como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. / Maridos: amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella / para santificarla, purificándola mediante el baño del agua  por la palabra, / para mostrar ante sí mismo a la Iglesia resplandeciente, sin mancha, arruga o cosa parecida, sino para que sea santa  e inmaculada. / Así deben  los maridos amar a sus mujeres, como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama, / pues nadie aborrece nunca su propia carne, sino que la alimenta y la cuida, como Cristo a la Iglesia, / porque somos miembros de su cuerpo. / Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. / Gran misterio es éste, pero yo lo digo en relación a Cristo y a la Iglesia. / En todo caso, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer reverencie al marido.

 
*LOS HIJOS Y LOS PADRES (6, 1-4)

 Hijos: obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es lo justo. / Honra a tu padre y a tu madre. Éste es el primer mandamiento con promesa: / para que te vaya bien y vivas largo tiempo en la tierra. / Padres: no irritéis a vuestros hijos; antes bien, educadles en la doctrina y enseñanzas del Señor.

 
*LOS SIERVOS Y LOS AMOS (6, 5-9)

Siervos: obedeced a los amos de la tierra, con temor y respeto, como si fuera a Cristo, con sencillez de corazón; / no para que os vean, como quien busca complacer a los hombres, sino como siervos de Cristo que hacen de corazón la voluntad de Dios, / sirviendo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres; conscientes de que cada uno, sea siervo o sea libre, será recompensado por el Señor según el bien que haya hacho. / Y vosotros, amos, haced lo mismo con ellos, dejando las amenazas, conscientes de que el Señor de los cielos es el Señor vuestro y de ellos, y que no hace acepción de personas.

 
*LAS ARMAS PARA LA LUCHA ASCÉTICA (6, 10-20)

 Por lo demás, reconfortaos en el Señor y en la fuerza de su poder; / revestíos con la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, / Porque no es nuestra lucha contra la sangre o la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires. / Por eso, poneos la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes. / Así pues, estad firmes, ceñidos en la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia / y calzados los pies, prontos para proclamar el Evangelio de la paz; / tomando en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno. / Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, / mediante oraciones y súplicas, orando en todo tiempo movidos por el Espíritu, vigilando además con toda constancia y súplica por todos los santos, / y también por mí, para que, cuando hable, me sea dada la palabra para dar a conocer con libertad el misterio del Evangelio / del que soy mensajero, aunque encadenado, y que pueda hablar de él libremente y anunciarlo como debo

 *CONCLUSIÓN (6, 21-24)

 Para que también vosotros sepáis qué es de mí y cómo me encuentro, todo os lo hará saber Tíquico, hermano querido y fiel servidor en el Señor, / a quien os envío para esto mismo, para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones. / La paz esté con los hermanos, y el amor acompañado de la fe, de parte de Dios Padre t del Señor Jesucristo. / La gracia esté con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.

 

 

viernes, 11 de agosto de 2017

VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS (I)


 
 
 
 



El Papa Francisco durante su viaje apostólico a Rio de Janeiro con ocasión  de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud pronunció una hermosa homilía en la misa que celebró  en la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de Aparecida, refiriéndose a la Madre de Dios con estas palabras:

“La Iglesia, cuando busca a Cristo, llama siempre a la casa  de la Madre y le pide: <Muéstranos a Jesús>. De ella se aprende el verdadero discipulado. He aquí por qué la Iglesia va en misión siguiendo siempre la estela de María”

En este mismo sentido se había manifestado el Papa San Juan Pablo II el pasado siglo cuando en cierta ocasión un conocido periodista tras una larga entrevista, le hizo una pregunta referida a las misteriosas apariciones y mensajes de la Virgen,  que habían dado lugar a masivas peregrinaciones hacia lugares tan conocidos  como Fátima o Lourdes.

De todo el mundo cristiano es conocido el hecho de que este Papa eligió como lema de su Pontificado precisamente esta expresión: <Totus Tuus>, así que esta pregunta le debió de gustar mucho y por eso, respondió con gran agrado a la misma con estas palabras (Cruzando el umbral de la esperanza. Papa Juan  Pablo II. Editado por Vittorio Messori. <Círculo de Lectores> por cortesía de Plaza & Janés Editores S.A. 1994):

 


“Totus Tuus. Esta fórmula no tiene solamente un carácter piadoso, no es una simple expresión de devoción: es algo más.

