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sábado, 1 de junio de 2019

LA SOLEDAD: UNA DE LAS POBREZAS DEL HOMBRE



 
 
Una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad, casi siempre consecuencia del individualismo; así lo expresaba el Papa Benedicto XVI en su Carta Encíclica <Caritas in Veritate>, dada en Roma, en la festividad de San Pedro y San Pablo del año 2009:

“Ciertamente, también las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amado o de la dificultad de amar. Con frecuencia, son provocadas por el rechazo del amor a Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, pensando ser autosuficiente, o bien un mero hecho insignificante y pasajero, o quizás un <extranjero> en un universo que se ha formado por casualidad…”

 Desgraciadamente el hombre del siglo XXI, especialmente en el llamado viejo Continente, en cierto sentido y en gran medida se siente <solo>, ante la avalancha informativa que le llega del universo que le rodea, de ese universo que algunos se atreven a asegurar se originó fortuitamente, es decir por casualidad…
 
 
 
 
El maligno y sus acólitos, los enemigos mortales del hombre desde siempre, también en este siglo de prominentes avances tecnológicos, se apoyan en este absurdo postulado, para minar el espíritu de lucha y resistencia a la soberbia, ese pecado que Satanás insertó en el alma de nuestros primeros padres…

Los grandes investigadores sobre este tema, a lo largo de los siglos, salvo raras excepciones, llegan siempre a la misma conclusión: <el Universo no se ha originado casualmente>

Sí, existe un Creador de ese Universo en el que el hombre ocupa un lugar pequeño, pero no por ello poco importante para Él. Este Dios Creador, sí, se ocupa de sus criaturas, se preocupa del hombre, también de aquellos que le rechazan, de aquellos inmersos en la soledad del individualismo.

 
 
Más que nunca la humanidad debe luchar contra el individualismo, contra la <soledad> porque como muy bien razonaba el Papa Benedicto XVI (Ibid): “El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan  como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro…

Es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser una familia, la interacción entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso para que la integración  se desarrolle bajo el signo de la solidaridad en vez de la marginación”

Este razonamiento del Papa Benedicto XVI, a principio del presente siglo, ya ha sido llevado con éxito por algunos pueblos, especialmente por aquellos pertenecientes al mal llamado <tercer mundo>.
 
 
 
Más concretamente recordamos aquellos casos extraordinarios de solidaridad ocurridos en el continente africano. Así por ejemplo en el año 2013, dos años después de que Sudán del sur se independizara, se produjo un enfrentamiento armado como consecuencia de las rivalidades existentes entre sus líderes y tras un acuerdo establecido sobre bases muy débiles, en el año 2016 volvieron las hostilidades, y como consecuencia de las mismas se produjeron verdaderos estragos en todo el país.

Muchas personas que sobrevivieron a estos lamentables hechos huyeron despavoridas para refugiarse en el país vecino, Uganda, que se comprometió desde el principio a procurar la integración de estos expatriados en sus sociedades, y parece que al día de hoy lo está consiguiendo con éxito, gracias sobre todo a la propia solidaridad surgida en el seno de este pueblo desplazado de su país por razones tan terribles e insolidarias.

Sí, como aseguraba el Papa Benedicto XVI (Ibid):
 
 
“La criatura humana, en cuanto a su naturaleza espiritual, se realiza en las relaciones interpersonales. Cuando las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal.

El hombre se valoriza, no aislándose, sino poniéndose en relación con los otros y con Dios.

Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental.

Esto vale también para los pueblos. Consiguientemente, resulta muy útil para su desarrollo, una visión metafísica de la relación  entre las personas.

A este respecto, la razón encuentra inspiración  y orientación  en la revelación , según la cual la comunidad de los hombres no absorbe en sí a la persona anulando su autonomía, como ocurre en las diversas formas de totalitarismos, sino que la valoriza más aún, porque la relación entre personas y comunidad es la de un todo hacia otro todo.

