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lunes, 16 de febrero de 2015

JESÚS DIJO (IV)


TRABAJOS PUBLICADOS EN: MRM.MARUS (IV)

 


 

*JESÚS Y EL MIEDO DE LOS HOMBRES

 

*JESÚS MEDIANTE LA ORACIÓN SALE AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

 

*JESÚS DIJO TÚ ERES PEDRO Y SOBRE ESTAS PIEDRAS EDIFICARÉ MI IGLESIA

 

*JESÚS Y EL PRIMADO DE PEDRO

 

*JESÚS DIJO: LA PAZ OS DEJO MI PAZ OS DOY

 

*JESÚS Y SU VIDA OCULTA EN NAZARET

 

*JESÚS DIJO: LAS COSAS QUE SALEN DE LA BOCA DEL CORAZÓN SALE

 

 

 IMNO AL DIOS FUERTE Y BUENO (Salmo 33-32)

(Sagrada Biblia. Versión oficial de la CONFERENCIAL EPISCOPAL ESPAÑOLA Biblioteca de autores cristianos 2010)

 

 

Aclamad, justos, al Señor,

que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor por la cítara,

tocad en su honor el arpa de diez

cuerdas;

cantad le un cántico nuevo,

acompañando los vítores con

bordones.

 

Que la palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra.

 

La palabra del Señor hizo el cielo;

el aliento de su boca, sus ejércitos;

encierra en un odre las aguas marinas,

mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,

tiemblen ante Él los habitantes del orbe:

porque Él lo dijo y existió;

él lo mandó y todo fue creado.

 

El señor deshace los planes de las naciones,

frustra los proyectos de los pueblos

pero el plan del señor subsiste por siempre;

los proyectos e su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que Él se escogió como heredad.

 

El Señor mira desde el cielo,

se fija en todos los hombres.

Desde su morada observa

a todos los habitantes de la tierra:

el modeló cada corazón,

Y comprende todas sus acciones.

 

No vence el rey por su gran ejército,

no escapa el soldado por su mucha fuerza;

nada valen sus caballos para la victoria,

ni por su gran ejército se salvan.

Los ojos del Señor están puestos en quién le teme,

en los que esperan su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempos de hambre.

 

Nosotros aguardamos al Señor:

él es nuestro auxilio y escudo;

con Él se alegra nuestro corazón,

en su santo nombre confiamos.

 

Que tu misericordia, Señor,

 venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti.




JESÚS DIJO (V)

TRABAJOS PUBLICADOS EN: MRM.MARUS (V)

 




*JESÚS Y LA VOCACIÓN DE LOS LAICOS

 

*JESÚS Y EL SEMÓN DE LA MONTAÑA

 

*JESÚS Y EL DON DE LA FE SALVADORA

 

*JESÚS DIJO DEJAD EN PAZ A LOS NIÑOS

 

*JESÚS Y SU APÓSTOL SANTIAGO EL MENOR

 

*JESÚS DIJO: HOY SE CUMPLE ENTRE VOSOTROS ESTA ESCRITURA

 

*JESÚS PREGUNTÓ ¿HABRÁ FE AL FINAL DE LA FE?

 

 

 

 ORACIÓN ANTE LOS TESTIGOS FALSOS (Salmo 35-34)

(Sagrada Biblia.  Versión oficial de la CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA Biblioteca de autores cristianos 2010)

 

De David.

Pelea ,Señor, contra los que me atacan,

guerrea contra los que me hacen guerra;

empuña el escudo y la adarga,

levántate y ven en mi auxilio;

blande la lanza y la pica contra mis perseguidores;

di a mi alma:(yo soy tu salvación).

 

Sean confundido y avergonzado

los que atacan contra mi vida;

retrocedan y sean humillados

quienes traman mi derrota;

sean como tamo al viento,

acosados por el ángel del Señor;

sea su camino oscuro y resbaladizo,

perseguidos por el ángel del Señor.

 

Pues sin motivo me escondían redes,

sin motivo me abrían zanjas mortales.

 

 

¡Que les sorprenda el desastre imprevisto,

que se enreden en la red que escondieron,

y caiga dentro de la fosa!

Y yo me alegraré con el Señor,

gozando de su salvación;

todo mi ser proclamará:

<Señor ¿Quién como tú,

que defiendes al débil del poderoso,

al pobre y humilde del explotador?>

Se presentaban testigos violentos:

me acusaban de cosas que ni sabía,

me pagaban mal por bien

dejándome desamparado.

 

Yo, en cambio cuando estaban enfermos,

me vestía de saco,

me mortificaba con ayunos,

y desde dentro repetía mi oración.

 

 

Como por un amigo o como por un hermano,

andaba triste;

cabizbajo y sombrío,

como quien llora a su madre.

 

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,

se juntaron contra mí,

y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar.

Cruelmente se burlaban de mí,

rechinando los dientes del odio.

 

Señor, ¿Cuándo vas a mirarlo?

Defiende mi vida de los que rugen;

mi único bien de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,

te alabaré entre la multitud del pueblo.

 

Que no canten victoria

mis enemigos traidores,

que no hagan guiños a mi costa

los que me odian sin razón.

Pues no hablan de paz,

y contra los pacíficos de la tierra

traman planes siniestros.

Abren sus fauces contra mí y se ríen:

<Lo han visto nuestros ojos>

 

Señor, tú lo has visto, no te calles;

Señor, no te quedes a la distancia;

despierta, levántate, Dios mío;

Señor mí, defiende mi causa.

Júzgame según tú justicia,

Señor, Dios mío,

y no se retiran de mí.

 

No pensarán: < ¡Qué bien! ¡Lo que queríamos!>

ni dirán:< ¡Lo hemos devorado!>

Sean avergonzado y confundido a unas

los que se alegran e mi desgracia,

cúbranse de vergüenza y de ignominia

quienes se engríen a mi costa.

 

Canten y se alegren

los que desean mi justicia,

repitan siempre: <Grande es el Señor,

que desea la paz de sus ciervos>

Mi lengua anunciará tu justicia,

todos los día te alabará.

 

 

 

 

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