La orientación hacia una devoción tal se afirmó en mí en el periodo en que, durante la segunda guerra mundial, trabajaba de obrero en una fábrica. En un primer momento me había parecido que debía alejarme un poco de la devoción mariana de la infancia, en beneficio de un cristianismo, centrado en la figura de Cristo.
Gracias a san Luis Grignon de Montfort comprendí que la verdadera devoción a la Madre de Dios, sin embargo era cristocéntrica, más aún, que está profundamente radicada en el Misterio Trinitario de Dios, y en los Misterios de la Encarnación y de la Redención…

El Concilio Vaticano II da un paso de gigante tanto en la doctrina como en la devoción mariana. No es posible traer aquí ahora todo el maravilloso capítulo VIII de la <Lumen Gentium>, pero habría que hacerlo. Cuando participé en el Concilio, me reconocí a mí mismo plenamente en este capítulo, en el que reencontré todas mis pasadas experiencias desde los años de la adolescencia, y también aquel especial ligamento que me une a la Madre de Dios de forma siempre nueva…
Desde los primeros años, mi devoción mariana estuvo relacionada estrechamente con la dimensión cristológica. En esta dirección me iba educando el santuario de Kalwaria  (complejo eclesiástico-conventual de Kalwaria Zebraydowska. Polonia). Un capítulo aparte es Jasna Góra, con su icono de la Señora negra. Es desde hace siglos, la Virgen de Jasna Góra, venerada como Reina de Polonia. Éste es un Santuario de toda la nación.
De su Señora y Reina la nación polaca ha buscado desde siglos, y continua buscando, el apoyo y la fuerza para el renacimiento espiritual”

 
 



El capítulo VIII del Documento <Lumen Getium> del Concilio Vaticano II está dedicado como recordaba el Papa San Juan Pablo II, a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, en el <Misterio de Cristo y de la Iglesia>. En su <Introducción> podemos leer, en los apartados 52 y 53 respectivamente (Roma 21 de noviembre de 1964):
“Queriendo Dios, infinitamente sabio y misericordioso, llevar a cabo la redención del mundo, <al llegar a la plenitud de los tiempos>, envió a su Hijo, nacido de mujer…para que <recibiésemos la adopción de hijos> (Ga 4, 4-5). <El cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos y por obra del Espíritu Santo se encarnó de la Virgen María>.

Este Misterio divino de la salvación nos es revelado y se continúa en la Iglesia, que fue fundada por el Señor como Cuerpo suyo, y en la que los fieles, unidos a Cristo Cabeza y en comunión de todos los santos, deben venerar también la memoria <en primer lugar de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo>

Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio vida al mundo, es reconocida y venerada Madre de Dios y del Redentor.



Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo y unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y Sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las criaturas, celestiales y terrenales. Pero a la vez está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación; y no solo eso, <sino que es verdadera madre de los miembros de la Iglesia de Cristo, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la misma, fieles que son miembros de su Cabeza>.
Por ese motivo es también proclamada como miembro excelentísimo  y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma fe y caridad, y a quien la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, venera, como Madre amantísima, con afecto de piedad filial”


Después de esta admirable Introducción, el Documento conciliar <Lumen Gentium>, prosigue desarrollando en sus apartados: <Función de la Santísima Virgen en la economía de la salvación>, 
<La Santísima Virgen y la Iglesia> y <María, signo de esperanza cierta y consuelo para el pueblo peregrino de Dios>, distintos aspectos relacionados con la Virgen María, por lo que resulta muy adecuado y recomendable para conocer en profundidad el carácter profundamente cristológico de la Madre de Dios, tal como aseguraba el Papa san Juan Pablo II y recordaba el Papa Francisco.

