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lunes, 7 de marzo de 2016

LA IMPORTANCIA DEL CATECISMO EN EL CONOCIMIENTO SISTEMÁTICO DEL CONTENIDO DE LA FE



 
 
 
 
El Papa Benedicto XVI en su Carta Apostólica en forma de “Motu Proprio”: Porta Fidei, dada en Roma el 11 de octubre de 2011, nos recordaba a todos los fieles que para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe  debemos recurrir siempre al Catecismo de la Iglesia Católica:

“Deberíamos expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemáticamente y orgánicamente, en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes de su vida de fe”

Gran elogio del Papa Benedicto XVI, el cual nos recuerda así mismo en su Carta Apostólica que este Catecismo de la Iglesia Católica es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II; surgido del deseo de los Padres del sínodo de Obispos convocado por el Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1985 (vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II), los cuales  manifestaron a su Santidad el Papa que deseaban <fuese redactado un Catecismo o compendio de toda la doctrina católica tanto sobre la fe, como sobre la moral, el cual pudiera ser considerado como un texto de referencia para los Catecismos o compendios que se redactaban en los diversos países>.

 
 
 
 
Por su parte, el Papa Juan Pablo II tomó muy en cuenta las consideraciones de los Padres Sinodales, y  comprendiendo que este proyecto respondía a una verdadera necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, lo apoyó desde el primer momento. Como resultado de los incansables trabajos llevados a cabo por una Comisión de Cardenales y Obispos, presidida por el Cardenal Joseph Ratzinger, y junto a ella de un Comité de redacción formado por siete Obispos de diócesis expertos en teología y catequesis, vio la luz este ambicioso deseo.

El trabajo fue objeto de una amplia consulta a todos los Obispos católicos, a sus Conferencias Episcopales o Sinodales, a institutos de teología e institutos de catequesis, y en conjunto, se puede decir que, recibió una excelente acogida de todos ellos. La conclusión de todo esto es que este Catecismo <refleja la naturaleza colegial del Episcopado y atestigua la catolicidad de la Iglesia>.

 
 
 
 
El Prólogo de este magnífico Catecismo nos muestra en boca del mismo Jesucristo y de sus enviados, aquello que vamos a encontrar dentro como fruto de los trabajos realizados en el Concilio Vaticano II.

(Prólogo del Catecismo de la Iglesia Católica. Versión oficial en español preparado por un grupo de teólogos y catequistas, presidido por el Arzobispo Karlic <Paraná- Argentina> y el Obispo Medina <Rancagua- Chile> en 1992:

“Padre, ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo (Jn 17, 3). <Dios, nuestro Salvador…quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad> (I Tim 2, 3-4). <No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (Hch 4, 12) sino el nombre de JESÚS>”

Como asegura el Papa Benedicto XVI, el cual tuvo una participación importantísima en el alumbramiento del actual Catecismo de la Iglesia Católica, <a través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta en él no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia>.

 
 
 
 
 
En su día,  otros Pontífices de la Iglesia comprendieron también  que la evangelización de los pueblos, requerían del apoyo inestimable del Catecismo. Uno de estos Pontífices fue San Pio X (Giuseppe Sarto; 1903-1914), el cual en su Carta Encíclica <Acerbo nimis>, motivada por los males que aquejaban a la sociedad de su época, destacó  la ignorancia de la religión por parte de un gran número de sus feligreses, la indiferencia a las verdades de la religión de los mismos, incluso de aquellos que se consideraban católicos, y por supuesto, las malas pasiones y la mala vida, que engendraba esta ignorancia.

