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sábado, 18 de marzo de 2017

JESÚS DIJO (XXVII): TRABAJOS REALIZADOS POR MRM.MARUS



 
 
 




*JESÚS DIJO (XXVI): TRABAJOS REALIZADOS POR MRM.MARUS (4/2/17)

 

*LA LLAMADA A LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS: ECUMENISMO (II) (6/2/17)

 

*LA SANTIDAD ES UN DON DE JESÚS A LA IGLESIA (16/2/17)

 

*MENSAJEROS DEL EVANGELIO: LOS PRIMEROS SIGLOS (2ª Parte) (19/2/17)

 

*JESÚS Y EL RETO DE LA EVANGELIZACIÓN: SIGLO XI (3ª Parte) (1/3/117)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA BIBLIA (Edición Popular) (Traducción aprobada por la Conferencia Episcopal Española)  LA CASA DE LA BIBLIA (1993)

                                            CARTA A LOS ROMANOS

 

 

                                   ISRAEL EN EL PLAN SALVADOR DE DIOS

 

 

 

 

 

*ANUNCIO DEL MENSAJE Y ACTITUD DE ISRAEL (10, 14-21)

 

Ahora bien, ¿cómo van a invocar a aquel en quien no creen? ¿Y cómo van a creer en él, si no les ha sido anunciado? / ¿Y cómo va a ser anunciado, si nadie es enviado? Por eso dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias! / Pero no todos han aceptado la buena nueva. Isaías lo dice: Señor ¿quién ha dado crédito a nuestro mensaje? / En definitiva, la fe surge de la proclamación, y la proclamación se verifica mediante la palabra de Cristo. / Y digo yo: ¿es que no han oído? ¡Todo lo contrario! A toda tierra ha llegado la voz de los mensajeros y hasta los confines del mundo sus palabras. / Sin embargo, pregunto: ¿Será  que Israel no ha entendido el mensaje? Oigamos, en primer lugar, lo que dice Moisés: Os daré celos con un pueblo que no es el mío; provocaré vuestro enojo valiéndome de una nación sin sabiduría. / Isaías por su parte se atreve a decir: Me han encontrado los que no me buscaban; me he manifestado a los que no preguntaban por mí. / Y a Israel le dice: Durante todo el día he tenido extendidas mis manos hacia un pueblo incrédulo y rebelde.

 

*EL RESTO ESCOGIDO (11, 1-10)

 

Y  yo pregunto: ¿Es que Dios ha rechazado a su pueblo? ¡De ninguna manera! Que yo también soy israelita, del linaje de Abrahán y de la tribu de Benjamín. / Dios no había rechazado al pueblo que había elegido. Recordad lo que dice la Escritura a propósito de Elías, cuando interpelaba a Dios contra Israel / Señor, han matado a tus profetas y han derribado tus altares; sólo he quedado yo y ahora me buscan para matarme. / Pero oíd lo que le responde el oráculo divino: Me he reservado siete mil hombres que no han doblado sus rodillas ante Baal. / Pues así también en el tiempo presente ha quedado un resto gratuitamente elegido. / Y si es por gracia, ya no se debe a las obras, pues de lo contrario la gracia no sería gracia. / ¿Qué significa esto? Pues que no todo Israel ha alcanzado lo que buscaba. Lo han alcanzado los elegidos, mientras que los demás se han endurecido / según dice la Escritura: Dios les dio un espíritu insensible, ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de hoy/ Y dice también David: Que su prosperidad se les convierta en trampa y en lazo, en ocasión de ruina y de castigo; que sus ojos se oscurezcan para no ver, y su espalda permanezca continuamente doblada.

 

*ISRAEL Y LOS PAGANOS (11, 11-24)

 

Y pregunto todavía: ¿Habrán tropezado los israelitas de manera que sucumban definitivamente? ¡De ninguna manera! Por el contrario, con su caída ha llegado la salvación a los paganos, quienes a su vez han provocado la emulación de Israel. / Y si su caída y su fracaso se han convertido en riqueza para el mundo y para los paganos, ¿qué no sucederá cuando alcancen la plenitud? / Me dirijo ahora a vosotros, los paganos. Precisamente porque soy apóstol de los paganos, trataré de honrar este ministerio mío/ a ver si provoco emulación de los de mi raza y logro salvar a algunos de ellos. / Porque si su fracaso ha servido para reconciliar al mundo, ¿no será su readmisión como un volver de los muertos a la vida? / Y es que si las primicias están consagradas a Dios, lo está toda la masa; y si está consagrada la raíz, lo están también las ramas/ Cierto que algunas ramas han sido desgajadas y que tú, olivo silvestre, has sido injertado entre las restantes y compartes con ellas la raíz y la savia del olivo. / Pero no presumas a costa de aquellas ramas; y por si presumes, recuerda que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que te sostiene a ti. / Me dirás: <Han desgajado las ramas para injertarme a mí>/ De acuerdo, ellas han sido desgajadas por su incredulidad y tú estás en pie por la fe. Así que no te enorgullezcas y ándate con cuidado. / Porque si Dios no perdonó a las ramas originales, tampoco a ti te perdonará/

Considera, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para los que han caído; bondad para ti, siempre que tu conducta responda a esa bondad; de lo contrario, tú también serás desgajado. / En cuanto a ellos, los israelitas, si no persisten en la incredulidad, volverán a ser injertados. Y Dios puede muy bien injertarlos de nuevo. / Porque si tú has sido cortado de un olivo silvestre, al que por naturaleza pertenecías, y has sido injertado contra tu naturaleza en el olivo fértil, ¡con cuánta mayor facilidad podrán ser injertadas las ramas originales en el propio olivo!