Sí, la Virgen María  es signo de esperanza cierta, tal como decía el Papa Francisco en la homilía que antes hemos mencionado durante la celebración de la misa en la Basílica de Nuestra Señora de  Aparecida:
 
 



“<Mater la esperanza>. La segunda Lectura de la Misa presenta una escena dramática: una mujer –figura de María en la Iglesia- es perseguida por un dragón –el diablo- que quiere devorar a su hijo. Pero la escena no es de muerte sino de vida, porque Dios interviene y pone a salvo al niño (Ap 12, 13a-16.15-16a).
Cuantas dificultades hay en la vida de cada uno, en nuestra gente, nuestras comunidades. Pero, por más grandes que parezcan, Dios nunca deja que nos hundamos. Ante el desaliento que podría haber en la vida, en quien trabaja en la evangelización o en aquellos que se esfuerzan por vivir la fe como padres y madres de familia, quisiera deciros con fuerza:

<Tengan siempre en el corazón esta certeza: Dios camina a su lado, en ningún momento los abandona. Nunca perdamos la esperanza. Jamás la apaguemos en nuestro corazón. El <dragón>, el mal, existe en la historia, pero no es el más fuerte. El más fuerte es Dios, y Dios es nuestra esperanza>

Es cierto que hoy en día, todos, un poco, y también nuestros jóvenes, sienten la sugestión de tantos ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer…
Con frecuencia se abren en el corazón de muchos una sensación de soledad y vacío, y lleva a la búsqueda de compensaciones, de ídolos pasajeros.

Queridos hermanos y hermanas, seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad.



Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémoslos a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: Son un motor poderoso para la Iglesia y la sociedad.
Los jóvenes no solo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo…”


Sin duda Dios es nuestra esperanza, y ésta gran esperanza es Él porque abraza el universo y nos da aquello que nosotros por sí solos no podemos alcanzar. Como un día diría el Papa Benedicto XVI:

“De hecho, el ser agraciados por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier Dios, sino el Dios que tiene el rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto”

(Carta Encíclica <Spe Salvi> Dada en Roma el 30 de noviembre del año 2007).

 



Por eso, como no podía ser de otro modo, también este Pontífice es un gran devoto de la Virgen María, aquella mujer destinada por el Padre desde el principio de los tiempos para ser la Madre del Dios hecho hombre, del Dios que tiene rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo.

Este Papa ha hablado de ella muchas veces en sus escritos,  y así por ejemplo en su libro, <Los caminos de la vida interior. El itinerario espiritual del hombre>, (Ed. Chronica S.L, 2011), dedica el último capítulo a María, Madre de Dios, refiriéndose en primer lugar, como es natural, a su <Maternidad divina>:

“<Madre de Dios>, Theotokos, es el título que se atribuyó oficialmente a María en el siglo V, exactamente en el Concilio de Éfeso, del año 431, pero que ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III, en el contexto de las fuertes disputas de ese periodo sobre la persona de Cristo.



Con este título se subrayaba que Cristo es Dios y que realmente nació como hombre de María. Así se preservaba su unidad de verdadero Dios y de verdadero hombre. En verdad, aunque el debate parecía centrarse en María, se refería esencialmente al Hijo. Algunos Padres, queriendo salvaguardar la plena humanidad de Jesús, sugerían un término más atenuado: en vez de Theotokos, proponían Cristotokos, Madre de Cristo, pero precisamente eso se consideró una amenaza contra la doctrina de la plena unidad de la divinidad con la humanidad de Cristo.

Por eso, después de una larga discusión, en el Concilio de Éfeso, del año 431, se confirmó solemnemente, por una parte, la unidad de las dos naturalezas, la divina y humana en la Persona del Hijo de Dios (cf DS 250) y, por otra, la legitimidad de la atribución a la Virgen del título de Theotokos, Madre de Dios (cf ib, 251). Después de este Concilio se produjo una auténtica explosión de devoción mariana, y se construyeron numerosas Iglesias dedicadas a la Madre de Dios.



La doctrina relativa a María, Madre de Dios, fue confirmada de nuevo en el Concilio de Calcedonia (8 de octubre al 1 de noviembre del año 451), en el que Cristo fue declarado <verdadero Dios y verdadero hombre, nacido por nosotros y por nuestra salvación, de María Virgen y Madre, en su humanidad (DS 301)”

Sigue hablando el Papa Benedicto XVI  sobre este tema con extrema sapiencia y devoción y termina con este bello pensamiento (Ibid):
“Al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor.

Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Desde la Cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre.

Es importante considerar atentamente la importancia de la presencia de María en la vida de la Iglesia y en nuestra existencia personal. Encomendémonos a ella, para que guie nuestros pasos en este nuevo periodo de tiempo que el Señor nos concede vivir, y nos ayude a ser auténticos amigos de su Hijo, y así también valientes artífices de su Reino en el mundo, Reino de luz y de verdad”

 
 
 
Así es, dejémonos sorprender dentro de las dificultades del día a día, por el amor y la amistad con el Hijo de María, Nuestro Señor Jesucristo porque como aseguraba el Papa  Francisco (Ibid):

“Quien es hombre, o es, mujer de esperanza (la gran esperanza que nos da la fe) sabe que Dios actúa y nos sorprende también por medio de las dificultades.

Y la historia de este Santuario (Basílica Santuario de Nuestra Señora de Aparecida) es un ejemplo: tres pescadores, tras una jornada baldía, sin lograr pesca en las aguas del rio Parnaíba (Velho Monge), encuentran algo inesperado: una imagen de Nuestra Señora de la Concepción.

 


¿Quién podría haber imaginado que el lugar de una pesca infructuosa se convirtiera en el lugar donde todos los brasileños pueden sentirse hijos de la misma Madre? Dios nunca deja de sorprender, como con el vino nuevo del Evangelio (en las bodas de Caná de Galilea). Confiemos en Dios. Alejados de Él, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, se agota.

Si nos acercamos a Él, si permanecemos en Él, lo que parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino nuevo de amistad con Él”

El Papa Benedicto XVI seguro que estará totalmente de acuerdo con estas palabras de su sucesor en la Silla de Pedro, porque también como él, es un gran devoto de la Virgen María y asegura como él, que la Madre nos lleva siempre hacia el Hijo, y el Hijo hacia la Madre (Ibid):
“Recordemos las palabras de santa Isabel: <Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá> (Lc 1,45).
María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo.




La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que,  en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios.
El Evangelio de Lucas nos presenta en dos textos este misterio de escucha y de gozo.

Jesús dice: <Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en obra (8,21).
Y, ante la exclamación de una mujer que entre la muchedumbre quiere exaltar el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, Jesús muestra el secreto de la verdadera alegría:

<Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen> (11, 28).

 
 


Jesús muestra la verdadera grandeza de María, abriendo así también para todos nosotros  esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica.

Por eso, recuerda a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina. A todos los hombres, también a los que se han alejado de la Iglesia, que han abandonado la fe o que nunca han escuchado el anuncio de la salvación. A cada uno de ellos, el Señor les dice: <Estoy a la puerta llamando: si alguno oye y abre, entraré y comeremos juntos> (Ap 3,20)
Así pues, que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo de la Palabra hecha carne. Él está en el principio y en el fin y <todo se mantiene en Él> (Col 1, 17)”


Dos citas importantes del Nuevo Testamento utiliza el Papa al final de estas enseñanzas dedicadas a  la <Mater Verbi et Mater laetitiae>. Concretamente la última es la que se refiere a la <Carta a los Colosenses> de San Pablo, esto es, la misiva que el apóstol dirigió a los habitantes de Colosas, ciudad situada al sur de la antigua Frigia y muy próxima a Éfeso, con motivo de la predicación llevada a cabo por unos falsos doctores, cuyo contenido era gravemente peligroso ya que iba dirigido contra Cristo y su Mensaje.
 