Como consecuencia de todo esto, el Papa Pio X, defendió la <Necesidad de la instrucción religiosa y sus beneficios>. Es interesante recordar aunque no sea más que brevemente, algunas de las cosas que a este propósito dijera  éste Papa santo, porque si nos detenemos a pensarlo, las ideas y juicios de la sociedad que a él le tocó vivir, son  “embriones” de los que ahora se defienden en este siglo (Acerbo Nimis; Pio X. Dada en Roma el 15 de abril de 1905):

“Los secretos designios de Dios Nos han levantado de Nuestra pequeñez al cargo de Supremo Pastor de toda la grey de Cristo en días bien críticos y amargos, pues el enemigo de antiguo anda alrededor de este rebaño y le tiende lazos con tan pérfida astucia, que ahora, principalmente, parece haberse cumplido aquella profecía del Apóstol a los ancianos de la Iglesia de Éfeso:


<No hay conocimiento de Dios en la tierra. La maldición, y la mentira, y el homicidio, y el robo, y el adulterio lo han inundado todo; la sangre se añade a la sangre por cuya causa se cubrirá de luto la tierra y desfallecerán todos los moradores> (Os 4, 1 ss)”

Son las palabras del Papa Pio X, con las que expresa la <dolorosa comprobación> del mal estado de la sociedad en la que se debatía su grey. Sin querer ser agoreros nos preguntamos ¿acaso no nos suenan de algo las denuncias de este santo Papa?

Sí, la sociedad de este  siglo XXI, ha heredado, por desgracia, los vicios y malas costumbres de los siglos anteriores, propagados a raíz de un modernismo arrollador, en el cual han confluido casi todas las herejías de la historia del hombre, y si seguimos así, los males de otras épocas, serán superados con creces en esta.


 
 
 
Es por eso que el Papa Benedicto XVI se apresuró a recordarnos a todos los cristianos la necesidad de volver a los orígenes de la Iglesia, esto es, de volver a Cristo, como hicieron otros Papas anteriores, y para ello es necesario, principalmente, que los niños y jóvenes de las nuevas generaciones, pero también los adultos y los ancianos, recuerden o aprendan por primera vez, los fundamentos de la religión católica. El Papa en su Carta <Porta Fidei>, asegura que para conocer de forma sistemática el contenido de la fe, es necesario leer el Catecismo de la Iglesia Católica y asegura finalmente que ello será un instrumento de apoyo a la fe extraordinario.

A este respecto, es interesante recordar que en el periodo de tiempo comprendido entre los años finales del siglo XVII y principios del siglo XX surgieron distintas corrientes de opinión muy críticas con el Mensaje Divino, de las que fueron protagonistas tanto exégetas, como teólogos, filósofos y eruditos en general que apostaban por la <modernización de la Iglesia Católica>, como si ello tuviera algún sentido, siendo la Iglesia Católica, como es, una institución creada por Nuestro Señor Jesucristo, totalmente atemporal y única por todos los siglos de los siglos...

 
 
Ya el Papa San Pio X encontrándose con un ambiente social tan negativo como el actual, supo enfrentarse con gran valor y cordura a la situación, con objeto de que los errores que, algunos grupos, trataban de propagar en el seno de la Iglesia, fueran erradicados; para ello, escribió varias Cartas Encíclicas condenando claramente el agnosticismo del que hacían gala aquellos que habían adoptado los ideales del <modernismo>.

El Pontificado del Papa Pio X se caracterizó por tanto, por la renovación de la vida cristiana y la insistente necesidad de alentar y reformar la enseñanza de la fe, y para esto, además de su predicación orar, decidió elaborar un Catecismo nuevo que tuvo gran influencia sobre los creyente durante un largo periodo de tiempo, al igual que sucedió con su Carta Encíclica <Acerbo Nimis> mencionada anteriormente, en la cual hacia defensa de la enseñanza del Catecismo:

“Acaso no falten sacerdotes que, deseosos de ahorrarse trabajo, creen que las homilías satisfacen la obligación de enseñar el Catecismo. Quienquiera que reflexione, descubrirá lo erróneo de esta opinión, porque la predicación del Evangelio está destinada a los que ya poseen los elementos de la fe. Es el pan, que debe darse a los adultos. Más por el contrario, la enseñanza del Catecismo es aquella leche, que el Apóstol San Pedro quería que todos los fieles desearan sinceramente, como los niños recién nacidos. El oficio, pues, de catequista consiste en elegir alguna verdad relativa a la fe y a las costumbres cristianas, y explicarla en todos  sus aspectos. Y como el fin de la enseñanza es la perfección de la vida, el catequista ha de comparar lo que Dios manda obrar y lo que los hombres hacen realmente; después de lo cual, y sacando oportunamente algún ejemplo de la Sagrada Escritura, de la historia de la Iglesia o de la vida de los santos, ha de aconsejar a sus oyentes, como si les enseñara con el dedo, la norma a la que deben ajustar la vida, y terminará exhortando a los presentes a huir de los vicios y practicar las virtudes”  