 

*RESTAURACIÓN FINAL DE ISRAEL (11, 25-32)

 

No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio para que no andéis presumiendo por ahí. El endurecimiento de una parte de Israel no es definitivo; durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos. / Entonces todo Israel se salvará, como dice la Escritura:

<Vendrá de Sión el liberador, alejará de Jacob la impiedad, y mi alianza con ellos será restablecida cuando yo les perdone sus pecados>

En lo que respecta a la acogida del evangelio, los israelitas aparecen como enemigos de Dios para provecho nuestro; sin embargo, si atendemos a la elección, siguen siendo muy amados por Dios a causa de sus antepasados/ pues los dones y la llamada de Dios  son irrevocables/

También vosotros erais en otro tiempo rebeldes a Dios, pero ahora, por la desobediencia de los israelitas, habéis alcanzado misericordia/ De igual modo, ellos son ahora rebeldes debido a la misericordia que Dios os ha concedido, para que también ellos alcancen misericordia/ Porque Dios ha permitido que todos seamos rebeldes para tener misericordia de todos.

 

*CANTO A LA SABIDURIA DIVINA (11, 33-36)

 

¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría  y de la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus decisiones e inescrutables sus caminos! / Porque:

< ¿Quién conoce el pensamiento del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? / ¿Quién le ha prestado algo para pedirle que se lo devuelva? /

De él, por él y para él son todas las cosas. A él la gloria por siempre. Amén.

 

*NUEVA VIDA EN CRISTO (12, 1-8)

 

Os pido, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que os ofrezcáis como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Este ha de ser vuestro auténtico culto. / No os acomodéis a los criterios de este mundo; al contrario, transformaos, renovad vuestro interior, para que podáis descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto/

Os digo, además, a todos y cada uno de vosotros, en virtud de la gracia que Dios me ha confiado, que no os estiméis más de lo debido; que cada uno se estime en lo justo, conforme al grado de fe que Dios le ha concedido/

Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y no todos los miembros tienen una misma función/ así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo al quedar unidos a Cristo, y somos miembros los unos de los otros/ Puesto que tenemos dones diferentes, según la gracia que Dios nos ha confiado, el que habla en nombre de Dios, hágalo de acuerdo con la fe/ el que sirve, entréguese al servicio, el que enseña, a la enseñanza/ el que exhorta, a la exhortación; el que ayuda, hágalo con generosidad; el que atiende, con solicitud; el que practica la misericordia, con alegría.

 

 

*NORMAS CONCRETAS DE CONDUCTA (12, 9-21)

Que vuestro amor no sea una farsa; detestad lo malo y abrazaos a lo bueno. / Amaos de verdad unos a otros como hermanos y rivalizad en la mutua estima. / No seáis perezosos para el esfuerzo; manteneos fervientes en el espíritu y prontos para el servicio del Señor/ Vivid alegres por la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración/ Compartid las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad/ Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis/ Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. / Vivid en armonía unos con otros y no seáis altivos, antes bien poneos al nivel de los sencillos. Y no seáis autosuficientes/

A nadie devolváis mal por mal; procurad hacer el bien ante todos los hombres. / Haced lo posible, en cuanto de vosotros dependa, por vivir en paz con todos/ No os toméis la justicia por vuestra mano, queridos míos, sino dejad que Dios castigue, pues dice la Escritura: A mí me corresponde hacer justicia; yo daré su merecido a cada uno. Esto es lo que dice el Señor/ Por tanto, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que enrojezca de vergüenza/

No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal a fuerza de bien.

 

*EL CRISTIANO Y LAS AUTORIDADES CIVILES (13, 1-7)

 

Todos deben someterse a las autoridades constituidas. No hay autoridad que no venga de Dios, y las que hay, por él han sido establecidas/ Por tanto, quien se opone a la autoridad, se opone al orden establecido por Dios, y los que se oponen recibirán su merecido/ Los magistrados, en efecto, no están para infundir temor al que se porta bien, sino al que hace el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación/ pues es un instrumento de Dios para ayudarte a hacer el bien. Pero si te portas mal, teme, pues está dotada de poder eficaz y está al servicio de Dios para impartir justicia y castigar al que hace el mal/ Y es preciso que os sometáis, no sólo por temor al castigo, sino por convicción personal/

Por eso pagáis impuestos; quienes los recaudan son como representantes de Dios ocupados en ese oficio/ Dad, pues, a cada cual lo que le corresponda: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; y al que honor, honor.

 

*EL AMOR RESUME LA LEY (13, 8-10)

 

Con nadie tengáis deudas, a no ser la del amor mutuo, pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley/ En efecto, los preceptos no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro que pueda existir, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo/ El que ama no hace mal al prójimo; en resumen, el amor es la plenitud de la ley.

 

*INVITACIÓN A UNA VIDA SANTA (13, 11-14)

 

Conocéis, además, el tiempo que nos ha tocado vivir; ya es hora de que despertéis del sueño, pero nuestra salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando empezamos a creer/ La noche está muy avanzada y el día se acerca; despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz/ Portémonos con dignidad, como quien vive en pleno día. Nada de comilonas y borracheras; nada de lujuria y libertinaje; nada de envidias y rivalidades/ Por el contrario, revestíos de Jesucristo, el Señor, y no fomentéis vuestros desordenados apetitos.

 

*APOYO A LOS MÁS DÉBILES (14, 1-4)

 

Acoged, sin entrar en disputas sobre modos de pensar, al que todavía está poco formado en la fe/ Hay quien piensa que se puede comer de todo, mientras que el poco formado en la fe sólo come vegetales/ El que come todo, que no menosprecie al que no come ciertas cosas; y el que no come ciertas cosas, que no critique al que come de todo, ya que también éste ha sido acogido por Dios/ ¿Quién eres tú para juzgar a un criado que no es tuyo? Si está en pie o si cae, es cosa que sólo le importa a su amo; pero se mantendrá en pie, porque el Señor tiene poder para sostenerlo.

 

*LO ÚNICO IMPORTANTE ES EL SEÑOR (14, 5-12)

 

Hay quien da especial relieve a ciertos días, y hay quien los considera todos iguales; que cada cual actúe según su propia conciencia/ El que piensa que hay que celebrar ciertos días, lo hace por el Señor; el que come de todo, lo hace también por el Señor, y de hecho da gracias al Señor por ello; y el que no come ciertas cosas, se abstiene de comerlas en consideración al Señor, y también da gracias a Dios/ Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo; / si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor. Así pues, tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor/ Para eso murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. / Entonces, ¿cómo te atreves a juzgar a tu hermano? ¿Cómo te atreves a despreciarlo, si todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios? / Porque dice la Escritura:

<Por mi vida, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y todos darán gloria a Dios>/

Así pues, cada uno de nosotros rendirá cuentas a Dios de sí mismo.

 

*PAZ Y CONCORDIA ANTE TODO (14, 13-23)

 

Por tanto, dejemos ya de criticarnos los unos a los otros. Procurad, más bien, no ser ocasión de caída y pecado para el hermano/ Estoy plenamente convencido – pues es palabra de Jesús, el Señor – de que nada es de suyo impuro; sólo resulta impuro para quien así lo considera/ Pero si por comer de un manjar haces daño a tu hermano, ya no vives según el amor. ¡Que no se pierda por cuestiones de comida aquel por quien Cristo murió! / Y no dejéis que se hable mal de lo que es una conquista vuestra/ Porque el reino de Dios no consiste en lo que se come o en lo que se bebe; consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegría que proceden del Espíritu Santo/ Y quien sirve a Cristo de este modo, es grato a Dios y estimado por los hombres/ Así pues, busquemos lo que fomenta la paz y la concordia de unos con otros/ No destruyas la obra de Dios por una cuestión de comida. Todas las cosas son ciertamente puras, pero se convierten en malas para el hombre que, al comerlas, es ocasión de caída para otro/ En semejante caso, lo bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer cualquier cosa que pueda ser ocasión de caída para el hermano/

La fe bien formada que tú tienes, guárdala para tu relación personal con Dios, y dichoso el que pueda tomar una decisión sin sentirse culpable/ Pero si alguien, teniendo dudas de si un alimento está prohibido o no, lo come, se hace culpable al no proceder según su conciencia; en efecto, todo lo que no se hace con buena conciencia es pecado.

 

*JESUCRISTO COMO EJEMPLO (15, 1-13)

 

Los que tenemos una fe bien formada debemos sobrellevar las flaquezas de quienes no la tienen, sin buscar agradarnos a nosotros mismos/ Que cada uno de nosotros trate de agradar al prójimo, buscando su bien y su crecimiento en la fe/ Pues tampoco Cristo buscó complacerse a sí mismo, sino que, como dice la Escritura: Los insultos de los que te ultrajaban cayeron sobre mí/ Y sabemos que cuando fue escrito en el pasado, lo fue para enseñanza nuestra, a fin de que, a través de la perseverancia y el consuelo que proporcionan las Escrituras, tengamos esperanza/ Dios, por su parte, de quien proceden la perseverancia y el consuelo, os conceda vivir concordes a ejemplo de Cristo Jesús, / para que con un solo corazón y una sola boca alabéis a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo/ Por tanto, acogeos unos a otros, como también Cristo os acogió para gloria de Dios/ Porque os digo que ciertamente Cristo se hizo servidor de los judíos para probar que Dios es fiel al cumplir las promesas hechas a nuestros antepasados/ Pero también acoge misericordiosamente a los paganos para que glorifiquen a Dios, como dice la Escritura:

<Por eso te ensalzaré entre las naciones y cantaré en honor de tu nombre>/

Y dice también:

<Alegraos, naciones, juntamente con su pueblo>/

Y de nuevo:

<Alabad al Señor todas las naciones, celebradlo todos los pueblos>/

Y todavía Isaías dice:

<Saldrá un descendiente de Jesé; se alzará para gobernar a las naciones y en él pondrán los pueblos su esperanza>/

Que Dios, de quien procede la esperanza, llene de alegría y de paz vuestra fe; y que el Espíritu Santo, con su fuerza, os colme de esperanza.

 

*RAZÓN DE LA CARTA Y ACTIVIDAD APOSTÓLICA DE PABLO (15, 14-21)

 

Estoy convencido, hermanos míos, de que estáis llenos de bondad, repletos de todo conocimiento, preparados para amonestaros unos con otros/ Con todo, os  he escrito un tanto atrevidamente, con la intención de recordaros algunas cosas. Lo hago en virtud de la gracia que Dios me ha concedido, / de ser ministro de Cristo Jesús entre los paganos, ejerciendo el oficio sagrado de anunciar el evangelio, a fin de que la ofrenda de los paganos, consagrada por el Espíritu Santo, sea agradable a Dios/ Podría enorgullecerme en Cristo Jesús de la tarea llevada a cabo al servicio de Dios, / pero sólo me atreveré a hablar de lo que Cristo ha realizado sirviéndose de mí, para que, con la palabra o con la acción, / a través de signos y prodigios, y con la fuerza del Espíritu Santo, los paganos acogieron la fe. Así que desde Jerusalén y en todas direcciones hasta llegar a Iliria he dado a conocer el evangelio de Cristo/ Eso sí, he procurado no proclamar el evangelio allí donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno; / pues como dice la Escritura:

<Los que nada conocían de él, lo verán

 y los que nada habían oído, entenderán>

 

*PROYECTOS DE VIAJE (15, 22-33)

 

Esto era lo que siempre me impedía llegar hasta vosotros/ Pero ahora, como ya no tengo campo de trabajo en estos países, y hace muchos años que estoy deseando ir a vosotros, / espero visitaros de paso para España; confío en que me encaminaréis hacia allí, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía/

En este momento estoy a punto de salir para Jerusalén, a fin de prestar un servicio a aquellos creyentes, / pues los de Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta a favor de los creyentes necesitados de Jerusalén/ Han tenido a bien, aunque en realidad se trataba de una deuda, pues si los paganos han participado de sus bienes espirituales, justo es que los ayuden en lo material/ Una vez cumplida esta misión y entregado el fruto de esta colecta, partiré para España pasando por vuestra ciudad/ Y sé que, al ir a veros, lo haré con la plena bendición de Cristo/

Por lo demás, hermanos, os ruego por nuestro Señor Jesucristo, y por el amor que el Espíritu ha derramado en nosotros, que pidáis encarecidamente a Dios por mí, / para que no caiga en manos de los que en Judea se oponen a la fe, y esta ayuda que llevo a Jerusalén tenga buena acogida por parte de los creyentes/ De este modo, si Dios quiere, llegaré a vosotros rebosando alegría y podré descansar en vuestra compañía/ Que el Dios de la paz esté con todos vosotros. Amén.

 

*RECOMENDACIONES Y SALUDOS (16, 1-24)

 

Os recomiendo a nuestra hermana Febe, que está al servicio de la Iglesia en Cencreas/ Recibidla en el Señor, como corresponde a creyentes, y ayudadla en lo que necesite de vosotros, pues también ella ha favorecido a muchos, entre ellos a mí mismo/

Saludad a Prisca y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / quienes, por salvar mi vida, se jugaron la suya. Y no sólo tengo que agradecérselo yo, sino todas las Iglesias de procedencia pagana/ Saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludad a Epéneto, tan querido para mí, el primero en creer en Cristo de la provincia de Asia/ Saludad a María, que tanto se ha fatigado por vosotros; / a Andrónico y a Junias, mis paisanos y compañeros de prisión, insignes entre los apóstoles, y cristianos incluso antes que yo/

Saludad también a Ampliato, a quien tanto aprecio en el Señor, / a Urbano, que ha colaborado con nosotros como auténtico cristiano, y a mi querido Estaquis/ Saludad a Apeles, que ha dado pruebas de ser un buen cristiano, y a los de casa Aristóbulo/ Saludos para mi paisano Herodió y para los cristianos de la casa de Narciso; / para Trifena y Trifosa, que han trabajado con afán como auténticas cristianas/ Saludad a Rufo, ese creyente distinguido, y a su madre que es como si fuera mía. / Saludad a Asíncrito,  a Flegón, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que viven con ellos. / Saludad también a Filólogo y a Julia; a Nereo y a su hermana; a Olimpo y a todos sus creyentes que están con ellos/ Saludaos, en fin, unos a otros con el beso santo. Os saludan, a su vez, todas las Iglesias de Cristo/ Os recomiendo, hermanos, que vigiléis a los que promueven divisiones y ponen en peligro la enseñanza que habéis recibido. Apartaos de ellos, / pues esa gente no sirve a Cristo nuestro Señor, sino a su vientre, y con palabras lisonjeras y aduladoras seducen los corazones de los sencillos/ Todos conocen cómo habéis acogido la fe, y me alegro por vosotros, pero quiero que  seáis sagaces para el bien y sin trastienda para el mal/ El Dios de la paz pondrá en breve a Satanás bajo nuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vosotros/ Os saludan Timoteo, mi colaborador, y mis paisanos Lucio, Jasón y Sosípatro/ Y yo, Tercio, que he escrito esta carta, os saludo también en el Señor/ Os saluda Gayo, en cuya casa me hospedo, y en la que se reúne toda la iglesia. Saludos de Erasto, el tesorero de la ciudad, y del hermano Cuarto.

 

*DOXOLOGÍA FINAL (16, 25-27)

 

Al Dios que tiene poder para consolidaros en la fe según el evangelio que yo anuncio y según la proclamación que hago en Cristo Jesús, al Dios que ha revelado el misterio mantenido en secreto desde la eternidad, / pero manifestado ahora por medio de las Escrituras proféticas según la disposición del Dios eterno, y dado a conocer a todas las naciones de modo que respondan a la fe; / a ese Dios, el único sabio, sea la gloria por siempre a través de Jesucristo. Amén.

 

 

 

 

viernes, 10 de marzo de 2017

JESÚS Y SUS SACRAMENTOS (I) : SACRAMENTOS DE LA INIACIÓN


 
 
 
 


Para que nos renováramos por el Espíritu Santo y creciéramos en nuestra vida espiritual, Jesús instituyó sus siete Sacramentos: Bautismo, Penitencia, Eucaristía, Confirmación, Matrimonio, Orden Sacerdotal y Unción de los enfermos.

El Papa Benedicto XVI en su libro, <La alegría de la fe>, nos habla de los Sacramentos como centros de culto de la Iglesia:
“Sacramento significa, en primer lugar, que no somos los hombres los que hacemos algo, sino que es Dios el que se anticipa y viene a nuestro encuentro con su actuar, nos mira y nos conduce hacia él. Pero hay algo todavía más singular: Dios nos toca por medio de realidades materiales, a través de los dones de la creación, que él toma a su servicio, convirtiéndolos en instrumentos del encuentro entre nosotros y Él mismo.

Los elementos de la creación, con  los cuales se construye el <cosmos de los Sacramentos>, son cuatro: el agua, el pan de trigo, el vino y el aceite de oliva.

El agua, como elemento básico y condición fundamental de toda vida, es el signo esencial del acto por el que nos convertimos en cristianos en el Bautismo, pasando del nacimiento a una vida nueva.


                            
 (Fuente de Gibón en Jerusalén)


Mientras que el agua, por lo general, es el elemento vital, y representa el acceso común de todos al nuevo nacimiento como cristianos, los otros tres elementos pertenecen a la cultura del ambiente mediterráneo.

Nos remiten así, al ambiente histórico concreto en el que el cristianismo se desarrolló. Dios ha actuado en un lugar muy determinado de la tierra, verdaderamente ha hecho historia con los hombres. Estos tres elementos son, por una parte, dones de la creación pero, por otra, están relacionados también con lugares de la historia de Dios con nosotros…

 


En estos tres elementos hay una nueva gradación. El pan remite a la vida cotidiana. Es el don fundamental de la vida diaria.

El vino evoca la fiesta, la exquisitez de la creación y, al mismo tiempo, con el que se puede expresar de modo particular la alegría de los redimidos.



El aceite de oliva tiene un amplio significado. Es alimento, es medicina, embellece, prepara para la lucha y vigor. Los reyes y sacerdotes son ungidos con óleo, que es signo de dignidad y responsabilidad, y también de la fuerza que procede de Dios…” (Papa Benedicto XVI. La alegría de la fe. Ed. San Pablo. 2012)


Al reflexionar sobre las palabras del Papa Benedicto XVI, que se refieren a los cuatro elementos esenciales de la creación: agua, pan, vino y aceite, comprendemos que al ser el agua elemento primordial de la vida y por ello, también uno de los símbolos originarios de la humanidad, en el Sacramento del Bautismo, el agua simboliza la tierra materna, la Santa Iglesia que acoge en sí la creación y su representación…

Esta cuestión se pone de manifiesto de forma preclara en el Evangelio de San Juan cuando narra la conversación que Jesús mantuvo con Nicodemo (Jn 3, 1-5):
-Había un hombre de la secta de los fariseos, llamado Nicodemo, magistrado de los judíos.

-Este vino a Jesús de noche y le dijo: <Rabí, sabemos que vienes de parte de Dios como maestro; porque nadie puede hacer esas señales que tú haces, sino es que Dios estuviere con él.>

-Respondió Jesús y le dijo: <En verdad, en verdad te digo, si uno no fuere engendrado de nuevo, no puede ver el reino de Dios.>



-Dícele Nicodemo: < ¿Cómo puede un hombre nacer, si ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y nacer?

Respondió Jesús: <En verdad, en verdad te digo, quien no naciere de agua y espíritu no puede entrar en el reino de Dios.>

Jesús con estas palabras, está proclamando la absoluta regeneración bautismal en el hombre. Según Papa Benedicto XVI,  es comparable al nacimiento natural:
“El Bautismo como ingreso en la comunidad de Cristo es interpretado en este pasaje de la vida de Jesús, como un renacer que – en analogía con el nacimiento natural – responde a un doble principio: el espíritu divino y el <agua como madre universal de la vida natural, elevada en el Sacramento del Bautismo, mediante la gracia a imagen gemela de la Theotokos virginal> (Photina Rech, volumen 2 p. 303).



Dicho de otro modo, para renacer se requiere la fuerza creadora del espíritu de Dios, pero con el Sacramento del Bautismo se necesita también el seno materno de la Iglesia, que acoge y acepta.”

Así mismo, como aseguraba el Papa Francisco en su Audiencia general del 8 de enero de 2014:

"Este es el   Sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia.
Junto a la Eucaristía y la Confirmación forma la así llamada  <Iniciación cristiana>, la cual constituye como un único y gran acontecimiento, que nos configura al Señor y hace de nosotros un signo vivo de su presencia y de su amor"



Los Papas de los últimos siglos nos han hablado largo y tendido sobre los siete Sacramentos de la Iglesia Católica, instituidos por nuestro Señor Jesucristo, pero también ha habido escritores tanto laicos como religiosos, que han aportado sus conocimientos teológicos en este sentido. Entre estos se encuentra de forma destacada Scott Hahn (Nacido el 28 de octubre del 1957), escritor, teólogo y apologista converso estadounidense, muy conocido por sus obras. Este hombre reconoció sin ambages que siendo joven rechazaba a la Iglesia Católica porque estaba convencido de que era mala.
Su conversión se produjo cuando estando ya casado (él era ministro presbiteriano con años de experiencia), se convirtió al catolicismo junto con su esposa al comprender, entre otras cosas, que la contracepción era algo contrario a las leyes divinas.

Este hombre inspirado por Dios, ha tratado de rectificar en su actitud hacia la Iglesia Católica y una vez convertido, ha escrito libros muy interesantes como el titulado: <Comprometidos con Dios. La promesa y la fuerza de los Sacramentos>, en el que reconoce que los Sacramentos fueron instituidos por Jesús y son ritos que se han venido celebrando desde los primeros tiempos de los apóstoles.
Es  muy interesante el análisis realizado por Scott Hahn sobre los siete Sacramentos si se tiene en cuenta que él procedía de la iglesia presbiteriana y en ésta, los Sacramentos  se consideran acciones meramente simbólicas.
Los Papas de todos los tiempos no lo han considerado así, sin embargo en los últimos siglos, el concepto sacramental, desgraciadamente está siendo violado constantemente por algunos cristianos católicos, cuando le dan un carácter fundamentalmente festivo. Algunos incluso olvidando su origen divino, a veces consideran que son consecuencia de las leyes humanas...



En este sentido, San Jerónimo, al comentar el  Evangelio de San Marcos, asegura que antes de acercarnos a los Sacramentos: <Se debe remover todo obstáculo, de modo que no quede ninguno en el alma de aquel que vaya a recibirlos>; más concretamente, refiriéndose al Sacramento del Bautismo, asegura también que: <Los que van a recibirlo deben creer en el Padre, en el Hijo, y en el Espíritu Santo>. 
Este compromiso de fe en el caso del Bautismo de los niños, tendría que estar avalado por los padres de los mismos, los cuales como creyentes, deberían tener muy claro el significado del acto litúrgico y del Sacramento por el que sus hijos entran a formar parte del pueblo de Dios, lo cual, nada tiene que ver  con una especie de acto social cada vez, tristemente, más difundido entre el pueblo cristiano, que se ha dado en llamar <bautismo civil>, adulterando de esa   forma el concepto sacramental del Bautismo.

En este sentido, hay que tener en cuenta que tal como podemos leer en el Catecismo de la Iglesia católica (nº 1223):
“Todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública, tras hacerse bautizar por San Juan Bautista en el Jordán, y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles: <Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar, lo que yo os he mandado> (Mt 28, 19)”.

 

Es evidente, pues, que Jesús en su última aparición a los Apóstoles, les dio la fórmula sacramental, mediante la cual deberían suministrar el Sacramento del Bautismo a los hombres, el cual no era ya el <bautismo penitencial> suministrado por San Juan Bautista a orillas del rio Jordán, al que también el Señor, se quiso someter como <prefiguración>, al comienzo de su vida pública.

Por eso, el Papa San Juan Pablo II, en el Ángelus  del 13 de enero del año 2002, declaraba que el bautismo de Jesús en las aguas del rio Jordán:
“Es, de hecho, la primera manifestación de Jesús como Hijo de Dios, mandado por el Padre a cargar consigo y quitar el pecado del mundo. Nada más ser bautizado, se abrieron los cielos y descendió sobre Él, el Espíritu Santo, como una paloma, mientras que desde lo alto, resonó un anuncio misterioso: <Este es mi Hijo amado, en quien me complazco>.

El Señor se manifestó así como Cristo, consagrado por Dios en el Espíritu Santo, enviado por Él a anunciar a los pobres el gozoso mensaje de la salvación…”

Como ya hemos recordado, en el Sacramento del Bautismo, el agua simboliza la tierra materna, la santa Iglesia, que acoge en sí la creación y la representa. Precisamente en el Concilio de Florencia (Sección 8), se aceptó esta fórmula: <Por el bautismo nacemos de nuevo espiritualmente>. Por eso asegura Scott Hahn en su libro: <Comprometidos con Dios. La promesa y fuerza de los sacramentos> (Ed. Rialp, S.A. Madrid 2004):
“Por el Bautismo entramos en la familia de Dios. Y sólo por el Bautismo podemos disfrutar en plenitud de la vida divina: compartir su mesa, disfrutar de sus cuidados, de su paternal perdón y cariño. Los primeros cristianos vieron en las aguas bautismales el germen de la Iglesia. De la misma manera que el nacimiento es una condición de la familia humana, el Bautismo lo es de los Sacramentos”

 

Por otra parte,  en el Catecismo de la Iglesia Católica, escrito en orden a la aplicación del Concilio Ecuménico Vaticano II (nº 1212), podemos leer que :
“Mediante los Sacramentos de la Iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, se ponen los fundamentos de la vida cristiana.

La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el Sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos Sacramentos de la Iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad (Pablo VI. Constitución Apostólica <Divinae Consortium naturae>) (Ritual de Iniciación Cristiana de adultos, Prenotandos 1-2)”.

 


Así mismo, el Papa Francisco refiriéndose al Sacramento de la Eucaristía (Comunión), y su papel primordial dentro de las familias cristianas, como modo y manera esencial de compartir los bienes de la vida, nos pide que reflexionemos sobre este gran misterio que Dios nos ha otorgado (Audiencia General del 11 de noviembre de 2015):
“Miremos el misterio del Banquete Eucarístico. El Señor entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por todos. De verdad no existe división que pueda resistir a este sacrificio de Comunión; sólo la actitud de falsedad, de complicidad con el mal puede excluir de él.

Cualquier otra distancia no puede resistir a la potencia indefensa de este pan partido y de este vino derramado, Sacramento del Único Cuerpo del Señor.
La alianza viva y vital de las familias cristianas, que precede, sostiene y abraza en el dinamismo de su hospitalidad las fatigas y las alegrías cotidianas, coopera con la gracia de la Eucaristía, que es capaz de crear comunión siempre nueva con su fuerza que incluye y salva”

 


En efecto, la vida de comunión que debe existir en una familia cristiana se encuentra arropada y tiene como modelo el Sacramento de la Eucaristía; más aún, como se indica en el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 1113 y nº 1130):
“Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al Sacrificio Eucarístico y los Sacramentos…

La Iglesia celebra el Misterio de su Señor <hasta que Él venga> y <Dios sea todo en todos> (1 CO 11,26: 15,28). Desde la era apostólica, la liturgia es atraída hacia su término por el gemido, del Espíritu en la Iglesia: ¡Maranatha! (1 Co 16,22)
(Es una transliteración de la palabra aramea <mâran´athâ>, la cual ha sido traducida de diversas formas y que parece ser que se usaba como saludo recordatorio de la Segunda Venida del Señor).
La liturgia participa así en el deseo de Jesús <Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros,… hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios> (Lc 22, 15-16). En los Sacramentos de Cristo, la Iglesia recibe ya las arras de su herencia, participa ya en la vida eterna aunque <aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo> (Tt 2,13).
<El espíritu y la esposa dicen: ¡Ven!... ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 17,20)”

 


Es interesante recordar también, en este momento, las reflexiones realizadas por el Papa Benedicto XVI sobre la institución de la Eucaristía, reflejadas en su libro: <Jesús de Nazaret II>, para comprender, quizás mejor, la grandeza de este Sacramento y su importancia en la vida del cristianismo:
“El llamado relato de la institución, es decir, de las palabras y los gestos con los que Jesús se entregó así mismo a sus discípulos en el pan y en el vino, es el núcleo de la tradición de la Última Cena.

Este relato se encuentra en los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), pero además, también en la primera Carta de San Pablo a los Corintios (1 Co 11, 23-26). Las cuatro narraciones son muy parecidas en su núcleo, pero muestran algunas diferencias en los detalles que se han convertido comprensiblemente en objeto de amplios debates exegéticos.
Se pueden distinguir dos modelos de fondo: por un lado la narración de Marcos, con el cual concuerda en gran parte el texto de Mateo; por otro lado, el texto de Pablo que se asemeja al de Lucas.

El relato paulino es el texto literario más antiguo: la primera Carta a los Corintios fue escrita en torno al año 56 d.C. El período de redacción del Evangelio de Marcos es posterior pero es indiscutible que su texto recoge una tradición muy anterior”

 


Es muy notable además, comprobar la atención que el Sacramento de la Eucaristía a lo largo de todos estos siglos, desde su institución por Jesús, ha suscitado sobre los exegetas y los teólogos en general. Es importante por todo ello prestar gran atención al contenido del mensaje encerrado en este Sacramento para todos los hombres y lo haremos una vez más con la ayuda de algunas reflexiones del Papa Benedicto XVI (Ibid):
“La narración de la institución comienza en los cuatro textos (Sinópticos y primera Carta a los Corintios), con dos afirmaciones sobre el obrar de Jesús que han adquirido un significado esencial para la recepción en la Iglesia de todo el conjunto.

Se nos dice que Jesús <tomó el pan, pronunció la bendición y la acción de gracia>, y lo partió.

Al comienzo se pone la <eucharistía> (Pablo y Lucas), o bien la <eulogía> (Marcos y Mateo): ambos términos indican <berakha>, la gran oración de acción de gracia y bendición de la tradición judía, que forma parte tanto del rito Pascual como de otros convites.

No se come sin dar las gracias a Dios por el don que Él ofrece: por el pan que nace y crece en la tierra y también por el fruto de la vid…

Jesús ha acogido esta tradición. Las palabras de la institución están en este contexto de oración; en ellas, el agradecimiento se convierte en transformación…



Lo segundo que se nos dice es que Jesús <partió el pan>. Partir el pan para todos es principalmente la función del padre de familia, que en cierto modo representa con ello también a Dios Padre que, a través de la fertilidad de la tierra, distribuye a todos nosotros lo necesario para vivir.

Es también el gesto de hospitalidad con la que se hace partícipe de lo propio al extraño, acogiéndolo en la comunidad de la mesa…

El gesto de Jesús se ha transformado así en el símbolo de todo el ministerio, de toda la Eucaristía: en los Hechos de los Apóstoles, y en el cristianismo primitivo en general: <partir el pan> designa la Eucaristía. En ella nos beneficiamos de la hospitalidad de Dios, que se nos da en Jesucristo crucificado y resucitado…”

Volvamos ahora sobre las palabras pronunciadas por Jesús al <partir el pan>. Según Marcos y Mateo fueron simplemente: <Esto es mi cuerpo>, en tanto que Pablo y Lucas añaden algo más a estas palabras iniciales de Jesús: <que será entregado por vosotros>.

 
 
 
Sin duda Jesús sabía lo que iba a suceder, Él sabía que le quitarían la vida en la cruz, y ya desde el primer momento, durante la institución de la Eucaristía, Él ofrece su vida por todos, mediante un acto de su voluntad, libre y voluntario…
Él lo había dicho a sus apóstoles en otra ocasión: <yo doy mi vida, para volverla a tomar>; una frase pronunciada por Jesús, según el Evangelio de San Juan, cuando habló a sus discípulos sobre el tema del <pastor y el rebaño> (Jn 10, 11-17):

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor expone su vida por las ovejas / el que es asalariado y no pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir el lobo y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa / porque es asalariado y no le importa las ovejas / yo soy el buen pastor, y conozco las mías, y las mías me conocen / como me conoce mi Padre, y yo conozco a mi Padre; y doy mi vida por las ovejas / y otras ovejas tengo que no son de este aprisco: esas también tengo yo que recoger, y oirán mi voz, y vendrán a ser un solo rebaño, un solo pastor / por esto me ama mi Padre, porque <yo doy mi vida, para volverla a tomar>”

El Señor dice: <yo soy el buen pastor> una hermosa imagen de sí mismo, con un gran significado para la humanidad, pues según los textos bíblicos antiguos, se denominaba <pastor> al <Mesías> esperado. En boca de Jesús esta expresión es una declaración  de su origen divino. Por otra parte, asegura también: <yo doy mi vida, para volverla a tomar>, que viene a significar, que Él se entrega a la muerte y tiene poder para volver a la vida, para que no perezcan sus ovejas, esto es, para salvar a la humanidad…



Ciertamente al tomar la Santa Comunión, tomamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y participamos de ese Cuerpo y de esa Sangre tal como nos recuerda San Pablo en su Carta a los Corintios, cuando les alerta sobre el peligro de la idolatría y les aconseja que huyan de ella (1 Co 10, 14-16):
“Queridos míos, huid de la idolatría / como a prudentes hablo; juzgad vosotros mismos lo que digo / el cáliz de la bendición que bendecimos ¿No es acaso comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿No es acaso comunión con el cuerpo de Cristo?”

En efecto,  la Eucaristía  es un Sacramento especial que junto al del Bautismo y la Confirmación, hacen al hombre cristiano y por este motivo se han dado en llamar: <Sacramentos de la Iniciación>. Precisamente, como asegura Scott Hahn en su libro <Comprometidos con Dios> (Ibid):
“Algún tiempo después del Bautismo, la Iglesia confiere el Sacramento del fortalecimiento (Confirmación). La palabra <firme> está en el centro del  este Sacramento, y significa una recuperación, una confirmación del cristianismo. Por el Bautismo entramos a formar parte de la familia; gracias a la Confirmación, Dios nos concede su gracia para alcanzar la madurez cristiana.



En Oriente, este Sacramento es llamado Crismación, pues se aplica el aceite crismal durante el rito. Crismal y Cristo provienen de las misma palabra griega: <Christos>, que equivale al hebreo de Mesías. Ambas expresiones significan ungido. Cuando recibimos el crisma somos ungidos, nos hacemos como Cristo, nos hacemos Cristo mismo.

Cristo también fue ungido por el Padre y descendió sobre Él el Espíritu Santo (Jn 1,32). El Padre envió a su Hijo para darnos el Espíritu. Cristo nos otorga una nueva vida con el Bautismo, pero es sólo el principio. <La  recepción del Sacramento  de la Confirmación es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal> (CCE, n. 1285). En la Confirmación recibimos la plenitud de los dones del Espíritu Santo”

Este Sacramento, que en la actualidad goza de poca atención, en cambio para los primeros cristianos era uno de los más importantes, y lo designaban de formas diferentes, como: <La imposición de manos>, <El sello> de Dios ó <La impronta> de Dios…

Así por ejemplo, el apóstol San Pablo en su segunda Carta dirigida a los ciudadanos de Corinto menciona este Sacramento  como el <sello> de Dios (2 Co 1, 20-22):
 
 


“Porque cuantas promesas hay de Dios, en Él son el sí; por lo cual también por mediación de Él se retorna el <Amén a Dios> para gloria por medio de nosotros/ Más el que nos conforta, juntamente con vosotros, en orden a Cristo, y el que nos ungió, Dios es; / el cual además nos marcó con su <sello> y nos dio las arras del Espíritu en nuestros corazones”   

La pregunta que surge es ¿Quién puede recibir este Sacramento? En el Catecismo de la Iglesia católica se encuentra perfectamente especificado (nº 1306):

“Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el Sacramento de la Confirmación. Puesto que Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que <los fieles  tienen obligación de recibir  este Sacramento en tiempo oportuno>, porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el Sacramento del Bautismo es ciertamente válido, pero la iniciación cristiana queda incompleta”

Es una aclaración muy pertinente la realizada en este punto del catecismo, porque sobre todo en los últimos siglos, al Sacramento de la Confirmación se le ha prestado menos atención, en ocasiones, que al del Bautismo o al de la Eucaristía, siendo así que con  este Sacramento de iniciación recibimos el <sello> de Dios a través de la Tercera Persona, el Espíritu Santo.



Concretamente en el rito latino  <el Sacramento de la Confirmación es conferido por la unción  del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Accipe signaculum doni Spiritus Sancti” (recibe por esta señal el don del Espíritu Santo)>.

Por su parte, en las iglesias orientales la unción se realiza sobre las partes más significativas del cuerpo, esto es: la frente, los ojos, la nariz, los oídos, los labios, el pecho, la espalda, las manos y los pies, y cada unción se acompaña de esta fórmula: “Sello del don que es el Espíritu Santo”



Precisamente el Papa Pablo VI pronunció el 30 de junio de 1968 una <solemne Profesión de fe>, con motivo de la clausura de la conmemoración  del XIX centenario del martirio de San Pedro y San Pablo, así como de la terminación del que fue llamado <año de la fe>, y en ella  refiriéndose a la Tercera Persona del Misterio Trinitario aseguró que los cristianos católicos:

“Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificador que, con el Padre y el Hijo, es juntamente adorado y glorificado. Que habló por los profetas; nos fue enviado por Cristo después de su resurrección y ascensión al Padre; ilumina, vivifica, protege y rige la Iglesia, cuyos miembros purifica con tal que no desechen la gracia. Su acción, que penetra lo intimo del alma, hace apto al hombre de responder a aquel precepto de Cristo: <Sed perfectos como también es perfecto vuestro Padre celeste> (Mt 5, 48)”