 




El Apóstol San Pablo en la <Carta a los Colosenses>, exalta con razón la figura de Cristo como imagen del Dios Creador (Col 1, 15-17):

-Cristo es imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación,

-porque por Él mismo fueron creadas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades, absolutamente todo fue creado por Él y para Él,

-y Él mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en Él

 
 



El misterio de todo el Universo y de todo lo que existe en él, se encuentra en el Verbo de Dios, en Cristo, el Hijo de Dios hecho carne, y precisamente por ello, el Papa Benedicto XVI nos recomendaba en su libro <Los caminos de la vida interior>, que cada día que hemos recibido por Él, esté señalado por el encuentro renovado en Él.
Éste es, el ejemplo que recibimos de la Virgen María con su respuesta al ángel Gabriel, cuando le anunció su próxima maternidad bajo la acción del Espíritu Santo: <Hágase en mí según su Palabra>. Y es que María según este Pontífice (Ibid):
“No sólo tiene una relación singular con Cristo, el Hijo de Dios, que como hombre quiso convertirse en hijo suyo…al estar totalmente unida a Cristo, nos pertenece también totalmente a nosotros.

Sí, podemos decir que María está cerca de nosotros como ningún otro ser humano, porque Cristo es hombre para los hombres y todo su ser es un <ser para nosotros>.
Cristo, dicen los Padre, como Cabeza es inseparable de su Cuerpo que es la Iglesia, formando con ella, por decirlo así, un único sujeto vivo.

La Madre de la Cabeza es también la Madre de toda la Iglesia; ella está por completo despojada de sí misma; se entregó totalmente a Cristo, y con Él se nos da como don a todos nosotros. En efecto, cuanto más se entrega la persona humana, tanto más se encuentra a sí misma.

El Concilio Vaticano II quería decirnos esto: María está tan unida al gran misterio de la Iglesia, que Ella y la Iglesia, son inseparables, como lo son Ella y Cristo.

María refleja la Iglesia, la anticipa en su persona y, en medio de todas las turbulencias que afligen a la Iglesia sufriente y doliente, Ella sigue siendo siempre la estrella de la salvación. Ella es su verdadero centro, del que nos fiamos”



Es una gran alegría y una extrema satisfacción saber con certeza que esto es así, María  es la estrella que nos conduce hacia Jesucristo y por tanto a la salvación; Ella es el punto de referencia del que nos fiamos, es  verdadero centro de la Iglesia. Ella, la Madre de Dios y Madre nuestra, estuvo junto a su Hijo en la Cruz, sufriendo a su lado por toda la humanidad.

El apóstol san Juan narró  los sucesos acaecidos, en aquellos terribles momentos, en los que la Virgen tuvo un papel primordial para la humanidad, por encargo de su Hijo (Jn 19, 25-27):
-Estaban junto a la Cruz de Jesús, su Madre, y la hermana de su Madre, María Cleofás, y María Magdalena

-Jesús, pues, viendo a la Madre y junto a ella al discípulo amado, dice a su Madre: <Mujer, he ahí a tu hijo>

-Luego dice al discípulo: <He ahí a tu Madre>

Y desde aquella hora la tomó el discípulo en su compañía

 


Jesús encomienda a su Madre destrozada, por el sufrimiento de verlo a Él muriendo en la cruz en aquella situación tan injusta y sangrienta, a aquel discípulo, Juan, autor de este Evangelio.
Pero esta recomendación tiene un sentido mucho más amplio y profundo que el de un simple encargo familiar; en estas Palabras del Redentor moribundo se descubre la maternidad espiritual de la Virgen, con respecto a todos los hombres, a todos aquellos que son seguidores de su Hijo o llamados a serlo.

Sin duda, como asegura el Papa Benedicto XVI (Ibid):

“Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente de su Hijo. Vemos también que la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de Consuelo, de Aliento, y de Esperanza”

No podría ser de otro modo: María está siempre muy cerca del hombre, invitándole a conocer a su Hijo, tanto en su Palabra como en sus Hechos. Ella además es nuestra <maestra de oración>.

Ahí tenemos como muestra la bellísima oración del <Magnificat>, o cantico de alabanza  entonado por la Virgen durante su visita a su prima Isabel, precisamente cuando ésta la llamó <bienaventurada> a causa de la fe. Se trata de una oración que como reconoce el Papa Benedicto XVI, es de acción de gracias, de alegría en Dios y de bendición por sus grandes hazañas.