Virtud y claridad son los dones empleados por el santo Papa en su análisis del trabajo del catequista, y todavía sigue explicando el Pontífice, en esta misma Carta, que el oficio del buen catequista, no es tarea grata para aquellas personas que se encuentran sometidas a las pasiones, y denuncia los males que se derivan de la <dejadez en la enseñanza de la Doctrina cristiana>; porque si es cosecha vana esperar cosecha en tierra no sembrada ¿Cómo esperar generaciones adornadas de buenas obras, si oportunamente no fueron instruidas en la doctrina cristiana?       

Es la pregunta que también se hacía el Papa Benedicto XVI, el cual como sus antecesores  comprendió que la sociedad de hoy, al igual que sucediera en épocas anteriores, está falta de fe.


 
 
Como decía San Pablo a los romanos refiriéndose a los judíos que rehusaban creer en el Evangelio (Rom 10, 14-17):

"¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quién no creyeron? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no oyeron? ¿Y cómo oirán sin predicador? / ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Según está escrito: ¡Cuan hermosos los pies de los que anuncian el bien! / Pero no todos obedecieron el Evangelio. Pues Isaías dice: ¿Señor quien creyó a nuestra predicación? "

Ciertamente, porque como también aseguraba San Pio X:

“Si la fe languidece en nuestro días y hasta parece casi muerta en una gran mayoría, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligación de enseñar las verdades contenidas en el Catecismo. Inútil sería decir, como excusa, que la fe es dada gratuitamente, y conferida a cada uno con el bautismo. Porque, ciertamente, los bautizados en Jesucristo fuimos enriquecidos con la fe, mas esta divina semilla no llega a crecer y llega a echar grandes ramas (Mc 4, 32) abandonada a sí misma y como por nativa virtud. Tiene el hombre, desde que nace, facultad de entender; más esta facultad necesita de la palabra materna para convertirse en acto, como suele decirse. También el hombre cristiano, al renacer por el agua y el Espíritu Santo, trae como germen la fe; pero necesita la enseñanza de la Iglesia para que esta fe pueda nutrirse, crecer y dar fruto”

En total consonancia con estas palabras del Papa San Pio X en el Catecismo fruto del Concilio Vaticano II podemos leer:

 
 
 
 
“Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que por la fe, tenga vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (Juan Pablo II CT 1,2)”

 En este momento de la historia de la Iglesia se podría decir que estamos necesitados de una renovación, tal como han denunciado los últimos Papas del siglo pasado, y del presente siglo, a pesar del Concilio Vaticano II. San Juan Pablo II y Benedicto XVI han hablado sin reservas en  este sentido, asegurando en distintas ocasiones que es necesaria una <nueva evangelización>, en particular del viejo Continente donde la crisis de fe, causa verdaderos estragos entre los creyentes.

Es por esto, que ellos han recomendado con encomio a su grey la vuelta a las fuentes, tan magníficamente recogidas en el actuar Catecismo de la Iglesia Católica, para conocerlas en profundidad y para enseñarlas a aquellos que lo necesiten,  especialmente a los niños y a los adolescentes. Sin embargo, y ante todo, debemos conservar siempre la esperanza en el Señor porque <aún cuando el hombre se aleje de Dios hasta el punto de abocarse a la destrucción, Dios volverá a establecer un nuevo comienzo precisamente en la decadencia del mundo…No debemos excluir sin embargo, un final apocalíptico. Pero incluso entonces, contaremos, con la protección de Dios, que acoge a los hombres que le buscan; pues, al fin, el amor siempre es más fuerte que el odio>, en palabras del Cardenal Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI.

 
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

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