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jueves, 18 de julio de 2019

LA ESPERANZA ES UNA VIRTUD TEOLOGAL FUNDAMENTAL (I)


 
 
 
 
Quien tiene esperanza vive de otra manera, se le ha dado una vida nueva, aseguraba el Papa Benedicto XVI en su encíclica <Spe Salvi>, al hablarnos de los múltiples testimonios encontrados en la Santa Biblia sobre esta virtud teologal.

Es destacable, en este sentido, el hecho de que la esperanza aparezca en este libro sagrado, casi siempre, como un concepto intercambiable con la fe. Tenemos un hermoso ejemplo en la <Carta a los hebreos> en la que se exhorta a la comunidad cristianizada a la perseverancia en el mensaje de Cristo (Heb 10, 19-24):

“Así pues, hermanos, puesto que tenemos la gozosa esperanza de entrar en el santuario de la virtud de la sangre de Jesús / Siguiendo el camino nuevo y viviente que Él ha inaugurado a través del velo, es decir, de su propia carne / y puesto que tenemos un nuevo Sumo Sacerdote al frente de la casa de Dios / acerquémonos con un corazón sincero, con fe perfecta, purificados los corazones de toda mancha de la que tengamos conciencia, y el cuerpo lavado con agua pura / Mantengamos firmemente la esperanza que profesamos, pues el que ha prometido es fiel / y miremos los unos por los otros para estimularnos en el amor y las obras buenas”

 
 
 
Para entender mejor estos versículos en los que aparecen algunas metáforas, hay que tener en cuenta, por ejemplo, que el <velo> al que hace referencia el autor de la carta, probablemente el apóstol san Pablo, se refiere al <velo del templo>, a través del cual penetra el Pontífice con la sangre de las víctimas en el lugar santificado (según las costumbres de aquel pueblo).

Otra licencia metafórica muy interesante podría ser aquella que presenta la <carne> del Salvador, rasgada por los clavos y la lanza (durante su crucifixión), como el velo rasgado, a través del cual tenemos los hombres la esperanza cierta de entrar en el santuario celeste y de esta forma alcanzar la <vida eterna>.
 
 
Como aseguraba el Papa Benedicto XVI (bid): “El haber recibido como don una esperanza fiable fue determinante para la conciencia de los primeros cristianos, como se pone de manifiesto también cuando la existencia cristiana se compara con la vida anterior a la fe o con la situación de los seguidores de otras religiones.

El cristianismo no era solamente una <buena noticia>, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento…

En nuestro lenguaje se diría: <el mensaje cristiano no es solo informativo, sino <per-formativo>. Esto significa que el Evangelio no es solo una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación  que comporta hechos y cambia la vida.

La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par…
Quien tiene esperanza vive de otra manera, se le ha dado una vida nueva”

 
 
 
 
Esa vida nueva implica la esperanza cierta de llegar a alcanzar el reino de Dios; un don grande y hermoso que constituye la respuesta a la búsqueda del ser humano…

Por eso, los cristianos estamos siempre en marcha hacia ese camino que nos conduce a nuestro Creador, con la esperanza-fe de encontrarlo, pero: ¿Seremos capaces de encontrarlo?

Es la pregunta que llena nuestros corazones y para la que el Papa Benedicto XVI daba esta respuesta (Los caminos de la vida interior; Ed. Chronica S.L. 2011):
“Esto es siempre más de lo que merecemos; del mismo modo que ser amados nunca es algo <merecido>, sino siempre un don. No obstante, aun siendo plenamente conscientes de la <plusvalía> del cielo, sigue siendo siempre verdad que nuestro obrar no es indiferente  ante Dios y, por tanto, tampoco es indiferente para el desarrollo de la historia"

 
 
 
 
Podemos abrirnos nosotros mismos y abrir el mundo, como hizo santa Teresa de Jesús, para que entre Dios: la verdad, el amor y el bien.


Es lo que han hecho todos los santos a lo largo de los siglos; como <colaboradores de Dios>, han contribuido a la salvación del mundo,  por eso, como sigue diciendo el Papa Benedicto XVI (Ibid):

"Podemos liberar nuestra vida y el mundo de las intoxicaciones y contaminaciones que podrían destruir el presente y el futuro. Podemos descubrir y tener limpia las fuentes de la creación y así, junto con la creación que nos precede como don, hacer lo que es justo, teniendo en cuenta sus propias exigencias y su finalidad.
Eso sigue teniendo sentido aunque en apariencia no tengamos éxito o nos veamos impotentes ante la superioridad de las fuerzas hostiles.

Así, por un lado, de nuestro obrar brota <esperanza> para nosotros y para los demás; pero al mismo tiempo, lo que nos da ánimo y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios”

 
 
 
Hermosas e importantes estas enseñanzas del Pontífice que tan excelente labor evangelizadora ha realizado y aún realiza en su retiro voluntario de la Silla de Pedro; él nos recuerda que los creyentes somos colaboradores de Dios, siguiendo el ejemplo dado por el apóstol san Pablo, por ejemplo con los corintios, una comunidad que había evangelizado, y que sin embargo las <fuerzas hostiles> habían llevado a una situación gravemente peligrosa, como consecuencia de constantes discordias internas y lamentables abusos de los enemigos de Cristo.

San Pablo, refiriéndose en concreto a la figura del predicador de la palabra llamado Apolo escribía así  (Co 3, 5-9):

“¿Qué es, pues, Apolo? ¿Y qué  Pablo?

Ministros por cuyo medio creísteis, y cada uno según el Señor le dio / Yo planté, Apolo regó; más Dios obró el crecimiento / De manera que ni el que planta es algo, ni el que riega, una cosa son, si bien cada cual recibirá su propia paga según propio trabajo / pues de Dios somos colaboradores: de Dios sois labranza; de Dios, edificio”
 
 
 
Ciertamente, como aseguraba el apóstol san Pablo los cristianos somos colaboradores de Dios. Sólo con nuestras propias fuerzas nunca podríamos alcanzar su reino, ni conseguir que otros lo alcanzarán. Por eso es necesario que al evangelizar establezcamos una relación fuerte y verdadera con Dios, pero: ¿Cómo podremos conseguirlo?


Sí, esa es la gran pregunta que siempre debe embargar nuestro corazón ante las grandes dificultades que se presentan en este santo empeño.

El Papa Benedicto XVI nos ayuda de nuevo  ante esta duda (Ibid):

“La relación con Dios se establece a través de la comunión con Jesús, pues solos y únicamente con nuestras fuerzas no la podemos alcanzar.

 
 
En cambio, la relación con Jesús es una relación con Aquel que se entregó a sí mismo en rescate por todos nosotros (1 Tim 2, 6).

Estar en comunión con Jesucristo nos hace participar en su ser <para todos>, hace que éste sea nuestro modo de ser…

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los periodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra…
Sin embargo, cuando esta esperanza se cumple, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo…

Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar”

 
 
 
Ciertamente como aseguraba el Papa Benedicto XVI, el hombre siempre trata de buscar algo, de buscar algo más, al encuentro con algo indefinido, que cubra totalmente sus deseos, sus esperanzas, pero:  ¿Qué esperanzas pueden ser esas? …

Se trata sin duda de algo que no depende del hombre, de algo no creado por el hombre, porque no es algo que pertenezca al reino del hombre, solo Dios le puede proporcionar esa <gran esperanza> tan deseada…

El Papa Benedicto XVI tenía las ideas muy claras a este respecto cuando escribía (Ibid):

“Esta esperanza solo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar.
De hecho, el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto.
 
 
 
Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega, su reino está presente donde Él es amado y donde su amor nos alcanza.


Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto.