Así aparece esta hermosa oración en el Evangelio de san Lucas, el único, que por cierto la recoge, y ello es comprensible ya que este evangelista investigó antes de escribir su Evangelio, la vida de la Virgen, y  según se cuenta, ella misma, seguramente le relató algunos episodios de la misma, como es el caso al que ahora nos estamos refiriendo (Lc 1, 39-45):

  • Por aquellos días, levantándose María, se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá,
  • y entró entro en casa de Zacarías y saludo a Isabel.
  • Y aconteció que, al oír Isabel la salutación de María, dio saltos de gozo el niño en su seno, y fue llena Isabel del Espíritu Santo,
  • Y levantó la voz con gran clamor y dijo: <Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre>
  • ¿y de donde esto que venga la Madre de mi Señor a mí?
  • Porque he aquí que, como sonó la voz de tu salutación  en mis oídos, dio saltos de alborozo el niño en mi seno.
  • Y dichosa la que creyó que tendrán cumplimiento las cosas que han sido dichas de parte del Señor.
  • Y dijo María: <Engrandece mi alma al Señor,
  • Y se regocijo mi espíritu en Dios, mi Salvador;
  • Porque puso sus ojos en la bajeza de su esclava. Pues he aquí que desde ahora me llamaran dichosa todas las generaciones;
  • Porque hizo en mí favor grandes cosas el Poderoso, y cuyo nombre es <Santo>;
  • Y su misericordia por generaciones y generaciones para aquellos que le temen
  • Hizo ostentación de poder con su brazo: desbarató a los soberbios en los proyectos de su corazón;
  • derrocó de  su trono a los potentados y enardeció a los humildes;
  • llenó de bienes a los hambrientos y despidió vacíos a los ricos.
  • Tomó bajo su amparo a Israel, su siervo, para acordarse de su misericordia,
  • como lo había anunciado a nuestros padres, a favor de Abraham y su linaje para siempre.

No cabe duda,  María es una mujer que ora, es la <Virgen orante>, tal como nos recordaba el Papa San Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica: <Marialis cultus>; dada en Roma el 2 de febrero de 1974:



“Así aparece Ella en la visita a la madre del Precursor (San Juan Bautista), donde abre su espíritu en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza: tal es el <Magnificat>, la oración por excelencia de María, el canto de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exultación del antiguo y del nuevo Israel, porque (como parece sugerir S. Ireneo) en el cantico de María fluyó el regocijo de Abraham que presentía al Mesías (Jn 8,56) y resonó, anticipada proféticamente, la voz de la Iglesia:

 <<Saltando de gozo, María proclama proféticamente el nombre de la Iglesia: <Mi alma engrandece al Señor….> En efecto, el cantico de la Virgen, al difundirse, se ha convertido en oración de toda la Iglesia en todos los tiempos>>.

<Virgen orante> aparece María en Caná, donde, manifestando al Hijo, con delicada súplica, una necesidad temporal, obtiene además un efecto de la  gracia: que Jesús, realizando el primero de sus signos, confirme a sus discípulos en la fe en Él (Jn 2,1-12).

También el último trazo biográfico de María nos la describe en oración:

<<Los Apóstoles <perseveraban unánime en oración, juntamente con las mujeres y con María, Madre de Jesús, y sus hermanos>: presencia orante de María  en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todos los tiempos, porque Ella asunta al cielo, no ha abandonado su misión de intercesión y salvación>>.

<Virgen orante> es también la Iglesia, que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos, <alaba incesantemente al Señor e intercede por la salvación del mundo>”




Finalmente recordaremos las palabras del Papa Francisco durante la misa celebrada el sábado 13 de mayo de 2017 en la que se canonizaba a los beatos Francisco Martos y Jacinta Martos, dirigidas a los peregrinos presentes, pero también a los ausentes, a todos los creyentes  (con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen María en la Cova da Iria):

“Queridos peregrinos, tenemos una Madre, ¡tenemos un Madre!  Aferrándonos a ella como hijos, vivamos en la esperanza que se apoya en Jesús, porque <los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo> (Rm 5,17).

Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad, que había asumido en el seno de la Virgen María, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (Ef 2,6). Que esta esperanza sea impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro”