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lunes, 24 de agosto de 2020

NATANAEL (BARTOLOME) LE PREGUNTO AL SEÑOR: ¿DE QUE ME CONOCES?




Narra, en efecto, el apóstol san Juan  que tras la primera entrevista de Andrés y Pedro con Jesús, más concretamente al día siguiente, se produjo el encuentro del Señor con Felipe y Natanael (Jn 1, 43-51): “Al día siguiente determinó Jesús salir para Galilea, y halla a Felipe, y le dice: sígueme / Era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro / Halla Felipe a Natanael, y le dice: Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y los Profetas igualmente, le hemos hallado: Jesús, hijo de José, el de Nazaret / Y le dijo Natanael: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Dice  Felipe: Ven y lo verás / Vio Jesús a Natanael venir hacia sí y dice de él: Ahí tenéis verdaderamente un israelita, en quién no hay dolo / Dice  Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes de que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi / Respondió Natanael: Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel / Respondió Jesús y le dijo: ¿Por- que te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Mayores cosas que éstas verás / Y le dice: En verdad os digo, veréis el cielo abierto y a los ángeles del cielo que suben y bajan sobre el Hijo del hombre”

 
 
 
Natanael, tradicionalmente, es identificado con el apóstol del Señor llamado Bartolomé, seguramente porque en el Evangelio  del apóstol San Juan (Jn 1, 43-51), es asociado a la figura del apóstol Felipe y así mismo en los Evangelios sinópticos  es nombrado después  de éste. Así, por ejemplo, leemos en el Evangelio de Mateo (Mt 10, 1-4): “Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus inmundos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias / Los nombres de los doce Apóstoles son: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; luego Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan / Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo / Simón el cananeo, y Judas Iscariote, el que le entregó”

 
Es lógico, considerar que Bartolomé (Bar-Tôlmay ó hijo de Tôlmay), era el apellido patronímico del que llevaba el nombre propio de Natanael. Sea como fuere, desde el momento en que este hombre se acercó a Cristo, ya no se separó de Él, ni de sus discípulos. Ciertamente como nos decía el Papa Benedicto XVI en su libro <Cuando Dios llama>( Antología. Alberto García Ruiz. Ed. Rialp. S.A. 2010):

 
Sin duda recordar la vocación  Natanael  nos ofrece la posibilidad de reflexionar profundamente sobre el conocimiento de Dios, si tenemos en cuenta la respuesta de Felipe a la pregunta de éste sobre el origen de Jesús: “Ven y lo verás”.

Nuestro conocimiento de Jesús, tiene necesidad sobre todo de una experiencia viva. Más aún, como también  asegura el Papa Benedicto XVI, en su <Audiencia general>  del 4 de octubre de 2006, de un testimonio, pero no de cualquier persona, sino de alguien muy importante para los hombres, y ese alguien no puede ser nadie más que Jesús, el Salvador. Ahora bien, nosotros a cambio, tenemos que quedar comprometidos personalmente con Él, en una relación íntima y verdadera. Por consiguiente, la respuesta de Felipe: <Ven y lo veras>, fue contundente y muy adecuada para la pregunta provocativa de su amigo.



Indudablemente que algo muy personal, desconocido para cualquiera que no fuera Dios, tendría que ser aquello que sucedió a Natanael debajo de la higuera y, algo digno de elogio del Señor, al recibirle con aquellas palabras tan significativas: “Ahí viene verdaderamente un israelita, en quien no hay dolo”

Por tanto, aquello que ciertamente debemos destacar de este pasaje de la vida de Jesús, es la respuesta positiva de Natanael  a su llamada. Tal como nos manifiesta el Papa Benedicto XVI  (Ibid):

 
 
 
“De todos modos, lo que más cuenta en la narración de los hechos acaecidos, es la confesión de fe que al final profesa Natanael de manera límpida (Juan 1,49). Si bien no alcanza la intensidad de la confesión de Tomás con la que concluye su Evangelio San  Juan: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,28). La confesión de Natanael tiene la función de abrir el terreno al cuarto Evangelio. En ésta se ofrece un primer e importante paso en el camino de la adhesión a Cristo. Las palabras de Natanael presentan un doble y complementario aspecto de la identidad de Jesús: es reconocido tanto por su relación  especial con el Padre, del que es Hijo Unigénito, como por su relación con el pueblo de Israel, de quien es llamado Rey, atribución propia del Mesías esperado”

 
Como podemos comprobar por sus palabras, el Papa Benedicto XVI piensa que la respuesta de Natanael a Jesús, abre camino a los hombres para solidarizarse con Cristo, proclamando la doble naturaleza del mismo, divina y humana, pero teniendo mucho cuidado en las interpretaciones, tal como sigue diciéndonos: “Nunca tenemos que perder de vista ninguno de estos dos elementos, pues si proclamamos sólo la dimensión celestial de Jesús corremos el riesgo de hacer de Él un ser etéreo y evanescente, mientras que si sólo reconocemos su papel concreto en la historia, corremos el riesgo de descuidar su dimensión divina, que constituye su calificativo propio”

 
Precisamente las investigaciones, de algunos especialistas en el estudio de las Sagradas  Escrituras, sobre el <Jesús histórico>, han sido objeto de gran interés en los siglos pasados, siendo muchos los análisis realizados, centrados fundamentalmente, en la observación meticulosa y detallada de los Evangelios y/o en los restos arqueológicos de la época en que vivió  Jesús. Sin embargo hay que decir que desgraciadamente no todos los análisis, han llevado  a conclusiones respetuosas con el carácter divino de la figura de Cristo.