Y, al mismo tiempo, su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es <realmente vida>”

El Papa san Juan Pablo II también nos habló sobre la esperanza que no defrauda nunca al hombre, en muchas ocasiones, pero quizá de una forma más íntima lo hizo en su Audiencia del miércoles 11 de noviembre de 1998:
 
 
 
 
“La esperanza cristiana lleva a la plenitud la esperanza suscitada por Dios en el pueblo de Israel, y que encuentra su origen  y modelo en Abraham, el cual, <esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones> (Rm 4, 18)

En Jesús se cumple la promesa (efusión escatológica del Espíritu de Dios sobre el Mesías y sobre todo el pueblo).

No sólo es el testigo de la esperanza que se abre ante quién se convierte en discípulo suyo. Él mismo es, en su persona y en su obra de salvación, <nuestra esperanza> (1 Tm 1, 1), dado que anuncia y realiza el reino de Dios.

 
 
Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús.

Jesús constituido  Cristo y Señor en la Pascua (Hch 2, 36), se convierte en <espíritu que da vida> (1 Co 15, 45), y los creyentes, bautizados en él con el agua y el Espíritu, son <reengendrados a una esperanza viva>.

Ahora el don de la salvación, por medio del Espíritu Santo es la prenda y las arras de la plena comunión con Dios, a la que Cristo nos lleva.

El Espíritu Santo, dice san Pablo en su carta a Tito, ha sido derramado <sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna”

 



Ante una sociedad tan paganizada como la actual que pretende obviar totalmente a su Creador es preciso como nos aseguraba este Papa santo (Ibid):
“Cruzar el umbral de la esperanza…

En efecto, la esperanza tiene esencialmente, también una dimensión comunitaria y social, hasta el punto de que, lo que el Apóstol (San Pablo) dice en sentido propio y directo refiriéndose a la Iglesia, puede aplicarse en sentido amplio a la vocación de la humanidad entera:



<Un solo cuerpo, un solo espíritu, como una sola es la esperanza a la que habéis sido llamados> (Ef 4, 4)”

 

 

 

   

        

  

 

 

 

 

 

jueves, 11 de julio de 2019

EN EL DÍA DEL JUICIO



 



Este es el título de la Homilía que el Papa Francisco nos regaló un martes 22 de noviembre de 2016, durante la misa matutina por él celebrada en la capilla de la Domus Sanctae Marthae.

Recordemos antes de entrar a analizar lo que nos dijo nuestro Papa actual, sobre este día que tendrá lugar en la Parusía, que unos años antes, concretamente en el 2008, el Papa Benedicto XVI nos advertía que cualquier discurso cristiano sobre las realidades últimas (escatología), debe partir siempre del acontecimiento de la Resurrección de Cristo; según este acontecimiento las realidades últimas ya han comenzado y, en cierto sentido, ya están presentes (Audiencia General; miércoles 12 noviembre de 2008):
 
 


“Probablemente en el año 52 san Pablo escribió la primera de sus  cartas, la primera carta a los Tesalonicenses, donde habla de la vuelta de Jesús, llamada Parusía, adviento, nueva y definitiva  manifiesta presencia del Señor ( cf. 1 Ts 4, 13-18).
A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Apóstol escribe así:

<Si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús>
Y continúa:

<Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre en el Señor>

 

 
San Pablo describe la Parusía de Cristo con acentos muy vivos y con imagines simbólicas, pero que  trasmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre con el Señor. Este es, más allá de las imágenes, el mensaje esencial: nuestro futuro es <estar con el Señor>; en cuanto creyentes, en nuestra vida ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado”

 En efecto, san Pablo al hablarles a los tesalonicenses en su primera carta del <progreso en la vida cristiana> se detiene, en un momento dado, para insistir sobre el tema de la esperanza. Y lo hace con la certeza de que la esperanza en la resurrección de los muertos es una de las verdades, básicas e imprescindible, de la fe de los cristianos, que ha sido recogida en el <Símbolo de los Apóstoles> y en el Credo de Nicea-Constantinopla (1 Ts 4, 13-18):

“No queremos, hermanos, que ignoréis lo que se refiere a los que han muerto, para que no os entristezcáis como esos otros que no tienen esperanza / Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera también Dios, por medio de Jesús, reunirá  con Él a los que murieron / Así pues, como palabra del Señor, os transmitimos lo siguiente: nosotros, los que vivamos hasta la venida del Señor, no nos anticiparemos a los que hayan muerto / porque, cuando la voz del Arcángel y la trompeta de Dios den la señal, el Señor mismo descenderá del cielo, y resucitarán  en primer lugar los que murieron en Cristo / después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados junto con ellos al encuentro del Señor en los aires, de modo que , en adelante estemos siempre en el Señor / Por tanto, animaos mutuamente con estas palabras”

 



San Pablo no pretendía con estas palabras fijar el día en que tendrá lugar la Parusía, esto es un tema desconocido para los hombres y por tanto también para él, pero sí quería levantar el ánimo de los fieles de aquella comunidad de cristianos entristecida por la suerte que correrían sus pariente y amigos que no habiendo conocido a Jesús ya, habían muerto.

Ante esta situación san Pablo les informa en su carta de  las realidades últimas (Novísimos), del ser humano, y les advierte de que la vida del hombre no termina con la muerte, sino que los cristianos creemos, porque así nos lo ha dicho el Señor, que en la Parusía, los cuerpos volverán a la vida, y quienes hubieran permanecido hasta ese día saldrán junto con sus hermanos difuntos al encuentro del Señor.   

Los Papas de todos los tiempos, los Padres de la Iglesia, y aquellos eruditos interesados sobre este tema del mensaje de Cristo, ya nos han hablado mucho sobre el mismo, sin embargo éste es tan importante, que debería ser tenido en cuenta como primicia en cada época de la historia del hombre. 

Por eso el Papa Francisco, consciente de ello también ha querido aportar sus enseñanzas, en este sentido, para ayudarnos a comprender mejor todas las verdades que encierra.

Sí, han pasado pocos años de aquel momento sublime en que nuestro Papa actual nos hablaba del <día del juicio final>, algo que es verdaderamente imprescindible para alcanzar el camino de la santidad y lo hacía con estas palabras:



“Al mundo <no le gusta pensar> en la últimas realidades o Novísimos (muerte, infierno, gloria, purgatorio, juicio), pero también éstas forman parte de la existencia humana. Y si vivo <en fidelidad al Señor>, después de la muerte corporal <no tendremos miedo> de presentarnos frente a Jesús para su juicio…”

Recordemos, por otra parte, que <El Apocalipsis> de San Juan nos habla también del día del Juicio, de la  Parusía; en realidad el objetivo principal de este libro es poner en guardia a los creyentes respectos de los graves problemas que conlleva la falta de fe y al mismo tiempo confortar a aquellas personas que estaban sufriendo, por entonces, la terrible y larguísima persecución  del emperador romano Domiciano.

Verdaderamente el Apocalipsis de San Juan conduce definitivamente a la esperanza del creyente en la llegada del día del Juicio,  en el  que se producirá el establecimiento definitivo del Reino de Dios.


Pero antes nos habla también el Apóstol de <la siega y la vendimia> (Ap 14, 14-20):

“Y vi, y he aquí una nube blanca, y sobre la nube sentado uno como Hijo del hombre, que tenía sobre la cabeza corona de oro y en su mano una hoz afilada / Y otro ángel salió del templo, gritando a grandes voces al que estaba sentado sobre la nube: <Echa tu hoz y siega, mies de la tierra> / Y el que estaba sobre la nube echó la hoz sobre la tierra, y fue segada la tierra / Y otro ángel salió del templo que está en el cielo, llevando también una hoz afilada/ Y salió del altar otro ángel que tenía potestad sobre el fuego, y clamó con voz poderosa al que llevaba la hoz afilada, diciendo: Entra tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues llegaron a sazón sus uvas /


Acercó el ángel su hoz a la tierra, vendimió la viña de la tierra y arrojó las uvas al gran lagar de la ira de Dios/ El lagar fue pisado en las afuera de la ciudad, y salió  de él tanta sangre que alcanzó la altura de los frenos de los caballos en un radio de mil sescientos estadios”

Es evidente que  la imagen de la vendimia nos hace  presentir lo que podría ser el <día del Juicio>, que en Antiguo Testamento fue profetizado por Isaías, recordando la victoria del salvador (Is 63, 3):

"En la cuba he pisado yo solo, ningun pueblo me ayudó. Los pise airado, los aplasté enfurecido, su mosto salpicó mis ropas, y manchó mis vestidos"




Como seguía diciendo el Papa Francisco en su homilía  (Ibid):
“Después del final habrá un juicio. Pero ¿Cómo será ese día en el que estaré delante de Jesús, cuando el Señor me pedirá que le rinda cuentas de los <talentos que me ha dado>? O de <como ha estado mi corazón cuando ha caído la semilla>… ¿Cómo ha recibido la Palabra? ¿La he hecho brotar por el bien de todos o a escondidas?...

Se trata de un examen de conciencia útil y justo porque <todos seremos juzgados> y cada uno se reencontrará <delante de Jesús>. No conocemos la fecha, pero sucederá”
 
 

 
Ciertamente Jesús les informó a sus apóstoles sobre este tema tan importante y misterioso para el hombre. Así, con ocasión de un comentario realizado por estos sobre el Templo de Jerusalén, el Señor les previene de la llegada del <día del juicio>.
No obstante, Él no deseaba inquietarles inútilmente sobre la fecha en que tendría lugar el <día del juicio>, por eso les aconsejó en primer lugar que no se dejasen engañar por falso rumores pero que ocurrirían algunas señales al respecto (Lc 21, 8-9):
“Mirad, no os dejéis engañar; porque vendrán muchos diciendo: <Yo soy>, y <el momento está próximo>. No les sigáis / Cuando oigáis hablar de guerras y de revoluciones, no os aterréis, porque es necesario que sucedan primero estas cosas. Pero el fin no es inmediato”


El Señor les estaba hablando, nos está hablando, de la corrupción generalizada que se producirá antes de llegar la Parusía y de la aparición de falsos Mesías, pero después siguió hablándoles de las persecuciones a la que se verían sometidos ellos, y por extensión todos sus seguidores, por predicar el evangelio por todo el mundo (Lc 5, 12-14):
 


“Os echarán manos, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre / esto os sucederá para dar testimonio / Así pues, convenceos de que no debéis tener preparado de antemano cómo os vais a defender”

Realmente los hombres no desean recordar en estos tiempos lo que Jesús dijo sobre el <día del Juicio>, porque les parece algo inútil, porque muchos ni siquiera creen en esto, o porque a otros les produce cierto espanto pensar en ello…

Para unos y otros el Papa Francisco generosamente ha revelado como combatir estos síntomas (Ibid):

“Yo tengo una lista, una agenda donde escribo cuando muere una persona (amiga o pariente) pongo su nombre allí y cada día la repaso, y recuerdo el aniversario de su día y digo: ¡Pero éste murió hace veinte años!  ¡Cómo ha pasado el tiempo!  ¡Este otro hace treinta, cómo ha pasado el tiempo!...
Esta realidad común a todos nos obliga a pensar qué dejamos, cual es la huella que ha dejado nuestra vida…”

 

Y sigue diciendo el Papa Francisco en su preclara homilía:

“Padre esto nos asusta… Sí, es cierto, esto asusta, pero ¿por qué?...

La respuesta del Pontífice entonces es (Ibid):

“Asusta porque tú no cuidas tu corazón, para que el Señor esté contigo y tú vives alejado del Señor siempre; quizás hay un peligro, el peligro de continuar así alejado del Señor por la eternidad… ¡Esto es muy feo!...

Por eso nos hará bien pensar en esto: ¿Cómo será mi final? ¿Cómo será cuando me encuentre delante del Señor?”

 
<Se fiel hasta la muerte> dice el Señor y <te daré la corona de la vida>. Esta sería la solución a nuestros miedos; <la fidelidad  al Señor no decepciona>. De hecho <si cada uno de nosotros es fiel al Señor>, cuando venga el final de nuestras vidas sobre la tierra, podríamos decir como asegura el Papa Francisco: <hermana muerte ven>…

 
 
Y también en el <día del Juicio> podríamos mirar al Señor y decirle: <Señor tengo muchos pecados, pero he tratado de ser fiel>. Y ya que <el Señor es bueno>, no tendríamos miedo porque la identidad cristiana se realiza plena en la <resurrección de los muertos> de la que tanto nos hablaron Jesús y sus apóstoles. Esa resurrección será como volver a la vida, pero a la <vida verdadera> de la que también nos habló el Señor...

A este respecto recordamos las reflexiones del Papa Francisco de hace algunos años, concretamente en la homilía de su misa en la capilla Marthae, un viernes 19 de septiembre de 2014:
“Hay una resistencia fuerte por parte de las personas a aceptar la resurrección de los muertos…

El mismo Pedro, que había contemplado a Jesús en su gloria en el monte Tabor, la mañana de la resurrección fue corriendo al sepulcro, pensando que habían robado el cuerpo del Señor. Porque <no entraba en su cabeza una resurrección real>: su visión teológica se <detenía en el triunfo>. Hasta tal punto que el <el día  de la Ascensión, dirá: <Pero dime Señor, ¿ahora  será la liberación del reino de Israel?...

 
 
Sucede lo mismo cuando Pablo va a Atenas y comienza a hablar de la resurrección: los griegos sabios, los filósofos se asustan. La cuestión es que <la resurrección de  Cristo es un prodigio,  una cosa que quizás asusta; la resurrección de los cristianos, es un escándalo, no pueden comprenderla…

Y por eso Pablo hace este razonamiento tan esclarecedor: <Si Cristo ha resucitado ¿Cómo pueden decir algunos de vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si Cristo ha resucitado también los muertos resucitarán”

Esta tentación de no creer en la resurrección de los muertos estaba  ya presente en la primitiva Iglesia, tal como leemos en el Nuevo Testamento, por eso el apóstol san Pablo se vio obligado a poner en claro este tema en muchas ocasiones.
La causa probablemente sea la <Resistencia a ser trasformados>... Concretamente, como ejemplo de esta resistencia, ahí tenemos la de los atenienses el día que san Pablo hizo su discurso en el Areópago (Hch 17, 30-33):

 
 
“Dios ha permitido los tiempos de la ignorancia y anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes deben convertirse / pues que ha fijado el día en que va a juzgar  la tierra con justica, por mediación del hombre que ha designado, presentado a todos un argumento digno de fe al resucitarlo de entre los muertos / Cuando oyeron lo de <resurrección de los muertos>, unos se echaron a reír y otros dijeron: Te escucharemos sobre eso en otra ocasión / Así que Pablo salió de en medio de ellos”

A pesar de este pequeño fracaso inicial en el mundo pagano y no obstante de haber conseguido que al menos Dionisio el Areopagita, su mujer que se llamaba Dámaris y varios más se unieran a él y a sus seguidores, Pablo a lo largo de su misión evangelizadora tuvo ocasión de hablar  de este tema tan controvertido para los hombres en otras ocasiones (1 Co 15, 42-52):

“Así será la resurrección de los muertos: se siembra en corrupción, resucita en incorrupción / se siembra en vileza, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita en poder / se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual / Porque si hay un cuerpo natural, también lo hay espiritual /

 
 
Así está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho ser vivo; el último Adán (Jesús), espíritu que da vida / Pero no es primero lo espiritual, sino lo natural; después lo espiritual / el primer hombre, sacado de la tierra, es terreno; el segundo hombre es del cielo / Como el hombre terreno, así son los hombres terrenos, como el celestial, así son los celestiales / Y como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del hombre celestial / esto os digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción heredará la incorrupción / Mirad, os declaro un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados / en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la trompeta final; porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados”

Sí, San Pablo aseguró siempre que con la resurrección todos nosotros seríamos transformados y esa transformación dice el Papa Francisco <será el fin de nuestro itinerario cristiano> (Ibid):

“Esta es nuestra identidad cristiana: al final, seremos como Él, estaremos con el Señor…

 
 
Esta afirmación ciertamente no es ninguna novedad. Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios y los dos discípulos (Andrés el hermano de Pedro  y Juan el hermano de Santiago) se van tras el Señor y dice el evangelista que ese día se quedaron con Él… Por tanto la identidad cristiana es una senda, es un camino donde se está con el Señor, como los dos discípulos. Al final toda nuestra vida está llamada a estar con el Señor para quedarse, y estar con el Señor al final (en la Parusía), después del Arcángel, después del sonido de la trompeta”



                                             



      

 

 

 

 

 

 

          

 

 

 

martes, 2 de julio de 2019

JESÚS DIJO (XL): TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM. MARUS



 
 





. HOY Y SIEMPRE: LA SANTIDAD ES PARA TODOS  (1/11/18)

 

. ¡YA LLEGA EL SEÑOR! ¡LA NAVIDAD ESTÁ CERCA!  (6/11/18)

 

.  EL DON DE DIOS Y EL PECADO ETERNO  (12/11/18)

 

.  CONSTRUIR LA PAZ ES DIFICIL PERO VIVIR SIN ELLA ES UN TORMENTO  (27/11/18)

 

.  JESÚS Y LA LUCHA CONSTANTE CONTRA EL MAL  (27/11/18)

 

. EL TIEMPO DE ADVIENTO: PREPARACION A LA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO (30/11/18)

 

 

 


LA BIBLIA DE NAVARRA  EDICIÓN POPULAR  (Ediciones Universidad de Navarra S.A. Pamplona-España)

 

 

**PRIMERA CARTA DE PEDRO (2ª Parte)

 

 

ACTITUD DE LOS CRISTIANOS ANTE LOS PADECIMIENTOS

 

 
-BIENAVENTURADO EL QUE SUFRE INJUSTAMENTE (3, 13-17)

 

¿Y quién podrá haceros daño, si sois celosos del bien? / De todos modos, si tuvieras que padecer por causa de la justicia, bienaventurados vosotros: No temáis ante sus intimidaciones, ni os inquietéis, / sino glorificad a Cristo Señor en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; / pero con mansedumbre y respeto, y teniendo limpia la conciencia, para que quienes calumnian vuestra buena conducta en Cristo, queden confundidos en aquellos que os critican. / Porque es mejor padecer por hacer el bien, si ésa es la voluntad de Dios, que por hacer mal.

 

 

-PADECIMIENTOS Y GLORIFICACIÓN DE CRISTO (3, 18-22)

 

Porque también Cristo padeció una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, para llevaros a Dios. Fue muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu. / En él se fue a predicar también a los espíritus cautivos, / en otro tiempo incrédulos, cuando en tiempos de Noé les esperaba Dios pacientemente, mientras se construía el arca. En ella, unos pocos – ochos personas – fueron salvados a través del agua. / Esto era figura del bautismo, que ahora os salva, no por quitar la suciedad del cuerpo, sino por pedir firmemente a Dios una conciencia buena, por la resurrección de Jesucristo, / que, después de haber subido al cielo, está sentado a la diestra de Dios, con los ángeles, las potestades y las virtudes sometidos a él.

 

 

-EL CRISTIANO HA ROTO CON EL PECADO (4, 1-6)

Puesto que Cristo padeció en su carne, armaos también vosotros con esta consideración: quién padeció en la carne ha roto con el pecado, / para vivir el tiempo que queda de su vida mortal, no ya según las concupiscencias humanas, sino según la voluntad de Dios. / Porque ya habéis pasado bastante tiempo obrando como les gusta a los gentiles, viviendo de manera licenciosa, entre concupiscencias, borracheras, comilonas, embriagueces y abominables idolatrías. / Por eso se extrañan de que ya no os precipitáis con ellos en ese libertinaje desenfrenado, y os llenan de insultos. / Pero tendrán que rendir cuentas al que está ya preparado para juzgar a vivos y  muertos. / Pues para esto fue anunciado el Evangelio incluso a los muertos, para que, aunque condenados en su vida corporal según el juicio de los hombres, vivan sin embargo en el espíritu según el juicio de Dios.

 

 

-EXHORTACIÓN A LA CARIDAD (4, 7-11)

 

El final de todas las cosas está cerca, sed, por eso, sensatos y sobrios para poder rezar. / Ante todo, mantened entre vosotros una ferviente caridad, porque la caridad cubre la multitud de los pecados. / Sed hospitalarios unos con otros, sin quejaros. / Que cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la múltiple y variada gracia de Dios. / Si uno toma la palabra, que sea de verdad, palabra de Dios; si uno ejerce un ministerio, hágalo en virtud del poder que Dios le otorga, para que en todas las cosas Dios sea glorificado por Jesucristo. Para él es la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén

 

 

-SENTIDO CRISTIANO DE LAS CONTRADICCIONES (4, 12-19)

 

Queridísimos: no os extrañéis – como si fuera algo insólito – del incendio que ha prendido entre vosotros para probaros; / sino alegraos, porque así como participáis en los padecimientos de Cristo, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros. / Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por ser homicida, ladrón, malhechor o entrometido en lo ajeno; / pero si es por ser cristiano, que no se avergüence, sino que glorifique a Dios por llevar este nombre. / Porque ha llegado el momento de que el juicio comience por la casa de Dios; y, si empieza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que creen en el Evangelio de Dios? / Pues si el justo a duras penas se salva, el impío y el pecador, ¿Dónde irán a parar? / Por tanto, incluso los que tengan que sufrir de acuerdo con la voluntad de Dios, que encomienden sus almas al Creador, que es fiel, mediante la práctica del bien.

 

 

-A LOS PRESBÍTEROS (5, 1-4)

 

A los presbíteros que hay entre vosotros, yo – presbítero como ellos y, además, testigo de los padecimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse – os exhorto: / apacentad la grey de Dios que se os ha confiado, gobernando no a la fuerza, sino de buena gana según Dios; no por mezquino afán de lucro, sino de corazón; no como tiranos sobre la heredad del Señor, sino haciéndoos modelo de la grey. / Así, cuando se manifieste el Pastor Supremo, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

 

 

-A TODOS LOS FIELES (5, 5-11)

 

De la misma forma vosotros, los jóvenes, estad sujetos a los presbíteros. Y todos, revestíos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios y a los humildes da la gracia. / Humillaos, por eso, bajo la mano poderosa de Dios, para que a su tiempo os exalte. / Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros. / Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quién devorar. / Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos. / Y, después de haber sufrido un poco, el Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os hará idóneos y os consolidará, os dará fortaleza y estabilidad. / A él el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

-DESPEDIDA (5, 12-14)

 

Por medio de Silvano, a quien juzgo hermano fiel, os he escrito brevemente, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Perseverad en ella. / Os saluda la Iglesia de Babilonia – elegida como vosotros – y, en particular, Marcos, mi hijo. / Saludaos mutuamente con el beso de la caridad. La paz esté con todos vosotros que estáis en Cristo.