De la misma manera que la comunidad familiar no anula en su seno a las personas que la componen, y la Iglesia misma valora plenamente la <criatura nueva> (Gc. 6, 15; 2 Co 5, 17), que por el sacramento del bautismo se inserta en el Cuerpo vivo, así también la unidad de la familia humana no anula de por sí a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace más transparentes los unos con los otros, más unidos en su legitima diversidad”
 
 
 
 
Gran ejemplo nos dieron en este sentido los primeros cristianos, tal como ha que quedado reflejado en el libro de <Los Hechos de los Apóstoles> del evangelista San Lucas (Lc 2, 42-47):

“Perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones / El temor sobrecogía a todos, y por medio de los apóstoles se realizaban muchos prodigios y señales / Todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las cosas en común / Vendían las posesiones y los bienes y los repartían entre todos, según las necesidades de cada uno / Todos los días acudían al Templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón / alabando a Dios y gozando del favor todo el pueblo. Todos los días el Señor incorporaba a los que habían de salvarse”

Ante este comportamiento de los miembros de la primitiva Iglesia de Cristo hay que manifestar: ¡Que grandes son las obras del Señor! El Papa Benedicto XVI nos lo hacía ver también, en su Audiencia General de 8 de junio de 2005, meditando el contenido del Salmo 110 del Antiguo Testamento. En efecto, como él nos recordaba:

“Este Salmo encierra el himno de alabanza y de acción de gracias por los numerosos beneficios que definen a Dios en sus atributos y en su obra salvadora: habla de  <misericordia>, <clemencia>, <justicia>, <fuerza>, <verdad>, <rectitud>, <fidelidad>,  <alianza>, <obras>, <maravillas>, incluso de <alimento> que Él da y, al final, de su <Nombre> glorioso, es decir de su persona”

 
 
 
Sí, el Salmo 111 (110) recrea al Hijo de Dios, se cumple en nuestro Señor Jesucristo, en cuanto que Él es el Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec. Porque su <esplendor y majestad son su obra y su justicia, permanece para siempre>.
Y también porque ( 110, 4-10):

“Ha hecho maravillas dignas de recordar/ El Señor es clemente y compasivo/ Da alimento a quienes le temen, recuerda siempre su alianza/ Manifestó a su pueblo la fuerza de su obrar/ al darle la heredad de las naciones/ Las obras de sus manos son verdad y justicia/ Dignos de confianza, todos sus mandatos/ promulgados para siempre, se han de cumplir con fidelidad y rectitud/ Envió la redención a su pueblo; ordenó para siempre su alianza. Su nombre es santo y temible/ Principio de sabiduría es el temor del Señor”

Es por eso que   (Salmo 110, 10-11):

“Sensatos son cuantos lo practican (el temor de Dios) / Su alabanza permanece para siempre”
Sin duda esta oración contiene una perfecta contemplación del misterio de Dios y de las maravillas que realiza en la historia del hombre con vistas a su salvación.
 
 
 
 
Verdaderamente a la familia humana y por tanto a cada hombre en particular le convendría recapitular, de vez en cuando, sobre todo esto. Es cierto, sin embargo, que el tiempo de que se dispone en la actualidad es muy poco para poner en práctica este deseo; todos estamos llenos de problemas que nos atañen y muy ocupados y preocupados por llegar a una solución de los mismos...

Como advertía el Papa Francisco, conseguir más tiempo para la contemplación del misterio de Dios, implicaría resolver una ecuación que ni siquiera los grandes matemáticos serían capaces de resolver.

Pero estamos en ello, mucho de nosotros, y tenemos que tratar convencer de esta necesidad perentoria a otros, que no lo están tanto, en estos momentos cruciales de la historia de la humanidad. Ante esta tesitura surge la pregunta: ¿Cómo volver a la realidad espiritual del hombre?
 
 
Los Padre de la Iglesia siempre nos han dicho que esto solo se puede conseguir a través de la oración: La oración restituye el tiempo de Dios, los hombres salen así de las obsesiones que le invaden cada día y les vuelven al camino del Salvador.