 
Estas palabras del Jesús,  en el sentido literal, sólo puede significar que Él resucitará y ascenderá a los cielos, es más, en un sentido espiritual más amplio, se verificó durante toda su vida, en la cual fue una realidad aquella comunicación del cielo con la tierra, que Jacob vio en sueños bajo la imagen de la escala por la cual los ángeles subían y bajaban, cuando Yahveh  prometió la tierra, sobre la que descansaba, a él y a sus descendientes  (Gen 28, 10-13).


Según estos datos,  fue un apóstol viajero,  teniendo que soportar grandes calamidades debido a la incomprensión y brutalidad de los habitantes de algunos de los  países por los que pasó. De cualquier forma y a pesar de la escasa información existente sobre la labor evangelizadora de Natanael, es interesante recordar que algunos historiadores de la antigüedad como por ejemplo, Eusebio de Cesarea (Siglo IV), hacen referencia a que se habría encontrado en la India los signos de la presencia de Bartolomé (Historia Eclesiástica V, 10, 3). En general, es aceptado el hecho de que este apóstol llevó consigo un ejemplar del Evangelio de san Mateo, escrito en arameo, dejando una copia en dicho país. Existen también muchas  leyendas recogidas por los hagiógrafos, cuya veracidad no ha sido totalmente contrastada, pero que la tradición de la Iglesia ha conservado por la riqueza de su ejemplo evangelizador.

 Se cuenta, entre otras muchas historias, que al llegar el apóstol a Armenia, tuvo lugar un gran prodigio, pues sucedió que el rey de aquel país se encontraba en el templo con toda su corte escuchando los oráculos que desvelaba el demonio por boca de un ídolo llamado Astarot, y apenas el apóstol entró en el templo el maligno enmudeció. Los idólatras acudieron a otro oráculo para informarse de las causas de este enmudecimiento, a lo que el demonio respondió por boca del mismo, que la causa era sin duda la presencia del hombre santo recién llegado.

 
 
 
 
 
Según sus hagiógrafos, el rey se encontraba por entonces, muy consternado por la enfermedad de una hija suya, que parecía estar poseída por el diablo, y al saber de los poderes de Bartolomé le rogó que sanara a su hija; éste así lo hizo con gran júbilo del monarca y de toda la corte. Gracias a esta feliz circunstancia el apóstol podría haber realizado su labor evangelizadora con relativa tranquilidad,  pero la envidia pronto haría su aparición entre los no conversos causando finalmente  la muerte por martirio del apóstol. 

 
La muerte de san Bartolomé tuvo lugar muy probablemente por despellejamiento, terrible martirio si se tiene en cuenta que el fallecimiento, en tal caso, no se produce de forma inmediata sino después de terribles dolores por agotamiento. Miguel Ángel representó al apóstol Natanael (Bartolomé) en el mural del <Juicio final> en la Capilla Sixtina, y lo hizo mediante un autorretrato con la piel en la mano, aceptando el hecho del terrible martirio al que fue sometido.

 


 

jueves, 20 de agosto de 2020

JESÚS RESTABLECIÓ LA ORIGINARIA INDISOLUBILIDAD DEL MATRIMONIO




En efecto, así lo expresó Nuestro Señor Jesucristo en su <Sermón de la montaña>, (Mt  5, 31-32): “Se ha dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé el libelo de repudio / Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la expone a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio”

 
 
 
Sí, <la ley de Moisés> (Dt 24, 1-4) toleraba el divorcio por la dureza del corazón de los hebreos. Jesús hablo de la originaria indisolubilidad del matrimonio tal como relató san Mateo en su evangelio, al menos en dos ocasiones. La primera en el Sermón de la montaña como acabamos de recordar y posteriormente cuando Jesús terminó su recorrido por Galilea para dirigirse a la región de Judea, a la otra orilla del Jordán.


Sucedió que se acercaron a él unos fariseos, cuando se encontraba curando y evangelizando a la multitud que siempre le seguía, y aquellos hombres para probarle y al mismo tiempo ponerle en evidencia ante aquella gente le hicieron esta pregunta: ¿Puede uno separarse de su mujer por cualquier motivo? (Mt 19, 4-8): “Jesús respondió: ¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y hembra / y que dijo: <Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos uno solo? / De manera que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre> / Replicaron: Entonces, ¿Por qué mandó Moisés que el marido diera acta de divorcio a su mujer para separarse de ella? / Jesús dijo: Moisés os permitió separaros de vuestras mujeres por vuestra incapacidad para entender, pero al principio no era así / Ahora yo os digo: El que se separa de su mujer, excepto en caso de unión ilegítima, y se casa con otra, comete adulterio”


La respuesta es clara, pero incluso los apóstoles se sorprendieron ante la misma, aunque ya la habían escuchado en otra ocasión y por eso le dijeron (Mt 19, 7): <Si tal es la situación del hombre con respecto a su mujer, no tiene cuenta casarse>.
Un comentario que incluso en nuestro tiempo  suele estar <a la orden del día> como se suele decir, pero Jesús sin inmutarse ante este ligero reproche de sus apóstoles siguió diciéndoles (Mt 19, 11-12): “<No todos comprenden esta doctrina, sino aquellos a quienes les es concedido / Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los hombres y los hay que a sí mismos se hicieron tales por el reino de Dios ¡El que sea capaz de hacer esto que lo haga!>”

 
Jesús en estos últimos versículos incluso habla de la continencia perpetua para los que quieran consagrarse exclusivamente al reino de Dios, aunque da por sentado que no todos serán capaces de ésta renuncia que supone una vida virginal. Por eso dice: ¡El que sea capaz de esto que lo haga!

 
 
 
 
Otro testimonio importante al respecto de la indisolubilidad del matrimonio lo encontramos en la Carta del apóstol san Pablo a los efesios  cuando les habla de los deberes recíprocos de los casados (Ef 5, 25-32): “Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella / a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra / para prepararse una Iglesia gloriosa sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa y perfecta / Así los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama así mismo / Porque nadie odia jamás a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida, como hace Cristo con la Iglesia / pues somos miembros de un cuerpo / -Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una misma carne- / Este es un gran misterio que yo aplico a Cristo y a la Iglesia”

 
Todavía en otra ocasión tocó el tema del matrimonio el apóstol san Pablo, lo hizo en su primera Carta a los corintios, donde llega a decir (1 Co 7, 10-11): “A los casados les mando (es decir el Señor, no yo) que la mujer no se separe del marido / y si se separa que no se case o que se reconcilie con su marido, y que el marido no se divorcie de la mujer”



También aquí, salvando la absoluta transcendencia del Creador respecto a la criatura, emerge la referencia ejemplar al <nosotros> divino. Solo las personas son capaces de existir <en comunión>. La familia arranca de la comunión conyugal que el Concilio Vaticano II califica como <Alianza> por la cual el hombre y la mujer <se entregan y aceptan mutuamente>”  (Carta a las familias dada en Roma el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor 1994).

No obstante, como el día a día nos demuestra, esta comunión puede verse afectada por diversos factores, entre los que caben destacar la infidelidad,  los <malos tratos>, e incluso la violencia doméstica, por parte casi siempre del hombre hacia la mujer, con algunas raras excepciones. Situaciones así, si no se corrigen a tiempo, pueden llevar a desenlaces desastrosos, como el divorcio, o  luctuosos como el suicidio, o el asesinato, tema este último, por desgracia,  ya presente en el siglo pasado y que cada vez se sigue  produciendo  con mayor frecuencia  en lo que llevamos de éste. Todo esto, da lugar al sufrimiento no solo de los conyugues y de los hijos, sino también del resto de la familia, aunque siempre hay que tener presente la acción del Espíritu Santo,  como aseguraba el Papa san  Juan Pablo II (Ibid):

 
 
 
“La experiencia humana enseña que el amor humano, orientado por su naturaleza hacia la paternidad y la maternidad, se ve afectado a veces por una crisis profunda, y por tanto se encuentra amenazado seriamente. En tales casos, habrá que pensar en recurrir a los servicios ofrecidos por los consultorios matrimoniales y familiares, mediante los cuales es posible encontrar ayuda, entre otros, de psicólogos y psicoterapeutas específicamente preparados.

 
Sin embargo, no se puede olvidar que son siempre válidas las palabras del Apóstol: <Doblé mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre la familia en el cielo y en la tierra> (Ef 3, 14-15). El matrimonio, el matrimonio Sacramento, es una alianza de personas en el amor. Y el amor puede ser profundizado y cuestionado solamente por el amor, aquel que es derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado> (Rm 5, 5)”

 
Sin embargo, es evidente que el vínculo conyugal se ve muy afectado en la actualidad, por ambientes sociales hostiles y perniciosos que estimulan la búsqueda del <yo> y no del <nosotros> que es la única fórmula verdaderamente adecuada para que la unión en la pareja prospere con <el pasar del tiempo>. De esta forma, el <individualismo>, juega una <mala pasada> al Sacramento del matrimonio y por tanto a la familia. Está comprobado, la búsqueda del <yo>, olvidándose del <otro>, conduce al individualismo. Por eso, el Papa san Juan Pablo II advertía con razón  que:

 
 
 
 
“El individualismo supone un uso de la libertad, por el cual, el sujeto hace lo quiere, <estableciendo> él mismo <la verdad> de lo que le gusta o le resulta útil. No admite que otro <quiera> o exija algo de él en nombre de una verdad objetiva. No quiere <dar> a otro basándose en la <verdad>; no quiere convertirse  en una <entrega sincera>. El individualismo es, por tanto, egocéntrico y egoísta. La antítesis con el personalismo nace no solamente en el terreno de la teoría, sino aún más en el del <ethos>. El <ethos> del personalismo es altruista: mueve a la persona a entregarse a los demás y a encontrar gozo en ello. El gozo del que habla Cristo (Jn 15, 11; 16, 20-22)” (Carta a la familia. Juan Pablo II. Dada en Roma el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, del año 1994. Decimosexto de su Pontificado).

 
Como aseguraba también este santo Pontífice, allá por el año 1981, la Iglesia de Cristo siempre estará al servicio de las familias, porque aunque es cierto que en los últimos siglos este patrimonio ha sufrido en sus propias carnes, las embestidas de una sociedad muy anticlerical y laicista, la Iglesia permanece siempre fiel a sus deberes para con ella (Ibid):

 
 
 
“La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen unos de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer ayuda a todo aquel que, convencido ya del valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlos fielmente…”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 16 de agosto de 2020

DIOS APLICA SU JUSTICIA AL HOMBRE EN CUANTO FUERZA SALVADORA Y LIBERADORA


 



Por otra parte, se comprueba día a día que cada vez más personas  se empeñan en ignorar que el Señor impartirá su justicia en cuanto <Fuerza Salvadora y Liberadora> al final de los tiempos. Alguien podría aducir ante esta verdad aplastante, que ello sería injusto para los seres humanos, sin embargo como podemos leer en el libro -Los caminos de la vida interior- del Papa Benedicto XVI (Ed. Chronica S.L. 2011):

“La protesta contra Dios en nombre de la justicia no vale. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza (Ef 2, 12), porque sólo Dios puede crear justicia.  La fe nos da esta certeza… Por otra parte, la imagen del <Juicio Final>, no debería ser una imagen terrorífica para los hombres, sino una imagen de esperanza; quizás la única imagen decisiva de la esperanza…”


Más concretamente el Papa Benedicto XVI se refiere a aquellos versículos en los que san Pablo les habla a los efesios de  los tiempos pasados, cuando ellos  no habían conocido aún a Cristo y llevaban una vida relajada e inmersa en la corrupción (2, 11-14):

“Recordad, por tanto, que en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, los llamados <sin circuncisión> -practicada por mano de hombre en carne- / vivíais entonces sin Cristo, erais ajenos a la ciudadanía de Israel, extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo / Ahora, sin embargo, por Cristo Jesús, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo / En efecto, Él es nuestra paz: el que hizo de los dos pueblos uno solo y derribó el muro de la separación y la enemistad”

 Ciertamente cumplir con el <Mensaje de Cristo> no era tarea fácil, por entonces, ni después; por supuesto, no lo es en estos momentos, a causa de  la tendencia de los seres humanos a dejarse influenciar por las llamadas y consejos de aquellos que son acólitos del <mortal enemigo>. Por eso, san Pablo aunque en aquella ocasión no mencionaba directamente el <Juicio Final>, al que todos los hombres deberemos someternos al final de los siglos, sí que les hablaba de las <armas para la lucha contra el mal> (Ef 6, 10-13):


 
 
 
“Reconfortaos en el Señor y en la fuerza de su poder / revestíos  con la armadura de Dios para que podáis resistir  las asechanzas del diablo / porque nuestra lucha no es contra los adversarios de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de las tinieblas, contra los espíritus del mal que tienen su morada en un mundo supra-terreno / Por eso debéis empuñar las armas que Dios os ofrece, para que podáis resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin ceder terreno”         

 
Todo esto está muy bien, dirán algunos, pero hablar del maligno, y por tanto de forma implícita del <Juicio de Dios> al final de los tiempos: ¿No es quizás una idea que infunde pavor? A esta pregunta el Papa respondía con gran sensatez y verdad (Ibid):

 
 
 
“Yo diría que se trata de una imagen  que exige la responsabilidad del hombre. Es una imagen que infunde ese pavor al que se refería san Hilario cuando decía que todo nuestro miedo está relacionado con el amor… Dios es justicia y crea justicia. Éste es nuestro consuelo  y nuestra esperanza. Pero en su justicia está también la gracia. Esto lo descubriremos dirigiendo la mirada hacia Cristo Crucificado y Resucitado. Ambas <justicia y gracia> han de ser vistas en su justa relación interior. La gracia no excluye la justicia. No convierte la injusticia en derecho. No es un cepillo que barre todo, de modo que cuanto he hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor… Al final los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada…”

 
Ciertamente, al final los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada. Lo dijo Jesucristo según el evangelio de san Mateo durante su –Discurso Escatológico- (Mt 25, 31-46):

“Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria / Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa a las ovejas de los cabritos / y pondrá a las ovejas a un lado y los cabritos a otro / Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre tomad, posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo / Porque tuve hambre, y me distéis de comer; tuve sed y me distéis de beber; era forastero, y me alojasteis / estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y fuisteis a verme / Entonces le responderán los justos: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? / ¿Cuándo te vimos forastero y te alojamos, o desnudo y te vestimos? / ¿Cuándo te vimos enfermo  o en la cárcel y fuimos a verte? /


 
 
 
El rey responderá: Os aseguro que cundo lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis / Después dirá a los del otro lado: Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles / Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed , y no me disteis de beber / fui forastero, y no me alojasteis; estaba desnudo y no me vestisteis y en la cárcel, y no me visitasteis / Entonces responderán también éstos diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? / Y él les responderá: Os aseguro que cuando dejasteis de hacerlo con uno de estos pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo / E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”    

 
Por eso, como muy bien decía san Pablo,  a los efesios y por extensión a todos los creyentes a lo largo de los siglos (Ef 6, 13-19): “Poneos  la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y, tras vencer en todo, permanezcáis firmes, ceñidos en la cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia / y calzados los pies, prontos  para proclamar el Evangelio de la paz / tomando en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del maligno / Recibid también el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu Santo, que es la Palabra de Dios / mediante las oraciones y suplicas, orando en todo tiempo movidos por el Espíritu, vigilando además con toda constancia y suplica por todos los santos”

 

 
 
 
Estos consejos de san Pablo son muy adecuados para los tiempos que corren en este nuevo milenio, en el que seguimos estando en un <tiempo escatológico>; desde la entrada de Cristo en el mundo, seguimos esperando la llegada de la Parusía, aunque no sabemos la fecha en la que tendrá lugar… Sin embargo en su momento, el <Juicio Final>, tendrá lugar. Los hombres no hemos sido informados por Dios del momento justo en que esto sucederá, pero Cristo su unigénito Hijo, nos ha informado que sucederá y que entonces Él mismo volverá para impartir <Justicia Salvadora y Liberadora> (Lc 21, 25-27): “Habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas y en la tierra angustia en las gentes, desatinados por el mugido del mar y del oleaje / perdiendo el hombre el sentido por el terror y la ansiedad de lo que va a sobrevenir al mundo, porque los ejércitos de los cielos se bambolearán / Y entonces verán al Hijo del hombre viniendo en una nube con gran poderío y gloria”