La solución esta pues en la revelación cristiana sobre la unidad del género humano. Aunque también otras culturas y otras religiones enseñan la fraternidad, en definitiva la paz, no obstante no  asumen plenamente el principio del amor entre los hermanos del mundo, y de esta forma el desarrollo queda frenado, sin posibilidad de avanzar.

Como denunciaba el Papa Benedicto XVI (Ibid):

“El mundo de hoy está siendo atravesado por algunas culturas de trasfondo religioso, que no llevan al hombre a la comunión, sino que lo aíslan en la búsqueda del bienestar individual, limitándose a gratificar las expectativas psicológicas.

También una cierta proliferación de itinerarios de pequeños grupos religiosos, e incluso de personas individuales, así como el sincretismo religioso, pueden ser factores de dispersión y de falta de compromiso.
 
 
Un posible efecto negativo del proceso de globalización es la tendencia a favorecer dicho sincretismo, alimentando formas de religión  que alejan a las personas unas de otras, en vez de hacer que se encuentren, y las apartan de la realidad.

Al mismo tiempo persisten, a veces, parcelas culturales y religiosas que encasillan a la sociedad en castas sociales estáticas, en creencias marginales que no respetan la dignidad de las personas, en actitudes de sumisión a fuerzas ocultas.

En esos contextos, el amor y la verdad encuentran dificultad para afianzarse, perjudicando el auténtico desarrollo”

Sin duda el Papa Benedicto XVI tenía mucha razón al expresar estas ideas en su Carta Encíclica; existen muchas dificultades a la hora de evitar actitudes de sumisión ante las fuerzas del mal, siempre encubiertas por una pátina del bien. Y es que las creencias en subterfugios mágicos están a la orden del día, están de moda…

 
 
Por el contrario se tiende a olvidar el profundo y amplio bagaje místico de los hombres y de las mujeres que siguieron el camino de la santidad, como por ejemplo santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz.
Como sigue recordando el Papa Benedicto XVI  (Ibid):

“En todas las culturas se dan singulares y múltiples convergencias éticas, expresiones de una misma naturaleza humana, querida por el Creador, y que la sabiduría ética de la humanidad llama <ley natural>.

Dicha ley moral universal es el fundamento sólido de todo dialogo cultural, religioso y político ayudando al pluralismo multiforme de las diversas culturas a que no se alejen de la búsqueda común de la verdad, del bien y de Dios”

En efecto, la búsqueda común de la verdad y del bien, siempre nos debe llevar al dialogo con Dios y en este dialogo con Dios no hay espacio para el individualismo, tal como nos ha recordado recientemente nuestro Papa Francisco (Audiencia General del 13 de febrero de 2019):
 
 
 
“En la oración cristiana, nadie pide pan para  sí mismo: dame el pan de cada día, no, <danos>, lo suplica para todos, para todos los pobres del mundo. No hay que olvidarlo, falta la palabra <yo>. Se reza con el tú y con el nosotros. Es una buena enseñanza de Jesús…

¿Por qué? Porque no hay espacio para el individualismo en el dialogo con Dios. No hay ostentación de los problemas personales como si fuéramos los únicos del mundo que sufrieran.

No hay oración elevada a Dios que no sea la oración de una comunidad de hermanos y hermanas, el nosotros: estamos en comunidad, somos hermanos y hermanas, somos un pueblo que reza, <nosotros>…

Un cristiano lleva a la oración todas las dificultades de las personas que están a su lado: cuando cae la noche, le cuenta a Dios los dolores con que se ha cruzado ese día; pone ante Él tantos rostros, amigos e incluso hostiles; no los aleja como distracciones peligrosas…
 
 
 
 
Cristo no pasó inmune al lado de las miserias del mundo: cada vez que percibía una soledad, un dolor del cuerpo o del espíritu, sentía una fuerte compasión…

Este <sentir compasión>…es uno de los verbos clave del Evangelio: es lo que empuja al buen samaritano a acercarse al hombre herido al borde del camino, a diferencia de otros que tienen el corazón duro”


 

 

 

 

 

viernes, 24 de mayo de 2019

IDENTIDAD DE LOS FIELES LAICOS: SU VOCACIÓN Y MISIÓN EN LA IGLESIA




Los Padres Sinodales han señalado con justa razón la necesidad de individualizar y proponer una descripción positiva de la vocación y de la misión de los fieles laicos, profundizando en el estudio doctrinal del Concilio Vaticano II, a la luz de los recientes documentos del Magisterio y de la experiencia de la vida misma de la Iglesia guiada por el Espíritu Santo…

Con el nombre de laicos, así lo describe la Constitución <Lumen Gentium>, se designa aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los de estado religioso sancionados por la Iglesia; es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el Bautismo, integrados en el pueblo de Dios, y hechos participes a su modo del oficio sacerdotal, profético, y real, de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos le corresponde”

Podríamos preguntarnos ante estas palabras del Papa: ¿Pero de qué forma concreta participan los laicos en ese oficio triple de Jesús (sacerdotal, profético y real) cuyo origen es el Sacramento del Bautismo?
 
 
 
 
La respuesta a esta sensata pregunta, la tenemos también en la Exhortación del Santo Padre (Ibid): “Los fieles participan en el oficio sacerdotal, por el que Jesús se ha ofrecido a sí mismo en la Cruz y se ofrece continuamente, en la celebración eucarística, por la salvación de la humanidad para gloria del Padre…


La participación en el oficio profético de Cristo, <que proclamó el Reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra>, habilita y compromete a los fieles laicos a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con las palabras y con las obras, sin vacilar en denunciar el mal con valentía…

Por su pertenencia a Cristo, Señor y Rey del universo, los laicos participan en su oficio real y son llamados por Él para servir al Reino de Dios y difundirlo en la historia. Viven la realeza cristiana, antes que nada, mediante la lucha espiritual para vencer en sí mismos el pecado; y después  en la propia entrega para servir, en la justicia y en la caridad, al mismo Jesucristo presente en todos sus hermanos, especialmente en los más pequeños”  

Ahora bien, la <condición eclesial> de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su carácter cristiano y su dimensión secular, según consta en la <Lumen Gentium>. Ello quiere decir, como también recuerda Juan Pablo II en su Carta Apostólica post-sinodal, que de este modo <el mundo se convierte en el ámbito y el medio de la vocación cristiana de los fieles laicos>, porque el mismo está destinado a dar gloria a Dios Padre en Cristo.

 
 
 
Desde este punto de vista los Padres Sinodales han afirmado que: <la índole secular del fiel laico no debe ser definida solamente en el sentido sociológico, sino sobre todo en el sentido teológico>.

Deberíamos tener claro todos los laicos, que junto con los sacerdotes, religiosos y religiosas, constituimos pueblo de Dios; todos podemos recibir la llamada del Señor para trabajar en su viña, <Id también vosotros a mi viña> (Mt 20 , 7) y como miembros de su Iglesia tenemos  vocación de evangelizar, de ser anunciadores de su Evangelio, y para ello hemos sido habilitados con el Sacramento del Bautismo y reafirmados por el Espíritu Santo con el Sacramento de la Confirmación.
Recordemos una vez más las sabias palabras del Papa Juan Pablo II a este respecto (Ibid):

“Por la evangelización la Iglesia es construida y plasmada como comunidad de fe; mejor dicho, como comunidad de una fe confesada en la adhesión a la Palabra de Dios, celebrada en los Sacramentos, vivida en la caridad como alma de la existencia moral cristiana…
En verdad, el imperativo de Jesús, <Id y predicad el Evangelio>, mantiene siempre vivo su valor, y está cargado de una urgencia que no puede decaer…

 
 
 
Cada discípulo es llamado en primera persona; ningún  discípulo puede hurtar su propia respuesta, porque como dijo San Pablo, < ¡Ay de mí  si no predicase el Evangelio!> (I Co 9,16)”


Son palabras llenas de verdad que nos animan sin duda a continuar siempre adelante en la tarea de apostolado, aunque sabemos que las dificultades son grandes, así lo han entendido todos los Pontífices, también en los últimos siglos; ellos la han  fomentado, han hecho una llamada urgente a favor de lo que se ha dado en llamar <nueva evangelización>.
Precisamente el Papa Benedicto XVI, cuando aún era el Cardenal Ratzinger, aclaraba la necesidad de la misma, en una conferencia que pronunció para el conjunto de profesores y catequistas que asistieron a un Congreso en Roma en el año 2000:

“La pobreza más profunda es la incapacidad de la alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas, como en los países pobres.
La incapacidad de la alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia…todos los vicios que arruinan la vida de las personas y del mundo. Por eso hace falta una <nueva evangelización>.
Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; solo lo puede comunicar quien tiene la vida, Cristo, el que es el Evangelio en persona”
 
 
 
Esta situación de descristianización que hemos sufrido en los últimos siglos, ha llegado a límites insoportables en tantas ocasiones, por la pérdida de valores humanos, y la pérdida, como decía Benedicto XVI, de la alegría y del arte de vivir…


Por desgracia muchos hombres y mujeres  no han logrado en una sociedad consumista y falta de amor a Dios, encontrar en la Santa madre Iglesia las respuestas que buscaban a sus problemas en particular. Sin embargo, la historia de la humanidad ha demostrado que normalmente solo a través de la Iglesia el hombre es capaz de llegar a conocer a Jesús. Así le sucedió por ejemplo a San Pablo, el cual contactó con la Iglesia de Cristo antes de llegar a conocer a Éste, aunque el resultado en principio fuera negativo en lugar de positivo.
Recordemos, a este respecto, que el que llegaría a ser un apóstol de Jesús, al conocer por primera vez, a los miembros de su Iglesia, los persiguió violentamente para exterminarlos (Hch 9, 1-2):
“Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó ante el sumo sacerdote / y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar detenidos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres y mujeres, seguidores de Jesús”


Posteriormente siendo ya apóstol del Señor, San Pablo, muy arrepentido reconoció por tres veces en diferentes <Cartas> suyas la maldad que había cometido al perseguir a la Iglesia de Cristo (1 Co 15; Ga 1, 13; Flp 3, 6).
 
 
 
 
El Papa Benedicto XVI, no obstante, nos recordó en su Audiencia  General  (miércoles 22 de noviembre de 2006)  que: “La adhesión de Pablo a la Iglesia se realizó por una intervención directa de Cristo, quién al revelársele en el camino de Damasco, se identificó con la Iglesia y le hizo comprender que perseguir a la Iglesia era perseguirlo a él, el Señor.


En efecto, el Resucitado dijo a Pablo perseguidor de la Iglesia: <Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?> (Hch 9, 4).

Al perseguir a la Iglesia, perseguía a Cristo. Entonces, Pablo se convirtió, al mismo tiempo, a Cristo y a su Iglesia.

Así se comprende por qué la Iglesia estuvo tan presente en el pensamiento, en el corazón y en la actividad de San Pablo”

Sí, San Pablo a partir de aquel momento se dedicó a predicar las enseñanzas de Jesús, esto es a evangelizar en las sinagogas de Damasco y todos los que le oían se asombraban del cambio que había experimentado. Pero él cada vez estaba más convencido que Jesús era Cristo, el Mesías que el pueblo siempre había esperado.
 
 
 
 
Así ha sucedido también en el caso de otros muchos hombres  menos conocidos y seguirá sucediendo hasta el fin de los siglos…  Sin embargo en los últimos siglos se ha hecho más necesario que nunca,  encontrar nuevos caminos para  mostrar la verdad y belleza del Evangelio de Cristo. Como nos pedía el que más tarde sería Papa Benedicto XVI (Ibid):


“Busquemos, además de la evangelización permanente, nunca interrumpida, una <nueva evangelización>, capaz de lograr que la escuche este mundo que no tiene acceso a la evangelización clásica. Todos necesitamos el Evangelio. El Evangelio está destinado a todos y no sólo a un grupo determinado, y por eso debemos buscar nuevos caminos para que la evangelización llegue a todos…”
 
 



La existencia real de un juicio final debe volver al pensamiento de los cristianos, de otra forma habremos perdido parte esencial del mensaje del Evangelio de Cristo, que nos incumbe y ¡de que manera!

Algunos piensan que la <nueva evangelización> consiste, tan solo, en dar a conocer  el Evangelio con las nuevas técnicas del mundo de la comunicación, esto puede ser así, pero no es lo más importante, recordemos al respecto las palabras de Benedicto XVI (Ibid):
“Nueva evangelización no puede querer decir atraer inmediatamente con nuevos métodos, más refinados, a las grandes masas que se han alejado de la Iglesia. No; no es está la promesa de la <nueva evangelización>.

La <nueva evangelización> significa no contentarse con el hecho de que el grano de mostaza haya crecido en el gran árbol de la Iglesia universal, ni pensar que basta el hecho de que en sus ramas puedan anidar aves de todo tipo, dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerán”

Sí, no podemos dejar a medias las cosas, no podemos implicarnos sin antes sufrir nosotros en nuestras propias carnes, la necesidad de una nueva visión de los problemas de esta vida, sin haber sufrido, de alguna manera también, el cambio de nuestras conciencias dormidas…

Porque el anuncio del reino de Dios así lo requiere, porque es anuncio del Dios que nos conoce y nos escucha; del Dios que ha entrado en la historia de la humanidad para hacer justicia, como proclamaba Benedicto XVI (Ibid):
 
 
 
 
“Esta predicación es, por tanto, anuncio de juicio, anuncio de nuestra responsabilidad. El hombre, no puede hacer o no hacer, lo que quiera. El será juzgado…El debe dar cuenta de sus actos…De esta manera, el artículo de fe del juicio, su fuerza de formación de las conciencias, es un contenido central del Evangelio y es verdaderamente una <buena nueva>. Lo es para todos aquellos que sufren por la injusticia del mundo y busca justicia.


De este modo se comprende la conexión entre el <Reino de Dios> y los pobres, los que sufren  y todos aquellos de los cuales hablan las Bienaventuranzas del discurso de la montaña de Jesús.
Estos están protegidos por la certeza del juicio, por la certeza de que hay justicia.
Este es el verdadero contenido del artículo sobre el juicio final, sobre Dios Juez: Hay justicia”


Ciertamente como aseguraba Benedicto XVI , no es posible que las injusticias de este mundo, las injusticias practicadas por hombres impíos, tengan la última palabra, porque  Dios es justo y misericordioso, e imparte justicia ahora, e impartirá justicia al final de los siglos, pero de una forma muy distinta a como lo hacen los seres humanos (Ibid):

“La bondad de Dios es infinita, pero no debemos reducir esta bondad a una cosa melindrosa, sin verdad. Sólo creyendo al justo juicio de Dios, solo teniendo hambre y sed de justicia, abrimos nuestro corazón y nuestra vida a la misericordia divina…”
 
 
 
 
 


“Oh Virgen Santísima, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, con alegría y admiración nos unimos a tu Magnificat, tu canto de amor agradecido.

Contigo damos gracia a Dios, <cuya misericordia se extiende de generación en generación>, por la espléndida vocación y por la multiforme misión confiada a los laicos, por su nombre, llamados por Dios a vivir en comunión de amor y de santidad con Él y de estar fraternalmente unidos en la gran familia de los hijos de Dios, enviados a irradiar la luz de Cristo y de comunicar el fuego del Espíritu por medio de su vida evangélica en todo el mundo”  

 


 

 

 

jueves, 16 de mayo de 2019

JESUS DIJO (XXXIX): TRABAJOS PUBLICADOS EN MRM.MARUS



 
 




. EN LA VIDA DEL SACERDOTE SU TIERRA ES DIOS   (26/10/18)

 

 . EL MISTERIO DE LA VISITACIÓN  (26/10/18)

 

 . EL OFICIO SACERDOTAL DE CRISTO Y LA CELEBRACIÓN 

   DE LA LITURGIA EN LA IGLESIA  (27/10/18)

 

 . El ESCANDALO DE UNA FE QUE PONE TODA SU EXISTENCIA EN DIOS  (28/10/18)

 

 .  LA IGLESIA DE CRISTO ES APÓSTOLICA (1ª PARTE)  (29/10/18)

 

 .  LA IGLESIA DE CRISTO ES APÓSTOLICA (2ª PARTE)  (29/10/18)

 

 

 

 

 BIBLIA DE NAVARRA  EDICIÓN POPULAR (Ediciones Universidad de Navarra S.A. Pamplona-España)

 

 

PRIMERA CARTA DE SAN PEDRO  (1ª Parte)

 

 

SALUDO (1, 1-2)

 

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los que peregrinan en la diáspora del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos, / según la presciencia de Dios Padre, mediante la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: gracia y paz en abundancia para vosotros.

 

 

ALABANZA Y ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS (1, 3-12)

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su misericordia nos ha engendrado de nuevo – mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos – a una esperanza viva, / a una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, reservada en los cielos para vosotros, / que, por el poder de Dios, estáis custodiados mediante la fe hasta alcanzar la salvación preparada ya para ser manifestada en el tiempo último. / Por eso os alegráis, aunque ahora, durante algún tiempo, tengáis que estar afligidos por diversas pruebas, / para que la calidad probada de vuestra fe – mucho más preciosa que el oro perecedero que, sin embargo, se acrisola por el fuego – sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Jesucristo: / a quien amáis sin haberlo visto; y en quien, sin verlo todavía, creéis y os alegráis con un gozo inefable y glorioso, / alcanzando así la meta de vuestra fe, la salvación de las almas. / Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas que vaticinaron sobre la gracia que recibiríais, / buscando a qué momento y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo que moraba en ellos, y testificaba de antemano los padecimientos reservados a Cristo y su posterior glorificación. / Les fue revelado que eran servidores de estas realidades no para su provecho, sino para el vuestro: las mismas que os han sido anunciadas ahora por quienes os predicaron el Evangelio por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, las mismas que los ángeles contemplan con avidez.

 

 

. EXHORTACIÓN A LA SANTIDAD

 

 LOS CRISTIANOS, LLAMADOS A SER SANTOS (1,13-16)

Por lo cual, tened dispuesto el ánimo, vivid con sobriedad y poned toda vuestra esperanza en aquella gracia que os llegará con la manifestación de Jesucristo. / Como hijos obedientes, no conforméis vuestra vida a las antiguas concupiscencias del tiempo de vuestra ignorancia, / sino que así como es santo el que os llamó, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, / conforme a lo que dice la Escritura: Sed santos, porque Yo soy santo.

 

 
RESCATADOS POR LA SANGRE DE CRISTO (1, 17-21)

Y si llamáis Padre al que sin hacer acepción de persona juzga a cada uno según sus obras, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación; / sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra conducta vana, heredada de vuestros mayores, no con bienes corruptibles, plata u oro, / sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha, / predestinado ya antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos para vuestro bien; / para quienes por medio de él creéis en Dios, que le resucitó de entre los muertos y le glorificó, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza se dirijan a Dios.

 

 

VIVIR LA CARIDAD FRATERNA (1, 22-25)

Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, para un amor fraterno no fingido, amaos de corazón intensamente unos a otros, / como quienes han sido engendrados de nuevo no de un germen corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios, viva y permanente. / Porque Toda carne es como heno, y toda su gloria como flor de heno; se seca el heno y cae la flor, / pero la palabra del Señor permanece para siempre. Ésta es la palabra que os ha sido anunciada como buena nueva.

 

 

COMO NIÑOS RECIEN NACIDOS (2, 1-3)

Así pues, habiéndoos despojado de toda malicia y de todo engaño, de hipocresías, envidias y de toda suerte de maledicencias, / apeteced, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que con ella crezcáis hacia la salvación, / si es que habéis gustado qué bueno es el Señor.

 

SACERDOCIO COMÚN DE LOS FIELES (2, 4-10)

Al acercarnos a él, piedra viva desechada por los hombres pero escogida y preciosa delante de Dios, / también vosotros – como piedras vivas – sois edificados como edificio espiritual para un sacerdocio santo, con el fin de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo. / Por lo que dice la Escritura: Mira, pongo en Sión una piedra angular, escogida, preciosa; quien crea en ella, no será confundido. / Por eso, para vosotros, los creyentes, el honor, pero para los incrédulos: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angular, / y piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan, porque no creen en la palabra: para esto habían sido destinados. / Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido en propiedad, para que pregonéis las maravillas de Aquel que os llamó de las tinieblas a su admirable luz: / los que  un tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; los que antes no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia.

 

 
. CONDUCTA DE LOS CRISTIANOS ANTE EL MUNDO

 

 
EJEMPLARES ENTRE LOS GENTILES (2, 11-12)

Queridísimos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos, os abstengáis de las concupiscencias carnales, que combaten contra el alma. / Mostrad entre los gentiles una conducta ejemplar, a fin de que, en lo mismo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de su visita.

 

 
OBEDIENTES A LA AUTORIDAD LEGÍTIMA (2, 13-17)

Estad sujetos, por el Señor, a toda institución humana: lo mismo al emperador, como soberano, / que a los gobernadores, como enviados por él para castigar a los malhechores y honrar a los que obran el bien. / Porque ésta es la voluntad de Dios: que haciendo el bien hagáis enmudecer la ignorancia de los insensatos: / como hombres libres y no como quienes convierten la libertad en pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios. / Tened consideración con todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al emperador.

 

 
OBLIGACIONES DE LOS CRIADOS. EJEMPLO DE CRISTO (2, 18-25)

Criados: estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los déspotas. / Porque es buena cosa que uno, por consideración a Dios, soporte penas, sufriendo injustamente. / En efecto, ¿qué mérito tenéis, si por vuestras faltas sois castigados y lo sufrís? En cambio, si obrando el bien soportáis el sufrimiento, eso es agradable a los ojos de Dios. / Pues para esto fuisteis llamados, ya que también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas: / él no cometió pecado, ni en su boca se halló engaño; / al ser insultado, no respondía con insultos; al ser maltratado, no amenazaba, sino que ponía su causa en manos del que juzga con justicia. / Subiendo al madero, él mismo llevó nuestros pecados, vivamos para la justicia: y por sus llagas fuisteis sanados. / Porque erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas.

 

EJEMPLARES EN LA VIDA FAMILIAR (3, 1-7)

De igual modo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos para que, aun cuando algunos no crean en la palabra, sean ganados sin palabras por el comportamiento de sus mujeres, / al observar vuestra conducta casta, llena de respeto. / Que vuestro adorno no sea el de fuera, peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, / sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena. Esto es de inmenso valor a los ojos de Dios. / Porque también así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios y estaban sujetas a sus maridos: / así Sara obedeció a Abrahán, llamándole <señor>. De ella sois hijas, cuando obráis el bien sin inquietaros por ningún temor. / Lo mismo vosotros, maridos, en la convivencia con vuestra mujer, tened en cuenta que es un ser más frágil, y tributadles el honor debido – ya que son también coherederas del don de la Vida – para que nada impida vuestras oraciones.

 

 
AMARSE COMO HERMANOS (3, 8-12)

Por último, tened todos el mismo pensar y el mismo sentir, amaos como hermanos, sed misericordiosos y humildes, / no devolváis mal por mal, ni maldición por maldición, sino – al contrario – bendecid, porque para esto habéis sido llamados, para ser herederos de la bendición / Pues el que quiera amar la vida y ver días dichosos, refrene su lengua del mal y sus labios de palabras engañosas; / apártese del mal y practique el bien, busque la paz y vaya tras ella. / Porque los ojos del Señor miran a los justos, y sus oídos están atentos a sus plegarias, pero el rostro del Señor se vuelve contra los que obran mal.