 
Son las palabras de Cristo anunciándoles a sus apóstoles y por extensión, a los hombres de todos los tiempos, su futuro regreso a la tierra para juzgar a vivos y muertos. Por otra parte, en el Evangelio de san Lucas también podemos leer algunos consejos para que estemos prevenidos ante estos sucesos (Lc 21, 34-36): “Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, la embriaguez y los afanes de esta vida, y aquel día no sobrevenga de improviso sobre vosotros / porque caerá como un lazo sobre todos aquellos que habitan en la faz de toda la tierra / Vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre”

 
Ciertamente los creyentes debemos ser testigos de Dios en el mundo, pero para ello es necesario sobre todo que demos testimonio con nuestra propia vida, practicando la caridad y el perdón entre los hermanos. Ambas cosas no son fáciles siempre de llevar a la práctica pero con la inestimable ayuda del Espíritu Santo y en cooperación con la santa  <Madre Iglesia> y constante oración, el Señor nos ha dicho que  se puede conseguir.


 
 
 
Por eso sin los consejos de Cristo, sin Él, el hombre no sabe adónde ir, ni tampoco logra entender quién es. En este sentido, el Papa Benedicto XVI manifestaba (Ibid): “Antes los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la Palabra de Jesucristo que nos hace saber: <Sin mí no podéis hacer nada> (Jn 15, 5). Y nos anima: <Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el final del mundo> (Mt 28, 20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia”

 

Los creyentes sabemos que Dios aplica su Justicia en cuanto <Fuerza Salvadora y Liberadora>. Dios antes de crear el mundo, desde la eternidad decidió salvar al hombre, pero en este nuevo milenio la humanidad toda: ¿Espera ser salvada? Para responder a esta difícil pregunta viene en nuestra ayuda una vez más el Papa Benedicto XVI (Ibid): “Da la impresión de que muchos hombres consideran que Dios es ajeno a sus intereses. Aparentemente no tienen necesidad de Él, viven como si no existiera y, peor aún,  como si fuera un <obstáculo>, que hay que quitar  para poder realizarse. Por otra parte, entre los creyentes algunos se dejan atraer por seductoras quimeras y desviar por doctrinas engañosas que proponen atajos ilusorios para alcanzar la felicidad”


 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

martes, 11 de agosto de 2020

LA IGLESIA NO ES OTRA COSA QUE LA FAMILIA DE DIOS









COMO PODEMOS LEER EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA: “Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Familia Sagrada de José y María. La Iglesia no es otra cosa que la familia de Dios" (nº1655) "Desde sus orígenes, el núcleo de Iglesia estaba a menudo constituido por los que con toda su casa, habían llegado a ser creyentes. Cuando se convertían deseaban también que se salvase toda su casa. Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente” (nº1656) *********************************************************************************************************************** En nuestros días, en un mundo fuertemente extraño e incluso muchas veces, hostil a la Iglesia, las familias creyentes tienen una importancia primordial, como faros en la oscuridad, alumbrando el camino que Jesús nos marcó. En este sentido, el Papa Juan Pablo II, gran propagador de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, y al que se debe la aprobación y la orden de publicación del correspondiente Catecismo de la Iglesia Católica, destacó la importancia de la herencia familiar. En efecto, a los siete años de su Pontificado, escribió una carta a todos los jóvenes del mundo, con ocasión del Año Internacional de la Juventud, donde destacaba la importancia de la herencia familiar (Carta a la juventud de Juan Pablo II dada en Roma el 31 de mayo de 1985): “La historia de la humanidad pasa desde el comienzo, y pasará hasta el final, a través de la familia. El ser humano forma parte de ella mediante el nacimiento que debe a sus padres: al padre y a la madre, para dejar en el momento oportuno este primer ambiente de vida y amor y pasar a otro nuevo. Al dejar al padre y a la madre cada uno y cada una de vosotros contemporáneamente, en cierto sentido, lleva dentro con sigo, asume, la herencia múltiple, que tiene su comienzo directo y su fuente en ellos y en su familia. De este modo, aun marchando, cada uno de vosotros permanece; la herencia que asume lo vincula establemente con aquellos que se la han transmitido y a los que debe tanto….La herencia familiar se extiende de este modo, y a través de la educación familiar participáis también en la historia de vuestro pueblo o nación”************************************** Sin duda la Iglesia Católica, iluminada por la fe, siente la necesidad perenne de anunciar el Evangelio, en particular a aquellos hombres y mujeres que tienen vocación para formar una familia porque en un mundo en el que el paganismo amenaza con ser cada vez más intenso y profundo, es necesario proclamarlo, es preciso y vital una Nueva Evangelización, que reconduzca, a la sociedad hacia la verdadera y única liberación, como han asegurado, durante los últimos siglos, los representes de Cristo sobre la tierra. Por otra parte, la Iglesia debe recordar a los jóvenes cuya vocación es formar una familia cristiana que: “Remontarse al principio del gesto creador de Dios es una necesidad para ella, si quiere conocerse y realizarse según la verdad interior no sólo de su ser, sino también de su actuación histórica” (Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II, Familiaris Consortio 1981) ************************************* Son palabras importantes de un Papa santo, que sin duda, hizo reflexionar a la humanidad sobre el papel fundamental de la familia, en aquellos momentos de la historia, que ya pertenecen al siglo pasado, pero que siguen teniendo total vigencia en el siglo actual, si cabe en mayor medida. Este Pontífice fue un gran intercesor y paladín de la familia; había recibido un hermoso ejemplo sin duda, de la suya propia, y lo demostró constantemente a través de sus Cartas, Homilías, Catequesis y un largo etc. Así, por ejemplo, en el año 1994, estando ya muy cercano un nuevo siglo, pronunciaba palabras, llenas de sabiduría y afecto, dirigidas a las familias durante la celebración de la fiesta de la Presentación del Señor: “Entre los numerosos caminos para la Iglesia de Cristo, la familia es el primero y el más importante…Cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa que pesará posteriormente durante toda la vida. La Iglesia, con afectuosa solicitud está junto a quienes viven semejante situaciones, porque conoce bien el papel fundamental que la familia está llamada a desempeñar. Sabe, además, que normalmente, el hombre sale de la familia para realizar, a su vez, la propia vocación de vida en un nuevo núcleo familiar”************************************************************************************************************* Vivir dentro de una familia propia, es importante para los niños y por eso, la familia es la roca sobre la que se forma y sostiene la sociedad humana y así, cuando la roca, no es tal roca, sino que está constituida por una montaña de arena, finalmente ésta se desmoronará, se vendrá abajo, causando con ello un gran daño, no sólo a los hijos, sino a los padres y al resto del entorno familiar… Ciertamente este es un tema que preocupa enormemente a la Iglesia desde hace muchos siglos, durante los cuales se ha ido fraguando el derrumbamiento de las bases que sustentan la familia: amor, templanza, paciencia, comprensión y sobre todo sentido moral y cristiano de la vida******************************************************************************************************************* Como antes hemos recordado, en los últimos siglos la evolución de la sociedad ha tendido hacia un comportamiento paganizado. Se puede observar en muchos aspectos de la vida diaria, tanto en el campo de las costumbres cotidianas, como en el mundo de la moda o de la recreación y con ello la sociedad se va alejando cada vez más de Dios. Estos síntomas ya fueron observados a comienzos del siglo pasado por hombres juiciosos e insignes como el premio Nobel de la literatura, D. Jacinto Benavente, el cual en su obra de teatro -Cuando los hijos de Eva no son de Adán- estrenada el año 1931, hacia hablar así, a un padre desconsolado por el rumbo que había tomado su familia: “Hemos sido superiores a todos. Hemos vivido libremente. Ni religión, ni moral, ni preocupaciones sociales, ni matrimonio, ni familia, ni siquiera un hogar. Nuestros hijos entre extraños, y extraños entre ellos… Quizás nos hemos anticipado a lo que quiere ser la humanidad futura, y quizás hemos vuelto a lo que era la humanidad en la antigüedad… ¿Por qué no ha de serlo al fin del mundo, que se muere de viejo y de podrido…? Un mundo que se ha olvidado de Dios…como nosotros lo hemos olvidado ¿Pensamos en Él nunca? ¿Nos ha importado nunca ninguna ley divina ni humana? Hemos vivido libremente, libremente…”*********************************************************************************************************** Ya a principios del siglo pasado, el divorcio era una cosa relativamente frecuente entre las parejas aún católicas y la infidelidad matrimonial, era considerada como algo inevitable y en muchos casos hasta deseable, normalmente en los ambientes sociales más refinados y pudientes. El modernismo había calado hondo a todos los niveles sociales, tal como habían denunciado con anterioridad todos los Pontífices de la Iglesia católica. A finales de siglo XX, el Papa san Juan Pablo II entristecido por los problemas de las familias, como consecuencia de estos y otros hechos acecidos durante el mismo, se expresaba en los siguientes términos (Carta Apostólica, dada en Roma el 31 de marzo de 1985): “Hoy en día los principios de la moral cristiana matrimonial son presentados de un modo desfigurado en muchos ambientes. Se intenta importar a ambientes y hasta sociedades enteras, un modelo que se autoproclama progresista y moderno.No se advierte entonces que en este modelo el ser humano, y sobre todo, quizás la mujer, es transformado de sujeto en objeto (objeto de manipulación específica), y todo el gran contenido del amor es reducido a mero placer, el cual, aunque toque ambas partes, no deja de ser egoísta en su esencia. Finalmente, el niño, que es fruto y encarnación nueva del amor de los dos, se convierte cada vez más en una añadidura fastidiosa. La civilización materialista y consumista penetra en este maravilloso conjunto conyugal-paterno y materno, y lo despoja de aquel contenido profundamente humano que desde el principio llevó una señal y un reflejo divino”************************************************************************* Preocupación extrema era para este Papa en una sociedad tan materialista el tema de la defensa de cualquier vida, y particularmente la del niño no nacido (Cruzando el umbral de la Esperanza. Ed. Círculo de lectores): “La cuestión del niño concebido y no nacido es un problema especialmente delicado, y sin embargo claro. La legalización de la interrupción del embarazo no es otra cosa que la autorización dada al hombre adulto -con el aval de una ley instituida- para privar de la vida al hombre no nacido y, por eso, incapaz de defenderse. Es difícil poder pensar en una situación más injusta, es de verdad difícil poder hablar aquí de obsesión, desde el momento en que entra en juego un fundamental imperativo de toda conciencia recta: la defensa del derecho de la vida de un ser inocente e inerme. Con frecuencia se presenta la cuestión como derecho de la mujer a una libre elección frente a la vida que ya existe en ella, que ella ya lleva en su seno: la mujer tendría el derecho a elegir entre dar la vida y quitar la vida al niño concebido. Cualquiera puede ver que esta es una alternativa aparente. No se puede hablar de derecho a elegir cuando lo que está en cuestión es un evidente mal moral, cuando se trata simplemente del mandamiento de ¡No matar!”************************************ Los hombres de buena voluntad saben que este mandamiento dado por Dios, impreso en lo más profundo de sus corazones, no prevé excepción alguna, sabe, que un niño concebido en el seno de la madre jamás es un agresor injusto, es por el contrario un ser indefenso que espera ser acogido con amor en el seno de una familia. Familia, que Nuestro Señor Jesucristo ha elevado a niveles extraordinarios, viniendo a nacer y crecer en el seno de una de ellas, la familia de Nazaret. Sin embargo, algunos hombres y mujeres inducidos, por las dificultades económicas, por un afán de modernismo mal entendido, o lo que es peor, por una escucha indebida del padre de la mentira, Satanás, han sido avocados a utilizar leyes que justifican comportamientos malvados con los niños concebidos en el seno de su madre, y que son ya hombres o mujeres en toda la extensión de la palabra, como prueban las técnicas más modernas de análisis que ya se utilizan por los médicos para hacer el seguimiento del embarazo de la mujer****************************************************************************************************************** Todo lo relacionado con este tema supone un gran dolor para las familias cristianas y es que: “La Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el matrimonio y la virginidad. Tanto el uno como el otro, en su forma propia, son una caracterización de la verdad más profunda del hombre, de su ser imagen de Dios. En consecuencia, la sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal; si La persona se reserva algo a la posibilidad de decidir de otra manera en el futuro, ya no se donaría totalmente. Esta totalidad exigida por el amor conyugal, corresponde también con las exigencias de una fecundidad responsable, la cual, orientada a engendrar una persona humana, supera por su naturaleza el orden puramente biológico y toca una serie de valores personales, para cuyo crecimiento armonioso es necesaria la contribución perdurable y concorde de los padre************************************************************************************* La institución matrimonial no es una injerencia indebida de la sociedad o de la autoridad, ni la imposición intrínseca de una forma, sino una exigencia interior del pacto conyugal (entre hombre y mujer) que se confirma públicamente como único y exclusivo, para que sea vivida así la plena fidelidad al designio de Dios Creador. Esta fidelidad lejos de rebajar la libertad de la persona, la defiende contra el subjetivismo y el realismo, y la hace partícipe de la sabiduría creadora” (Exhortación Apostólica, Familiaris Consortio; Papa Juan Pablo II. Dada en Roma el 22 de noviembre, solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, del año 1981).Verdaderamente el Papa san Juan Pablo II ha sido uno de los Pontífices de la Iglesia católica que mejor han analizado la problemática del ataque sistemático por las fuerzas del mal al sagrado Sacramento del matrimonio y por tanto a la familia, tratando de desprestigiar, si pudieran, ambas instituciones de Cristo. La Iglesia católica consciente de que el matrimonio y la familia son valores muy importantes de la humanidad quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia trata de vivirlo fielmente, busca la verdad, y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el proyecto familiar. Sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y de la familia (Con. Ecuménico Vaticano II. Gaudium et Spes, 52) *************************************************************************** El Papa Benedicto XVI comparte con su querido predecesor en la Silla de Pedro, Juan Pablo II, el amor y el interés por la familia, así como por el Sacramento del Matrimonio, demostrándolo en distintas ocasiones en sus escritos, homilías, catequesis, etc. En una ocasión respondió a una pregunta en este sentido, recogida en el capítulo III del libro:El amor se aprende. Las etapas de la familia. Romana Editorial, S.L. 2012: “La mayoría de los jóvenes dudan hoy en día entre contraer matrimonio o convivir al margen de rígidos vínculos jurídicos. A nivel estatal, se advierten tendencias a equiparar las uniones de hecho y la relación de pareja homosexual, al matrimonio. Es necesario, por tanto, preguntarse: ¿Por qué tiene que ser el matrimonio la única forma aceptable de unión entre dos personas?...Cuando dos personas se entregan mutuamente y, juntas, dan vida a los hijos, también ahí se implica lo sagrado, el misterio del ser humano, que va mucho más allá del derecho a disponer de uno mismo. En cada ser humano está presente el misterio divino. Por eso la unión entre hombre y mujer desemboca de forma natural en lo religioso, en lo sagrado, en la responsabilidad asumida ante Dios… Por eso, cualquier otra forma de unión es una vía de escape con la que esquivar la propia responsabilidad frente al otro y frente al misterio de su persona, introduciendo una labilidad que acarreará sus propias consecuencias. Muy diversa es la cuestión de las relaciones por parte de parejas homosexuales. Pienso que cuando en un matrimonio, en una familia, ya no cuenta que el fundamento sea un hombre y una mujer, sino que se equipara la homosexualidad a esa relación, se está hiriendo gravemente la tipología básica que configura la estructura de la naturaleza humana. Por esta vía cualquier sociedad está llamada a encontrarse con graves problemas”************************************************************************************************************* Podríamos preguntarnos ¿Cuáles pueden ser las causas de estos graves problemas que nos anunciaba el Papa? La respuesta no parece sencilla porque son muchas y numerosas las constatables en este momento de la historia del hombre. Muchos matrimonios, acosados por dificultades económicas o de otro tipo, han decidido conformarse con un bajo número de hijos. Al fin y al cabo, aunque ésta no es la solución ideal para países con bajo índice de natalidad, no puede decirse que al menos no exista buena voluntad en estos matrimonios por crear una familia en toda la extensión de la palabra. En cambio, ya es otra cosa cuando ni siquiera está en la intención de los conyugues, sacrificarse un poco, en aras del nacimiento de unos hijos. Por otra parte, la influencia ejercida por ejemplos de vida, que constantemente se muestran, con gran entusiasmo, en la prensa llamada del corazón, hacen aparecer el matrimonio como algo muy lábil y necesariamente agotado al cabo de un tiempo más o menos corto, ello, unido al ansia de liberación del hombre y de la mujer en los tiempos de modernidad que corren, hacen preguntarse a muchos jóvenes y no tan jóvenes con frecuencia: ¿Por qué el Sacramento del matrimonio tiene que implicar la permanente unión, hasta la muerte? A esta pregunta respondió en su momento magníficamente el Papa Benedicto XVI en el libro mencionado anteriormente (Ibid): La dignidad del ser humano tan solo viene plenamente respetada a condición de hacer de sí mismo un don total, sin reservarse el derecho a poner en discusión ese don ni a revocarlo. El Sacramento del matrimonio no es un contrato temporal, sino un ceder incondicionalmente el propio "yo" a un "tú".



                                                                  

JESÚS DIJO (LIII): TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS




 
 





++HE RESUCITADO Y SIEMPRE ESTOY CONTIGO: TU HAS PUESTO SOBRE MI TUS MANOS (1/mayo/2020)**** ++SAN PABLO Y LA REALIDAD DE LA IGLESIA DE CRISTO (5/mayo/2020)**** ++JESÚS DIJO XLVII: TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS (11/ mayo/2020)**** ++EL VERBO DE DIOS HECHO CARNE HABITÓ ENTRE NOSOTROS (15/mayo/2020)**** ++JESÚS DIJO (XLVIII): TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS (21/ mayo/2020)**** ++CUARENTA DIAS DESPUES DE LA RESURRECCIÓN JESÚS SUBE AL PADRE (23/mayo/2020)**** ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ SAGRADA BIBLIA. VERSION OFICIAL DE LA CONFERENCIAL EPISCOPAL ESPAÑOLA (BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS 2010) ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ IMNO AL DIOS FUERTE Y BUENO (SALMO 33-32) ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ ***Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos / Dad gracias al Señor por la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas / cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones / Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales / él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. ***La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos / encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano / Tema al Señor la tierra entera, tiemblen ante Él los habitantes del orbe: porque Él lo dijo y existió; él lo mandó y todo fue creado. ***El señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos / pero el plan del señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad / Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que Él se escogió como heredad / El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres / Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: el modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones. ***No vence el rey por su gran ejército, no escapa el soldado por su mucha fuerza; nada valen sus caballos para la victoria, ni por su gran ejército se salvan / Los ojos del Señor están puestos en quién le teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempos de hambre. ***Nosotros aguardamos al Señor: Él es nuestro auxilio y escudo / con Él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ ORACIÓN ANTE LOS TESTIGOS FALSOS (SALMO 35-34) ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ ***De David. Pelea, Señor, contra los que me atacan, guerrea contra los que me hacen guerra / empuña el escudo y la adarga, levántate y ven en mi auxilio / blande la lanza y la pica contra mis perseguidores; di a mi alma: ***Sean confundidos y avergonzados los que atacan contra mi vida; retrocedan y sean humillados quienes traman mi derrota / sean como tamo al viento, acosados por el ángel del Señor / sea su camino oscuro y resbaladizo, perseguidos por el Ángel del Señor. ***Pues sin motivo me escondían redes, sin motivo me abrían zanjas mortales / ¡Que les sorprenda el desastre imprevisto, que se enreden en la red que escondieron, y caiga dentro de la fosa! ***Y yo me alegraré con el Señor, gozando de su salvación / todo mi ser proclamará: ***Se presentaban testigos violentos: me acusaban de cosas que ni sabía / me pagaban mal por bien dejándome desamparado. ***Yo, en cambio, cuando estaban enfermos, me vestía de saco, me mortificaba con ayunos, y desde dentro repetía mi oración / Como por un amigo o como por un hermano, andaba triste; cabizbajo y sombrío, como quien llora a su madre. ***Pero, cuando yo tropecé, se alegraron, se juntaron contra mí, y me golpearon por sorpresa; me laceraban sin cesar / Cruelmente se burlaban de mí, rechinando los dientes de odio. ***Señor, ¿Cuándo vas a mirarlo? Defiende mi vida de los que rugen; mi único bien, de los leones / y te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre la multitud del pueblo. ***Que no canten victoria mis enemigos traidores, que no hagan guiños a mi costa los que me odian sin razón / Pues no hablan de paz, y contra los pacíficos de la tierra traman planes siniestros / Abren sus fauces contra mí y se ríen: Lo han visto nuestros ojos ***Señor, tú lo has visto, no te calles; Señor, no te quedes a la distancia / despierta, levántate, Dios mío; Señor mío, defiende mi causa / Júzgame según tú justicia, Señor, Dios mío, y no se reirán de mí. ***No pensarán: ¡Qué bien! ¡Lo que queríamos! ni dirán: ¡Lo hemos devorado! / Sean avergonzados y confundido a unas los que se alegran de mi desgracia, cúbranse de vergüenza y de ignominia quienes se engríen a mi costa. ***Canten y se alegren los que desean mi justicia, repitan siempre: Grande es el Señor, que desea la paz de sus siervos / Mi lengua anunciará tu justicia, todos los día te alabará.